PRIMEROS ESCRITOS
ELENA G. DE WHITE
Cuando cesó el ministerio de Jesús en el lugar santo y pasó él al santísimo para estar
de pie delante del arca que contenía la ley de Dios, envió otro poderoso ángel con un
tercer mensaje para el mundo. Un pergamino fue puesto en la mano del ángel, y
mientras descendía a la tierra con poder y majestad, proclamaba una terrible
amonestación, acompañada de las más tremendas amenazas que jamás se dirigieron
contra el hombre. Tenía por objeto aquel mensaje poner en guardia a los hijos de Dios
revelándoles la hora de tentación y angustia que los aguardaba. Dijo el ángel: "Tendrán
que combatir tesoneramente contra la bestia y su imagen. Su única esperanza de vida
eterna consiste en permanecer firmes. Aunque se vean en peligro de muerte, deben
sostener firmemente la verdad." El tercer ángel concluye así su mensaje: "Aquí está la
paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús."
Al repetir el ángel estas palabras, señalaba al santuario celestial. La atención de
cuantos aceptan este mensaje se dirige hacia el lugar santísimo, donde Jesús está de
pie delante del arca, realizando su intercesión final por todos aquellos para quienes hay
todavía misericordia, y por los que hayan violado ignorantemente la ley de Dios. Esta
expiación es hecha tanto para los justos muertos como para los justos vivos. Incluye a
todos los que murieron confiando en Cristo, aunque, por no haber recibido luz acerca
de los mandamientos de Dios, hubiesen pecado ignorantemente al transgredir sus
preceptos.
Después que Jesús abrió la puerta del lugar santísimo, vióse la luz del sábado, y el
pueblo de Dios fue probado, como antiguamente lo fueron los hijos de Israel, para ver
si quería guardar la ley de Dios. Vi que el tercer ángel señalaba 255 hacia lo alto,
indicando a los que habían sido chasqueados el camino al lugar santísimo del santuario
celestial. Los que por fe entraban al lugar santísimo, hallaban a Jesús, y resurgían en
ellos la esperanza y el júbilo. Vi que volvían los ojos hacia atrás, recapitulando el
pasado, desde la proclamación del segundo advenimiento de Jesús hasta la
experiencia sufrida al transcurrir la fecha de 1844. Vieron la explicación de su chasco, y
de nuevo los alentó una gozosa certidumbre. El tercer ángel había esclarecido el
pasado, el presente y el porvenir, y ellos sabían que en efecto Dios los había guiado
con su misteriosa providencia.
Se me mostró que el residuo siguió por la fe a Jesús en el lugar santísimo, y al
contemplar el arca y el propiciatorio, fue cautivado por su esplendor. Jesús levantó
entonces la tapa del arca, y he aquí que se vieron las tablas de piedra con los diez
mandamientos grabados en ellas. El residuo leyó aquellos vívidos oráculos, pero
retrocedió tembloroso al ver que el cuarto mandamiento estaba rodeado de una aureola
de gloria y brillaba en él una luz mucho más viva que en los otros nueve. Ningún indicio
encontró allí de que el descanso sabático se hubiese abolido o trasladado al primer día
de la semana. El mandamiento está escrito tal como lo dictó la voz de Dios en solemne
e imponente majestad sobre el monte, entre el fulgor de los relámpagos y el estampido
de los truenos. Era el mismo mandamiento que con su propio dedo escribió en las
tablas de piedra: "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es
reposo para Jehová tu Dios." Los fieles se admiraron de la solicitud con que estaban
cuidados los diez mandamientos, puestos junto a Jehová, cubiertos y protegidos por su
santidad. Vieron que habían estado pisoteando el cuarto mandamiento del Decálogo,
observando un día transmitido por los paganos y papistas en vez del día santificado por
Jehová. Se humillaron ante Dios, y lamentaron sus pasadas transgresiones.
Vi humear el incienso en el incensario cuando Jesús ofrecía 256 a su Padre las
confesiones y oraciones de los fieles. Al subir el incienso, una luz refulgente
descansaba sobre Jesús y el propiciatorio; y los fervorosos y suplicantes miembros del
residuo, que estaban atribulados por haber descubierto que eran transgresores de la
ley, recibieron la bendición y sus semblantes brillaron de esperanza y júbilo. Se unieron
a la obra del tercer ángel y alzaron su voz para proclamar la solemne amonestación.
Aunque al principio eran pocos los que la recibían, los fieles continuaron proclamando
enérgicamente el mensaje. Vi entonces que muchos abrazaban el mensaje del tercer
ángel y unían su voz con la de quienes habían dado primeramente la amonestación, y
honraron a Dios guardando su día de reposo santificado.
Muchos de los que aceptaban el tercer mensaje no habían tenido experiencia en los
dos anteriores. Satanás comprendió esto, y fijó en ellos su ojo maligno para vencerlos;
pero el tercer ángel dirigía la atención de ellos hacia el lugar santísimo, y los que
habían tenido experiencia en los mensajes anteriores les indicaban el camino del
santuario celestial. Muchos percibieron el perfecto eslabonamiento de verdades en los
mensajes angélicos, y aceptándolos gozosamente uno tras otro, siguieron al Señor por
la fe en el santuario celeste. Estos mensajes me fueron representados como un áncora
para el pueblo de Dios. Quienes los comprendan y acepten quedarán libres de verse
arrastrados por los muchos engaños de Satanás.
Después del gran chasco de 1844, Satanás y sus ángeles estuvieron muy atareados
poniendo asechanzas para perturbar la fe del cuerpo de creyentes. Afectó la mente de
personas que habían tenido experiencia en los mensajes, y que aparentaban humildad.
