viernes, 9 de septiembre de 2011

REMORDIMIENTO o REGOCIJO



REMORDIMIENTO o REGOCIJO

20 de agosto de 2011

por Ernie Knoll

www.formypeople.org



En mi sueño, estoy volando a través de la extensión del espacio. Voy a una velocidad muy grande, paso varios planetas, algunos con lunas que orbitan alrededor de ellos. Pero hay un planeta muy amado, en el cual mantengo la fija vista. Hace sus rotaciones en un mar de oscuridad, sin embargo está rodeado de azul y blanco. Tengo ansias de estar con un pueblo que vive allí. Después de penetrar la atmósfera de la tierra, veo una iglesia en la parte oriental de los Estados Unidos que pienso visitar. Me acerco rápidamente y toco el suelo suavemente. Al caminar por la yerba, me doy cuenta de que alguien ha trabajado arduamente para preparar el césped para el sábado. También noto que ahora tengo la salud y energías que tenía cuando yo tenía unos 30 años. Con facilidad asciendo las gradas de mármol, y me acerco a una de las grandes puertas de madera ornamentada al frente de la iglesia. Tengo deseos de adorar al Padre celestial con mi pueblo durante este sábado hermoso.

Al entrar al vestíbulo de la iglesia, me sorprende el ruido de mucha gente conversando, especialmente porque están apenas afuera del santuario. Quiero decirle a cada uno que no haga ruido en la casa de mi Padre. Algunos hasta comentan temas que no son apropiados para el sábado; algunos conversan de cosas mundanas. También me pregunto por qué no hay nadie que me salude. Veo que hay muchos carritos preparados con pan, una variedad de bollos y pastelitos, jugo, leche y varios sabores de café. Me detengo y me pregunto si será posible que no haya entrado a una Iglesia Adventista del Séptimo Día, porque las iglesias del Padre celestial no serían como ésta. Dios ha dado instrucciones por medio de sus profetas en cuanto a cómo adorar y qué comer. ¿Será que esta gente cree que ya no necesita la dirección que el Padre ha dado a través de sus profetas? ¿Por qué hacen caso omiso de los consejos enviados con amor y para su preparación? Y para colmo, la comida en los carritos se ofrece por un donativo mínimo. Los miembros no se dan cuenta de que están comprando y vendiendo en el día sábado. Ahora veo cables eléctricos y siento un fuerte deseo de hacer un látigo con esos cables para sacar a los miembros de la iglesia. Quiero echar los carritos a rodar y dejar que caigan escaleras abajo y se destrocen, para que los perros, las ratas, los cerdos y los zopilotes consuman el alimento sin valor que se ofrece.1

Entonces salgo del vestíbulo y camino por una de las entradas, que parecen túneles, que van hacia el santuario. Me espantan las cosas que oigo. Se oye el ruido de instrumentos y cantos que se presentan, no para la honra y gloria de Dios, sino para Satanás. Algunos hasta están bailando. Entonces, un hombre ofrece una oración como si fuese a santificar el santuario. Está de pie, mirando hacia arriba, con las palmas extendidas. Me pregunto por qué no se arrodilla e inclina la cabeza con reverencia. Habla como un orador dando una presentación, y la oración suena como algo practicado. ¿Por qué no ora de su corazón? Veo que las palabras que pronuncia flotan hacia arriba, como si fuesen hacia el Padre celestial, pero entonces caen al suelo y se rompen como cristales. Él termina y el público aplaude y vitorea su oración. Entonces, él relata una historia para entretener, y muchos se ríen y vuelven a aplaudir. A continuación, él pide más cantos y aparecen palabras en una pantalla inmensa. Me pregunto por qué los miembros no cantan himnos inspirados que fueron escritos para acercar a la gente más a Dios. En vez de eso, todos se ponen de pie y hacen ademanes con las manos o aplauden, y hay más baile.

Otro hombre se dirige hacia la plataforma. Cesa la música y los bailarines regresan a sus asientos. El hombre dice que Dios y sus ángeles están ahí, y que han cantado y bailado con ellos. Anima a todos a disfrutar del refrigerio que ofrecen en el vestíbulo y asistir a una de muchas clases emocionantes de la Escuela Sabática.

Salgo y paso por el túnel de entrada que va hacia el vestíbulo, donde el ruido ahora es aún más fuerte. Voy en busca de un salón de clases donde pueda escuchar la Palabra de Dios. Veo a un hombre que busca individuos para invitar a su clase. Me doy cuenta que su cuerpo es el de un anciano, pero a su cara le han hecho mucha cirugía plástica para cambiar la estructura de su rostro de cómo el Creador la había formado. Él ha cambiado la apariencia de sus mejillas, nariz y barbilla. Casi parece que le han quitado toda la piel de la cara y la han reemplazado con el pellejo de un cerdo. Sólo invita a su clase a los que son jóvenes y atractivos. A los demás, les dice que no son dignos, o que harían perder el tiempo de su clase y que deberían ir a otra.

