sábado, 10 de octubre de 2009

EL MAYOR HONOR DE NUESTRO SALVADOR

Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con
ellas fui herido en casa de mis amigos. Zac. 13:6.
"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra han
pasado" (Apoc. 21: 1, VM). El fuego que consume a los impíos purifica la tierra.
Desaparece todo rastro de maldición...
Sólo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevará siempre las señales de su
crucifixión. En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies se
ven las únicas huellas de la obra cruel efectuada por el pecado. El profeta, al
contemplar a Cristo en su gloria, dice: "Su resplandor es como el fuego, y salen de
su mano rayos de luz; y allí mismo está el escondedero de su poder" (Hab. 3: 4,
VM). En sus manos, y su costado heridos, de donde manó la corriente purpurina
que reconcilia al hombre con Dios, allí está la gloria del Salvador, "allí mismo está
el escondedero de su poder"... Y las marcas de su humillación son su mayor
honor; a través de las edades eternas, las llagas del Calvario proclamarán su
alabanza y declararán su poder.
La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la
eternidad. En el Cristo glorificado contemplarán al Cristo crucificado. Nunca
olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a
través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo,
Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en
adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio
del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición
de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del
Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los
destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará
eternamente la admiración y la adoración del universo. Cuando las naciones de
los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su
rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad,
y sepan que su reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo:
"¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su
propia preciosísima sangre!" 375

DIOS NOS CUIDA
Lecturas Devocionales para cada día del año.
Por ELENA G. DE WHITE

Bendiciones

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