Algunos señalaban como futuro el cumplimiento de los mensajes del primer ángel y del
segundo, mientras que otros lo asignaban a un tiempo lejano en el pasado, y
declaraban que ya habían sido cumplidos. Estos adquirieron influencia sobre la mente
de los inexpertos 257 y perturbaron su fe. Algunos escudriñaban la Biblia para
fortalecer su fe en forma independiente del cuerpo de creyentes. Satanás se regocijaba
de todo esto porque sabía que a aquellos que se separasen del ancla podría afectarlos
mediante diferentes errores y conseguir que diversos vientos de doctrina los llevasen
de un lugar a otro. Muchos de los que habían dirigido la proclamación del primer
mensaje y del segundo los negaban ahora, y en todo el cuerpo había división y
confusión,
Mi atención fue entonces dirigida a Guillermo Miller. Parecía perplejo y postrado por la
ansiedad y la angustia que sentía por su pueblo. La agrupación que había estado unida
y llena de amor en 1844 estaba perdiendo su afecto, oponiéndose sus miembros unos
a otros, y cayendo en una condición de frialdad y apostasía. Cuando él veía esto, el
pesar roía sus fuerzas. Vi que ciertos dirigentes le vigilaban, temerosos de que
recibiese el mensaje del tercer ángel y los mandamientos de Dios. Y cuando él se
inclinaba hacia la luz del cielo, esos hombres maquinaban algún plan para desviar su
atención. Una influencia humana era ejercida para mantenerlo en las tinieblas y
conservar su influencia entre los que se oponían a la verdad. Por último, Guillermo
Miller levantó la voz contra la luz del cielo. Fracasó al no recibir el mensaje que habría
explicado más plenamente su chasco, arrojado luz y gloria sobre el pasado, reavivado
sus energías agotadas, despertado su esperanza y le había inducido a glorificar a Dios.
Se apoyó en la sabiduría humana en vez de la divina, pero como estaba quebrantado
por la edad y sus arduas labores en la causa del Maestro, no fue tan responsable como
los que le mantuvieron separado de la verdad. Ellos son los responsables; el pecado
recae sobre ellos.
Si Guillermo Miller hubiese podido ver la luz del tercer mensaje, habrían quedado
explicadas para él muchas cosas que le parecieron obscuras y misteriosas. Pero sus
hermanos le profesaron tanto interés y un amor tan profundo, que a 258 él le pareció
que no podía apartarse de ellos. Su corazón se inclinaba hacia la verdad, y luego
miraba a sus hermanos; y estos se oponían a ella. ¿Podía separarse de aquellos que
habían estado a su lado mientras proclamaba la venida de Jesús? Consideró que de
ninguna manera querrían ellos extraviarle.
Dios permitió que cayese bajo el poder de Satanás, o sea el dominio de la muerte, y lo
ocultó en la tumba para resguardarle de aquellos que procuraban constantemente
apartarle de la verdad. Moisés erró cuando estaba por entrar en la tierra prometida. Así
también, vi que Guillermo Miller erró cuando estaba por entrar en la Canaán celestial, al
permitir que su influencia se opusiese a la verdad. Otros le indujeron a esto; otros
tendrán que dar cuenta de ello. Pero los ángeles veían sobre el precioso polvo de este
siervo de Dios, y resucitará cuando sea tocada la última trompeta.
`` Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero``
viernes 20 de noviembre de 2009
jueves 19 de noviembre de 2009
EL MENSAJE DEL SEGUNDO ÁNGEL
PRIMEROS ESCRITOS
ELENA G. DE WHITE
Al negarse las iglesias a aceptar el mensaje del primer ángel rechazaron la luz del cielo
y perdieron el favor de Dios. Confiaban en su propia fuerza, y al oponerse al primer
mensaje se colocaron donde no podían ver la luz del mensaje del segundo ángel. Pero
los amados del Señor, que estaban oprimidos, aceptaron el mensaje: "Ha caído
Babilonia," y salieron de las iglesias.
Cerca del término del mensaje del segundo ángel vi una intensa luz del cielo que
brillaba sobre el pueblo de Dios. Los rayos de está luz eran tan brillantes como los del
sol. Y oí las voces de los ángeles que exclamaban: "¡Aquí viene el esposo; salid a
recibirle!" (Véase el Apéndice.) 238
Era el clamor de media noche, que había de dar poder al mensaje del segundo ángel.
Fueron enviados ángeles del cielo para alentar a los desanimados santos y prepararlos
para la magna obra que les aguardaba. Los hombres de mayor talento no fueron los
primeros en recibir este mensaje, sino que fueron enviados ángeles a los humildes y
devotos, y los constriñeron a pregonar el clamor: "¡Aquí viene el esposo; salid a
recibirle!" Aquellos a quienes se confió esta proclamación se apresuraron y con el
poder del Espíritu Santo publicaron el mensaje y despertaron a sus desalentados
hermanos. Esta obra no se fundaba en la sabiduría y erudición de los hombres, sino en
el poder de Dios, y sus santos que escucharon el clamor no pudieron resistirle. Los
primeros en recibir este mensaje fueron los más espirituales, y los que en un principio
habían dirigido la obra fueron los últimos en recibirlo y ayudar a que resonase más
potente el pregón: "¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!"
En todas partes del país fue proyectada luz sobre el mensaje del segundo ángel y el
anuncio enterneció el corazón de millares de personas. Propagóse de villa en villa y de
ciudad en ciudad, hasta despertar por completo al expectante pueblo de Dios. En
muchas iglesias no fue permitido dar el mensaje, y gran número de fieles que tenían el
viviente testimonio abandonaron aquellas caídas iglesias. El pregón de media noche
efectuaba una potente obra. El mensaje escudriñaba los corazones, e inducía a los
creyentes a buscar por sí mismos una vívida experiencia. Comprendían que no podían
apoyarse unos en otros.
Los santos esperaban anhelosamente a su Señor con ayunos, vigilias y casi continuas
oraciones. Aun algunos pecadores miraban la fecha con terror; pero la gran mayoría
manifestaba espíritu satánico en su oposición al mensaje. Hacían burla y escarnio
repitiendo por todas partes: "Del día y la hora nadie sabe." Ángeles malignos los
movían a endurecer sus corazones y a rechazar todo rayo de luz celeste, para 239
sujetarlos en los lazos de Satanás. Muchos de los que afirmaban estar esperando a
Cristo no tomaban parte en la obra del mensaje. La gloria de Dios que habían
presenciado, la humildad y profunda devoción de los que esperaban, y el peso
abrumador de las pruebas, los movían a declarar que aceptaban la verdad; pero no se
habían convertido ni estaban apercibidos para la venida de su Señor.
