jueves, 13 de agosto de 2009

FE E INCREDULIDAD

Hebreos
1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.


¿Cuánto creemos de corazón? Alléguense a Dios, y Dios se allegará a ustedes.
Esto significa estar mucho con el Señor en oración. Cuando los que se han
ejercitado a sí mismos en el escepticismo y han acariciado la incredulidad, tejiendo
dudas en su experiencia, son convencidas por el Espíritu de Dios, comprenden
que es su deber personal confesar su incredulidad. Abren sus corazones para
aceptar la luz que se les ha enviado y cruzan por fe la línea que separa al pecado
de la rectitud y a la duda de la fe. Se consagran sin reservas a Dios, para seguir la
luz de El en lugar de las chispas de su propia llama. Al mantener su consagración,
percibirá mayor luz y la luz aumentará más y más en brillo casta que el día sea
perfecto.
La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas
de duda que han estado sembrando producirán su fruto, pero deben continuar
desenterrando toda raíz, de incredulidad. Cuando estas plantas venenosas son
arrancadas, dejan de crecer por falta de alimento en palabra y acción. El alma
necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean plantadas en el terreno
del corazón y se entronicen allí.

FE Y OBRAS
Sermones y artículos por ELENA G. DE WHITE


`Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.`