Sentían los santos un espíritu de solemne y fervorosa oración. Reinaba entre ellos una
santa solemnidad. Los ángeles vigilaban con profundísimo interés los efectos del
mensaje y alentaban a quienes lo recibían, apartándolos de las cosas terrenas para
abastecerse ampliamente en la fuente de salvación. Dios aceptaba entonces a su
pueblo. Jesús lo miraba complacido, porque reflejaba su imagen. Habían hecho un
completo sacrificio, una entera consagración, y esperaban ser transmutados en
inmortalidad. Pero estaban destinados a un nuevo y triste desengaño. Pasó el tiempo
en que esperaban la liberación. Se vieron aún en la tierra, y nunca les habían sido más
evidentes los efectos de la maldición. Habían puesto sus afectos en el cielo y habían
saboreado anticipadamente la inmortal liberación; pero sus esperanzas no se habían
realizado.
El miedo experimentado por muchos no se desvaneció en seguida ni se atrevieron a
proclamar su triunfo sobre los desengañados. Pero al ver que no aparecía ninguna
señal de la ira de Dios, se recobraron del temor que habían sentido y comenzaron sus
befas y burlas. Nuevamente habían sido probados los hijos de Dios. El mundo se
burlaba de ellos y los vituperaba; pero los que habían creído sin duda alguna que Jesús
vendría antes de entonces a resucitar a los muertos, transformar a los santos vivientes,
adueñarse del reino y poseerlo para siempre, sintieron lo mismo que los discípulos en
el sepulcro de Cristo: "Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto."
`` Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación``
ELENA G. DE WHITE
Al negarse las iglesias a aceptar el mensaje del primer ángel rechazaron la luz del cielo
y perdieron el favor de Dios. Confiaban en su propia fuerza, y al oponerse al primer
mensaje se colocaron donde no podían ver la luz del mensaje del segundo ángel. Pero
los amados del Señor, que estaban oprimidos, aceptaron el mensaje: "Ha caído
Babilonia," y salieron de las iglesias.
Cerca del término del mensaje del segundo ángel vi una intensa luz del cielo que
brillaba sobre el pueblo de Dios. Los rayos de está luz eran tan brillantes como los del
sol. Y oí las voces de los ángeles que exclamaban: "¡Aquí viene el esposo; salid a
recibirle!" (Véase el Apéndice.) 238
Era el clamor de media noche, que había de dar poder al mensaje del segundo ángel.
Fueron enviados ángeles del cielo para alentar a los desanimados santos y prepararlos
para la magna obra que les aguardaba. Los hombres de mayor talento no fueron los
primeros en recibir este mensaje, sino que fueron enviados ángeles a los humildes y
devotos, y los constriñeron a pregonar el clamor: "¡Aquí viene el esposo; salid a
recibirle!" Aquellos a quienes se confió esta proclamación se apresuraron y con el
poder del Espíritu Santo publicaron el mensaje y despertaron a sus desalentados
hermanos. Esta obra no se fundaba en la sabiduría y erudición de los hombres, sino en
el poder de Dios, y sus santos que escucharon el clamor no pudieron resistirle. Los
primeros en recibir este mensaje fueron los más espirituales, y los que en un principio
habían dirigido la obra fueron los últimos en recibirlo y ayudar a que resonase más
potente el pregón: "¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!"
En todas partes del país fue proyectada luz sobre el mensaje del segundo ángel y el
anuncio enterneció el corazón de millares de personas. Propagóse de villa en villa y de
ciudad en ciudad, hasta despertar por completo al expectante pueblo de Dios. En
muchas iglesias no fue permitido dar el mensaje, y gran número de fieles que tenían el
viviente testimonio abandonaron aquellas caídas iglesias. El pregón de media noche
efectuaba una potente obra. El mensaje escudriñaba los corazones, e inducía a los
creyentes a buscar por sí mismos una vívida experiencia. Comprendían que no podían
apoyarse unos en otros.
Los santos esperaban anhelosamente a su Señor con ayunos, vigilias y casi continuas
oraciones. Aun algunos pecadores miraban la fecha con terror; pero la gran mayoría
manifestaba espíritu satánico en su oposición al mensaje. Hacían burla y escarnio
repitiendo por todas partes: "Del día y la hora nadie sabe." Ángeles malignos los
movían a endurecer sus corazones y a rechazar todo rayo de luz celeste, para 239
sujetarlos en los lazos de Satanás. Muchos de los que afirmaban estar esperando a
Cristo no tomaban parte en la obra del mensaje. La gloria de Dios que habían
presenciado, la humildad y profunda devoción de los que esperaban, y el peso
abrumador de las pruebas, los movían a declarar que aceptaban la verdad; pero no se
habían convertido ni estaban apercibidos para la venida de su Señor.
Sentían los santos un espíritu de solemne y fervorosa oración. Reinaba entre ellos una
santa solemnidad. Los ángeles vigilaban con profundísimo interés los efectos del
mensaje y alentaban a quienes lo recibían, apartándolos de las cosas terrenas para
abastecerse ampliamente en la fuente de salvación. Dios aceptaba entonces a su
pueblo. Jesús lo miraba complacido, porque reflejaba su imagen. Habían hecho un
completo sacrificio, una entera consagración, y esperaban ser transmutados en
inmortalidad. Pero estaban destinados a un nuevo y triste desengaño. Pasó el tiempo
en que esperaban la liberación. Se vieron aún en la tierra, y nunca les habían sido más
evidentes los efectos de la maldición. Habían puesto sus afectos en el cielo y habían
saboreado anticipadamente la inmortal liberación; pero sus esperanzas no se habían
realizado.
El miedo experimentado por muchos no se desvaneció en seguida ni se atrevieron a
proclamar su triunfo sobre los desengañados. Pero al ver que no aparecía ninguna
señal de la ira de Dios, se recobraron del temor que habían sentido y comenzaron sus
befas y burlas. Nuevamente habían sido probados los hijos de Dios. El mundo se
burlaba de ellos y los vituperaba; pero los que habían creído sin duda alguna que Jesús
vendría antes de entonces a resucitar a los muertos, transformar a los santos vivientes,
adueñarse del reino y poseerlo para siempre, sintieron lo mismo que los discípulos en
el sepulcro de Cristo: "Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto."
`` Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación``
miércoles 18 de noviembre de 2009
EL MENSAJE DEL PRIMER ÁNGEL
PRIMEROS ESCRITOS
ELENA G. DE WHITE
Vi que Dios estaba en la proclamación del tiempo en 1843. Era su propósito despertar
a la gente y colocarla en un punto de prueba donde se decidiese en pro o en contra de
la verdad. Algunos ministros se convencieron de la exactitud de los cálculos y las
interpretaciones dadas a los periodos proféticos, y renunciando a su orgullo, a sus
emolumentos y a sus parroquias, fueron de lugar en lugar para proclamar el mensaje.
Pero como este mensaje del cielo sólo podía encontrar cabida en el corazón de
algunos de los que se llamaban ministros de Cristo, la obra fue confiada a muchos que
no eran predicadores. Algunos dejaron sus campos y otros sus tiendas y almacenes
para proclamar el mensaje; y aun no faltaron profesionales de carrera liberal que
abandonaron el ejercicio de su profesión para sumarse a la obra impopular de difundir
el mensaje del primer ángel.
Hubo ministros que desechando sus opiniones y sentimientos sectarios se unieron para
proclamar la venida de Jesús. Doquiera se publicaba el mensaje, conmoviese el ánimo
de la gente. Los pecadores se arrepentían, lloraban e impetraban perdón; y quienes
habían cometido algún hurto o desfalco, anhelaban restituir la substracción. Los padres
233 sentían profundísima solicitud por sus hijos. Los que recibían el mensaje
exhortaban a los parientes y amigos todavía no convertidos, y con el alma doblegada
bajo el peso del solemne mensaje, los amonestaban e invitaban a prepararse para la
venida del Hijo del hombre. Eran personas de corazón muy empedernido las que no
quisieron ceder al peso de las evidencias dadas por las cariñosas advertencias. Esta
obra purificadora de las almas desviaba los afectos de las cosas mundanas y los
conducía a una consagración no sentida hasta entonces
Millares de personas abrazaban la verdad predicada por Guillermo Miller, y se
levantaban siervos de Dios con el espíritu y el poder de Elías para proclamar el
mensaje. Como Juan, el precursor de Jesús, los que predicaban ese solemne mensaje
se veían movidos a poner la segura raíz de los árboles, y exhortar a los hombres a que
diesen frutos de arrepentimiento. Propendía su testimonio a influir poderosamente en
las iglesias y manifestar su verdadero carácter. Al resonar la solemne amonestación de
que huyesen de la ira venidera, muchos miembros de las iglesias recibieron el
salutífero mensaje, y echando de ver sus apostasías lloraron amargas lágrimas de
arrepentimiento, y con profunda angustia de ánimo se humillaron ante Dios. Cuando el
Espíritu de Dios se posó sobre ellos, ayudaron a difundir el pregón: "Temed a Dios, y
dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado."
La predicación de una fecha definida para el advenimiento levantó violenta oposición
en todas partes, desde el ministro en el púlpito hasta el más descuidado y empedernido
pecador. El ministro hipócrita y el descarado burlón decían: "Pero del día y la hora
nadie sabe." Ni los unos ni los otros querían ser enseñados y corregidos por quienes
señalaban el año en que creían que terminaban los periodos proféticos y llamaban la
atención a las señales que indicaban que Cristo estaba cerca, a las puertas. Muchos
pastores del rebaño, que 234 aseguraban amar a Jesús, decían que no se oponían a la
predicación de la venida de Cristo, sino al hecho de que se fijara una fecha para esa
venida. Pero el omnividente ojo de Dios leía en sus corazones. No deseaban que Jesús
estuviese cerca. Comprendían que su profana conducta no podría resistir la prueba,
porque no andaban por el humilde sendero que trazara Cristo. Aquellos falsos pastores
se interpusieron en el camino de la obra de Dios. La verdad predicada con poder
convincente despertó a la gente, que como el carcelero empezó a preguntar: "¿Qué
debo hacer para ser salvo?" Pero los malos pastores se interpusieron entre la verdad y
los oyentes, predicando cosas halagadoras para apartarlos de la verdad. Se unieron
con Satanás y sus ángeles para clamar: "Paz, paz," cuando no había paz. Quienes
amaban sus comodidades, y estaban contentos lejos de Dios, no quisieron que se los
despertase de su carnal seguridad. Vi que los ángeles lo anotaban todo. Las vestiduras
de aquellos profanos pastores estaban teñidas con la sangre de las almas.
Los ministros que no querían aceptar este mensaje salvador, estorbaron a quienes lo
hubieran recibido. La sangre de las almas está sobre ellos. Los predicadores y la gente
se coligaron en oposición a este mensaje del cielo, para perseguir a Guillermo Miller y a
quienes con él se unían en la obra. Se hicieron circular calumnias para perjudicar su
influencia, y diferentes veces, después de declarar Miller el consejo de Dios e infundir
contundentes verdades en el corazón del auditorio se encendía violenta cólera contra
él, y al salir del lugar de la reunión le acechaban algunos para quitarle la vida. Pero
Dios envió ángeles para protegerlo, y le salvaron de manos de las enfurecidas turbas.
Su obra no estaba aún terminada.
Los más devotos recibían alegremente el mensaje. Sabían que dimanaba de Dios, y
que había sido dado en tiempo oportuno. Los ángeles contemplaban con profundísimo
interés el resultado del mensaje celestial, y cuando las iglesias 235 se desviaban de él
y lo rechazaban, consultaban ellos tristemente con Jesús, quién apartaba su rostro de
las iglesias y ordenaba a sus ángeles que velasen fielmente sobre las preciosas almas
que no rechazaban el testimonio, porque aún había de iluminarlas otra luz.
Vi que si los que se llamaban cristianos hubiesen amado la aparición de su Salvador y
hubiesen puesto en él sus afectos, convencidos de que nada en la tierra podía
compararse con él, habrían escuchado gozosos la primera intimación de su
advenimiento. Pero el desagrado, que manifestaban al oír hablar de la venida de su
Señor, era prueba concluyente de que no le amaban. Satanás y sus ángeles triunfaban
echando en cara a Cristo y sus ángeles que quienes profesaban ser su pueblo tenían
tan poco amor a Jesús que no deseaban su segundo advenimiento.
Vi a los hijos de Dios que esperaban gozosamente a su Señor. Pero Dios quería
probarlos. Su mano encubrió un error cometido al computar los períodos proféticos.
Quienes esperaban a su Señor no advirtieron la equivocación ni tampoco la echaron de
ver los hombres más eruditos que se oponían a la determinación de la fecha. Dios
quiso que su pueblo tropezase con un desengaño. Pasó la fecha señalada, y quienes
habían esperado con gozosa expectación a su Salvador quedaron tristes y
descorazonados, mientras que quienes no habían amado la aparición de Jesús, pero
por miedo habían aceptado el mensaje, se alegraron de que no viniese cuando se le
esperaba. Su profesión de fe no había afectado su corazón ni purificado su conducta.
El paso de la fecha estaba bien calculado para revelar el ánimo de los tales. Estos
fueron los primeros en ponerse a ridiculizar a los entristecidos y descorazonados fieles
que verdaderamente deseaban la aparición de su Salvador. Vi la sabiduría manifestada
por Dios al probar a su pueblo y proporcionar el medio de descubrir quiénes se
retirarían y volverían atrás en la hora de la prueba. 236
Jesús y toda la hueste celestial miraban con simpatía y amor a quienes con dulce
expectación habían anhelado ver a quien amaban. Los ángeles se cernían sobre ellos y
los sostenían en la hora de su prueba. Los que habían rechazado el mensaje
permanecieron en tinieblas, y la ira de Dios se encendió contra ellos por no haber
recibido la luz que les había enviado desde el cielo. Pero los desalentados fieles que no
podían comprender por qué no había venido su Señor no quedaron en tinieblas.
Nuevamente se les indujo a escudriñar en la Biblia los períodos proféticos. La mano del
Señor se apartó de las cifras, y echaron de ver el error. Advirtieron que los periodos
proféticos alcanzaban hasta 1844, y que la misma prueba que habían aducido para
demostrar que los períodos proféticos terminaban en 1843 demostraba que terminarían
en 1844. La luz de la Palabra de Dios iluminó su situación y descubrieron que había un
período de tardanza. "Aunque [la visión] tardare, espéralo." En su amor a la inmediata
venida de Cristo habían pasado por alto la demora de la visión, calculada para
comprobar quiénes eran los que verdaderamente esperaban al Salvador. De nuevo
señalaron una fecha. Sin embargo, yo vi que muchos de ellos no podían sobreponerse
a su desaliento para llegar al grado de celo y energía que caracterizara su fe en 1843.
Satanás y sus ángeles triunfaron sobre ellos, y los que no habían querido recibir el
mensaje se congratulaban de la perspicacia y prudencia previsoras que habían
revelado al no ceder a lo que llamaban engaño. No echaban de ver que estaban
rechazando el consejo de Dios contra sí mismos y obrando unidos con Satanás y sus
ángeles para poner en perplejidad al pueblo de Dios que vivía de acuerdo con el
mensaje celestial.
Los creyentes en este mensaje fueron oprimidos en las iglesias. Durante algún tiempo
el miedo impidió, a quienes no querían recibir el mensaje, que actuaran de acuerdo con
lo que sentían; pero al transcurrir la fecha revelaron sus 237 verdaderos sentimientos.
Deseaban acallar el testimonio que los que aguardaban se veían compelidos a dar, de
que los períodos proféticos se extendían hasta 1844. Los creyentes explicaron con
claridad su error y expusieron las razones por las cuales esperaban a su Señor en
1844. Sus adversarios no podían aducir argumentos contra las poderosas razones
expuestas. Sin embargo, se encendió la ira de las iglesias, que estaban resueltas a no
recibir la evidencia y a no permitir el testimonio en sus congregaciones a fin de que los
demás no pudieran oírlo. Quienes no se avinieron a privar a los demás de la luz que
Dios les había dado fueron expulsados de las iglesias; pero Jesús estaba con ellos y se
regocijaban a la luz de su faz. Estaban dispuestos a recibir el mensaje del segundo
ángel.
``Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo``
ELENA G. DE WHITE
Vi que Dios estaba en la proclamación del tiempo en 1843. Era su propósito despertar
a la gente y colocarla en un punto de prueba donde se decidiese en pro o en contra de
la verdad. Algunos ministros se convencieron de la exactitud de los cálculos y las
interpretaciones dadas a los periodos proféticos, y renunciando a su orgullo, a sus
emolumentos y a sus parroquias, fueron de lugar en lugar para proclamar el mensaje.
Pero como este mensaje del cielo sólo podía encontrar cabida en el corazón de
algunos de los que se llamaban ministros de Cristo, la obra fue confiada a muchos que
no eran predicadores. Algunos dejaron sus campos y otros sus tiendas y almacenes
para proclamar el mensaje; y aun no faltaron profesionales de carrera liberal que
abandonaron el ejercicio de su profesión para sumarse a la obra impopular de difundir
el mensaje del primer ángel.
Hubo ministros que desechando sus opiniones y sentimientos sectarios se unieron para
proclamar la venida de Jesús. Doquiera se publicaba el mensaje, conmoviese el ánimo
de la gente. Los pecadores se arrepentían, lloraban e impetraban perdón; y quienes
habían cometido algún hurto o desfalco, anhelaban restituir la substracción. Los padres
233 sentían profundísima solicitud por sus hijos. Los que recibían el mensaje
exhortaban a los parientes y amigos todavía no convertidos, y con el alma doblegada
bajo el peso del solemne mensaje, los amonestaban e invitaban a prepararse para la
venida del Hijo del hombre. Eran personas de corazón muy empedernido las que no
quisieron ceder al peso de las evidencias dadas por las cariñosas advertencias. Esta
obra purificadora de las almas desviaba los afectos de las cosas mundanas y los
conducía a una consagración no sentida hasta entonces
Millares de personas abrazaban la verdad predicada por Guillermo Miller, y se
levantaban siervos de Dios con el espíritu y el poder de Elías para proclamar el
mensaje. Como Juan, el precursor de Jesús, los que predicaban ese solemne mensaje
se veían movidos a poner la segura raíz de los árboles, y exhortar a los hombres a que
diesen frutos de arrepentimiento. Propendía su testimonio a influir poderosamente en
las iglesias y manifestar su verdadero carácter. Al resonar la solemne amonestación de
que huyesen de la ira venidera, muchos miembros de las iglesias recibieron el
salutífero mensaje, y echando de ver sus apostasías lloraron amargas lágrimas de
arrepentimiento, y con profunda angustia de ánimo se humillaron ante Dios. Cuando el
Espíritu de Dios se posó sobre ellos, ayudaron a difundir el pregón: "Temed a Dios, y
dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado."
La predicación de una fecha definida para el advenimiento levantó violenta oposición
en todas partes, desde el ministro en el púlpito hasta el más descuidado y empedernido
pecador. El ministro hipócrita y el descarado burlón decían: "Pero del día y la hora
nadie sabe." Ni los unos ni los otros querían ser enseñados y corregidos por quienes
señalaban el año en que creían que terminaban los periodos proféticos y llamaban la
atención a las señales que indicaban que Cristo estaba cerca, a las puertas. Muchos
pastores del rebaño, que 234 aseguraban amar a Jesús, decían que no se oponían a la
predicación de la venida de Cristo, sino al hecho de que se fijara una fecha para esa
venida. Pero el omnividente ojo de Dios leía en sus corazones. No deseaban que Jesús
estuviese cerca. Comprendían que su profana conducta no podría resistir la prueba,
porque no andaban por el humilde sendero que trazara Cristo. Aquellos falsos pastores
se interpusieron en el camino de la obra de Dios. La verdad predicada con poder
convincente despertó a la gente, que como el carcelero empezó a preguntar: "¿Qué
debo hacer para ser salvo?" Pero los malos pastores se interpusieron entre la verdad y
los oyentes, predicando cosas halagadoras para apartarlos de la verdad. Se unieron
con Satanás y sus ángeles para clamar: "Paz, paz," cuando no había paz. Quienes
amaban sus comodidades, y estaban contentos lejos de Dios, no quisieron que se los
despertase de su carnal seguridad. Vi que los ángeles lo anotaban todo. Las vestiduras
de aquellos profanos pastores estaban teñidas con la sangre de las almas.
Los ministros que no querían aceptar este mensaje salvador, estorbaron a quienes lo
hubieran recibido. La sangre de las almas está sobre ellos. Los predicadores y la gente
se coligaron en oposición a este mensaje del cielo, para perseguir a Guillermo Miller y a
quienes con él se unían en la obra. Se hicieron circular calumnias para perjudicar su
influencia, y diferentes veces, después de declarar Miller el consejo de Dios e infundir
contundentes verdades en el corazón del auditorio se encendía violenta cólera contra
él, y al salir del lugar de la reunión le acechaban algunos para quitarle la vida. Pero
Dios envió ángeles para protegerlo, y le salvaron de manos de las enfurecidas turbas.
Su obra no estaba aún terminada.
Los más devotos recibían alegremente el mensaje. Sabían que dimanaba de Dios, y
que había sido dado en tiempo oportuno. Los ángeles contemplaban con profundísimo
interés el resultado del mensaje celestial, y cuando las iglesias 235 se desviaban de él
y lo rechazaban, consultaban ellos tristemente con Jesús, quién apartaba su rostro de
las iglesias y ordenaba a sus ángeles que velasen fielmente sobre las preciosas almas
que no rechazaban el testimonio, porque aún había de iluminarlas otra luz.
Vi que si los que se llamaban cristianos hubiesen amado la aparición de su Salvador y
hubiesen puesto en él sus afectos, convencidos de que nada en la tierra podía
compararse con él, habrían escuchado gozosos la primera intimación de su
advenimiento. Pero el desagrado, que manifestaban al oír hablar de la venida de su
Señor, era prueba concluyente de que no le amaban. Satanás y sus ángeles triunfaban
echando en cara a Cristo y sus ángeles que quienes profesaban ser su pueblo tenían
tan poco amor a Jesús que no deseaban su segundo advenimiento.
Vi a los hijos de Dios que esperaban gozosamente a su Señor. Pero Dios quería
probarlos. Su mano encubrió un error cometido al computar los períodos proféticos.
Quienes esperaban a su Señor no advirtieron la equivocación ni tampoco la echaron de
ver los hombres más eruditos que se oponían a la determinación de la fecha. Dios
quiso que su pueblo tropezase con un desengaño. Pasó la fecha señalada, y quienes
habían esperado con gozosa expectación a su Salvador quedaron tristes y
descorazonados, mientras que quienes no habían amado la aparición de Jesús, pero
por miedo habían aceptado el mensaje, se alegraron de que no viniese cuando se le
esperaba. Su profesión de fe no había afectado su corazón ni purificado su conducta.
El paso de la fecha estaba bien calculado para revelar el ánimo de los tales. Estos
fueron los primeros en ponerse a ridiculizar a los entristecidos y descorazonados fieles
que verdaderamente deseaban la aparición de su Salvador. Vi la sabiduría manifestada
por Dios al probar a su pueblo y proporcionar el medio de descubrir quiénes se
retirarían y volverían atrás en la hora de la prueba. 236
Jesús y toda la hueste celestial miraban con simpatía y amor a quienes con dulce
expectación habían anhelado ver a quien amaban. Los ángeles se cernían sobre ellos y
los sostenían en la hora de su prueba. Los que habían rechazado el mensaje
permanecieron en tinieblas, y la ira de Dios se encendió contra ellos por no haber
recibido la luz que les había enviado desde el cielo. Pero los desalentados fieles que no
podían comprender por qué no había venido su Señor no quedaron en tinieblas.
Nuevamente se les indujo a escudriñar en la Biblia los períodos proféticos. La mano del
Señor se apartó de las cifras, y echaron de ver el error. Advirtieron que los periodos
proféticos alcanzaban hasta 1844, y que la misma prueba que habían aducido para
demostrar que los períodos proféticos terminaban en 1843 demostraba que terminarían
en 1844. La luz de la Palabra de Dios iluminó su situación y descubrieron que había un
período de tardanza. "Aunque [la visión] tardare, espéralo." En su amor a la inmediata
venida de Cristo habían pasado por alto la demora de la visión, calculada para
comprobar quiénes eran los que verdaderamente esperaban al Salvador. De nuevo
señalaron una fecha. Sin embargo, yo vi que muchos de ellos no podían sobreponerse
a su desaliento para llegar al grado de celo y energía que caracterizara su fe en 1843.
Satanás y sus ángeles triunfaron sobre ellos, y los que no habían querido recibir el
mensaje se congratulaban de la perspicacia y prudencia previsoras que habían
revelado al no ceder a lo que llamaban engaño. No echaban de ver que estaban
rechazando el consejo de Dios contra sí mismos y obrando unidos con Satanás y sus
ángeles para poner en perplejidad al pueblo de Dios que vivía de acuerdo con el
mensaje celestial.
Los creyentes en este mensaje fueron oprimidos en las iglesias. Durante algún tiempo
el miedo impidió, a quienes no querían recibir el mensaje, que actuaran de acuerdo con
lo que sentían; pero al transcurrir la fecha revelaron sus 237 verdaderos sentimientos.
Deseaban acallar el testimonio que los que aguardaban se veían compelidos a dar, de
que los períodos proféticos se extendían hasta 1844. Los creyentes explicaron con
claridad su error y expusieron las razones por las cuales esperaban a su Señor en
1844. Sus adversarios no podían aducir argumentos contra las poderosas razones
expuestas. Sin embargo, se encendió la ira de las iglesias, que estaban resueltas a no
recibir la evidencia y a no permitir el testimonio en sus congregaciones a fin de que los
demás no pudieran oírlo. Quienes no se avinieron a privar a los demás de la luz que
Dios les había dado fueron expulsados de las iglesias; pero Jesús estaba con ellos y se
regocijaban a la luz de su faz. Estaban dispuestos a recibir el mensaje del segundo
ángel.
``Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo``
lunes 16 de noviembre de 2009
Clama a voz en cuello!
Isaías 58
1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.
4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.
5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?
6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?
8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.
9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad;
10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.
11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
12 Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
La observancia del día de reposo
13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.
``Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia.``
1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.
4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.
5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?
6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?
8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.
9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad;
10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.
11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
12 Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
La observancia del día de reposo
13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.
``Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia.``
domingo 15 de noviembre de 2009
¿Pueden Hablarnos Nuestros Muertos?
2 Corintios 11:13-15
13 Porque Estos son falsos apóstoles, obreros Fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.
14 Y no es maravilla, Porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.
15 Asi que, no es extraño si También sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; Cuyo fin Será Conforme a sus obras.
LA OBRA ministradora de los santos ángeles, tal cual está presentada en las Santas Escrituras, es una
verdad de las más alentadoras y de las más preciosas para todo discípulo de Cristo. Pero la enseñanza de la
Biblia acerca de este punto ha sido obscurecida y pervertida por los errores de la teología popular. La
doctrina de la inmortalidad natural, tomada en un principio de la filosofía pagana e incorporada a la fe
cristiana en los tiempos tenebrosos de la gran apostasía, ha suplantado la verdad tan claramente enseñada
por la Santa Escritura, de que "los muertos nada saben." Multitudes han llegado a creer que los espíritus de
los muertos son los "espíritus ministradores, enviados para hacer servicio a favor de los que han de heredar
la salvación." Y esto a pesar del testimonio de las Santas Escrituras respecto a la existencia de los ángeles
celestiales y a la relación que ellos tienen con la historia humana desde antes que hubiese muerto hombre
alguno.
La doctrina de que el hombre queda consciente en la muerte, y más aún la creencia de que los espíritus de
los muertos vuelven para servir a los vivos, preparó el camino para el espiritismo moderno. Si los muertos
son admitidos a la presencia de Dios y de los santos ángeles y si son favorecidos con conocimientos que
superan en mucho a los que poseían anteriormente, ¿por qué no habrían de volver a la tierra para iluminar e
ilustrar a los vivos? Si, como lo enseñan los teólogos populares, los espíritus de los muertos se ciernen en
torno de sus amigos en la tierra, ¿por qué no les sería permitido comunicarse con ellos para prevenirlos del
mal o para consolarlos 608 en sus penas? ¿Cómo podrán los que creen en el estado consciente de los
muertos rechazar lo que les viene cual luz divina comunicada por espíritus glorificados? Representan un
medio de comunicación considerado sagrado, del que Satanás se vale para cumplir sus propósitos. Los
ángeles caídos que ejecutan sus órdenes se presentan como mensajeros del mundo de los espíritus. Al
mismo tiempo que el príncipe del mal asevera poner a los vivos en comunicación con los muertos, ejerce
también su influencia fascinadora sobre las mentes de aquéllos.
Satanás puede evocar ante los hombres la apariencia de sus amigos fallecidos. La imitación es perfecta; los
rasgos familiares, las palabras y el tono son reproducidos con una exactitud maravillosa. Muchas personas
se consuelan con la seguridad de que sus seres queridos están gozando de las delicias del cielo; y sin
sospechar ningún peligro, dan oídos a "espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios."
Después que Satanás ha hecho creer a esas personas que los muertos vuelven en realidad a comunicarse
con ellas, hace aparecer a seres humanos que murieron sin preparación. Estos aseguran que son felices en
el cielo y hasta que ocupan allí elevados puestos, por lo que se difunde el error de que no se hace diferencia
entre los justos y los injustos. Esos supuestos visitantes del mundo de los espíritus dan a veces avisos y
advertencias que resultan exactos. Luego que se han ganado la confianza, presentan doctrinas que de hecho
destruyen la fe en las Santas Escrituras. Aparentando profundo interés por el bienestar de sus amigos en la
tierra, insinúan los errores más peligrosos. El hecho de que dicen algunas verdades y pueden a veces
anunciar acontecimientos da a sus testimonios una apariencia de verosimilitud; y sus falsas enseñanzas son
aceptadas por las multitudes con tanta diligencia y creídas tan a ciegas, como si se tratara de las verdades
más sagradas de la Biblia.
SEGURIDAD Y PAZ EN EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS
Por ELENA G. de WHITE
Juan 5:39
39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
13 Porque Estos son falsos apóstoles, obreros Fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.
14 Y no es maravilla, Porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.
15 Asi que, no es extraño si También sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; Cuyo fin Será Conforme a sus obras.
LA OBRA ministradora de los santos ángeles, tal cual está presentada en las Santas Escrituras, es una
verdad de las más alentadoras y de las más preciosas para todo discípulo de Cristo. Pero la enseñanza de la
Biblia acerca de este punto ha sido obscurecida y pervertida por los errores de la teología popular. La
doctrina de la inmortalidad natural, tomada en un principio de la filosofía pagana e incorporada a la fe
cristiana en los tiempos tenebrosos de la gran apostasía, ha suplantado la verdad tan claramente enseñada
por la Santa Escritura, de que "los muertos nada saben." Multitudes han llegado a creer que los espíritus de
los muertos son los "espíritus ministradores, enviados para hacer servicio a favor de los que han de heredar
la salvación." Y esto a pesar del testimonio de las Santas Escrituras respecto a la existencia de los ángeles
celestiales y a la relación que ellos tienen con la historia humana desde antes que hubiese muerto hombre
alguno.
La doctrina de que el hombre queda consciente en la muerte, y más aún la creencia de que los espíritus de
los muertos vuelven para servir a los vivos, preparó el camino para el espiritismo moderno. Si los muertos
son admitidos a la presencia de Dios y de los santos ángeles y si son favorecidos con conocimientos que
superan en mucho a los que poseían anteriormente, ¿por qué no habrían de volver a la tierra para iluminar e
ilustrar a los vivos? Si, como lo enseñan los teólogos populares, los espíritus de los muertos se ciernen en
torno de sus amigos en la tierra, ¿por qué no les sería permitido comunicarse con ellos para prevenirlos del
mal o para consolarlos 608 en sus penas? ¿Cómo podrán los que creen en el estado consciente de los
muertos rechazar lo que les viene cual luz divina comunicada por espíritus glorificados? Representan un
medio de comunicación considerado sagrado, del que Satanás se vale para cumplir sus propósitos. Los
ángeles caídos que ejecutan sus órdenes se presentan como mensajeros del mundo de los espíritus. Al
mismo tiempo que el príncipe del mal asevera poner a los vivos en comunicación con los muertos, ejerce
también su influencia fascinadora sobre las mentes de aquéllos.
Satanás puede evocar ante los hombres la apariencia de sus amigos fallecidos. La imitación es perfecta; los
rasgos familiares, las palabras y el tono son reproducidos con una exactitud maravillosa. Muchas personas
se consuelan con la seguridad de que sus seres queridos están gozando de las delicias del cielo; y sin
sospechar ningún peligro, dan oídos a "espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios."
Después que Satanás ha hecho creer a esas personas que los muertos vuelven en realidad a comunicarse
con ellas, hace aparecer a seres humanos que murieron sin preparación. Estos aseguran que son felices en
el cielo y hasta que ocupan allí elevados puestos, por lo que se difunde el error de que no se hace diferencia
entre los justos y los injustos. Esos supuestos visitantes del mundo de los espíritus dan a veces avisos y
advertencias que resultan exactos. Luego que se han ganado la confianza, presentan doctrinas que de hecho
destruyen la fe en las Santas Escrituras. Aparentando profundo interés por el bienestar de sus amigos en la
tierra, insinúan los errores más peligrosos. El hecho de que dicen algunas verdades y pueden a veces
anunciar acontecimientos da a sus testimonios una apariencia de verosimilitud; y sus falsas enseñanzas son
aceptadas por las multitudes con tanta diligencia y creídas tan a ciegas, como si se tratara de las verdades
más sagradas de la Biblia.
SEGURIDAD Y PAZ EN EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS
Por ELENA G. de WHITE
Juan 5:39
39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
viernes 13 de noviembre de 2009
Saúl y la adivina de Endor
`` pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.``
1 Samuel 28
3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.
4 Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
5 Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
7 Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.
9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
10 Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.
12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo:
13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
``Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. ``
1 Samuel 28
3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.
4 Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
5 Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
7 Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.
9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
10 Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.
12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo:
13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
``Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. ``
jueves 12 de noviembre de 2009
Consagración y confianza
Cuando nos mostramos humildes y contritos, nos encontramos en situación en
que Dios puede y quiere manifestarse a nosotros. Le agrada que evoquemos las
bendiciones y los favores ya recibidos como motivos para que nos conceda aun
mayores bendiciones. Colmará las esperanzas de quienes en él confían por
completo. El Señor Jesús sabe muy bien lo que necesitan sus hijos y cuánto poder
divino asimilaremos para bendición de la humanidad, y nos concede todo lo que
estemos dispuestos a emplear para beneficiar a los demás y ennoblecer nuestra
propia alma.
Debemos tener menos confianza en lo que por nosotros mismos podemos hacer,
y más en lo que el Señor puede hacer para nosotros y por medio nuestro. La obra
en que estáis empeñados no es vuestra; es de Dios. Someted vuestra voluntad y
vuestro camino a Dios. No hagáis una sola reserva, ni transijáis con vosotros
mismos. Aprended a conocer lo que es ser libre en Cristo.
El oír sermones sábado tras sábado, el leer la Biblia de tapa a tapa, o el explicarla
versículo por versículo, no nos beneficiará a nosotros ni a los que nos oigan, a no
ser que llevemos las verdades de la Biblia al terreno de nuestra experiencia
personal. La inteligencia, la voluntad y los afectos deben someterse al gobierno de
EL MINISTERIO DE CURACIÓN
Por ELENA G. de WHITE
``Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana``
que Dios puede y quiere manifestarse a nosotros. Le agrada que evoquemos las
bendiciones y los favores ya recibidos como motivos para que nos conceda aun
mayores bendiciones. Colmará las esperanzas de quienes en él confían por
completo. El Señor Jesús sabe muy bien lo que necesitan sus hijos y cuánto poder
divino asimilaremos para bendición de la humanidad, y nos concede todo lo que
estemos dispuestos a emplear para beneficiar a los demás y ennoblecer nuestra
propia alma.
Debemos tener menos confianza en lo que por nosotros mismos podemos hacer,
y más en lo que el Señor puede hacer para nosotros y por medio nuestro. La obra
en que estáis empeñados no es vuestra; es de Dios. Someted vuestra voluntad y
vuestro camino a Dios. No hagáis una sola reserva, ni transijáis con vosotros
mismos. Aprended a conocer lo que es ser libre en Cristo.
El oír sermones sábado tras sábado, el leer la Biblia de tapa a tapa, o el explicarla
versículo por versículo, no nos beneficiará a nosotros ni a los que nos oigan, a no
ser que llevemos las verdades de la Biblia al terreno de nuestra experiencia
personal. La inteligencia, la voluntad y los afectos deben someterse al gobierno de
EL MINISTERIO DE CURACIÓN
Por ELENA G. de WHITE
``Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana``
Suscribirse a:
Entradas (Atom)