Ahora me siento más y más como alguien indeseado. Yo sólo deseaba adorar con mi pueblo, pero me hacen sentir como que ésta no es mi iglesia. La mayor parte de lo que he visto y oído va en contra de lo que han enseñado los profetas de Dios. Esta gente no es mi pueblo, y tengo que irme.

Salgo del vestíbulo y me encuentro afuera, donde hay paz y tranquilidad. Ni el Padre ni el Espíritu Santo estaban presente en esa iglesia. Yo sé que existe la iglesia del Padre; consiste de su pueblo. Este edificio no contiene su pueblo, porque están dormidos y han sido engañados por el que adoran. Yo sé que el pueblo de Dios está en alguna parte; iré a otra iglesia. Me doy cuenta de que aunque haya sólo una persona fiel, el Padre estará presente con él/ella.2

Ahora sé que allá lejos, hacia el oeste, hay una iglesia-casa que voy a visitar. Sin duda esos miembros adoran de la manera correcta. Bajo las gradas rápidamente, feliz con la idea de que voy a hallar un lugar donde pueda estar con mi pueblo y ser bienvenido. Cruzo la calle, atravieso un área cubierta de césped, subo una colina y bajo por otra, mis ojos fijos en una casa no muy nueva construida en la ladera de una loma. Camino rápidamente, y aunque pasa mucho tiempo, parece que sólo me ha tomado segundos para llegar. Estoy ansioso de entrar. La puerta trasera está al nivel del suelo, pero el frente de la casa tiene escaleras, las cuales subo rápidamente. Cuando llego al portal, veo que hay un reloj grande colgado de uno de varios postes cuadrados de madera. El reloj dice que son casi las 8:00 a.m. Yo sé que la Escuela Sabática y el culto de adoración no comenzarán por ahora, pero deseo estar con mi pueblo, el cual se alegrará de que yo esté con ellos. Quiero gozar de su compañerismo antes de comenzar los cultos. Aunque sé que puedo abrir la puerta y entrar, decido tocar primero y decir en voz alta, “Buenos días. Feliz sábado”.3

Entro al pasillo a la entrada de la casa y veo que hay varias habitaciones a la derecha y a la izquierda. De repente, veo a tres mujeres que salen de las habitaciones de la derecha e izquierda. Desesperadamente se apuran por alistarse. Todavía llevan puestas su bata y chanclas, y tienen rulos en el cabello. Una de las mujeres se detiene y, con voz agitada, me dice, ¿“Qué haces aquí? ¿Por qué has llegado tan temprano? Nosotras no estamos listas. ¿Por qué viniste tan pronto? ¡Has venido demasiado pronto! ¡Yo no estoy lista! ¿Por qué viniste tan pronto? ¡Has llegado demasiado temprano”!

Me duele el alma al oír las palabras que resuenen en mis oídos. Entonces, veo que hay un espejo en la pared a mi derecha. De repente, al mirar el espejo, me doy cuenta que todo este tiempo no se ha tratado de mí. Yo estaba mirando a través de los ojos de Jesús. Por primera vez noto las cicatrices en su frente causadas por la corona de espinas.

Entonces veo a Jesús salir de la casa. Le oigo decir que Él envió un mensaje diciendo a todos que se preparen, porque Él viene. Él dice que nos dijo que no dijéramos que Él viene pronto, porque eso da a entender que será en algún momento futuro. Nos dijo que nos alistemos, porque viene. Él dice que fue a la iglesia y no le dieron la bienvenida, porque no adoran al Padre, sino a Satanás. Él dice que fue a la pequeña iglesia-casa, pero ellos no estaban listos, al contrario, le dijeron que había llegado demasiado pronto.4

Lentamente, Jesús desciende las escaleras de la casa, y se va caminando, rechazado, sin haber recibido una bienvenida, indeseado. Ahora escucho otra voz que dice, “Él dio tanto por un mundo que no lo desea a Él”. Entonces me doy cuenta de que el Heraldo está de pie junto a mí. Me llama por mi nombre celestial y explica que Jesús, el Rey de Reyes, el que tiene las llaves de la vida eterna, desea tanto estar con su pueblo cada sábado, para cantar y dar gloria al nombre del Padre celestial. Él dice que Jesús anhela el día cuando pueda echar al suelo el incensario y regresar para buscar a su pueblo. Dice que nuestro Señor, nuestro Maestro, nuestro Rey abandonó todo para salvarnos del pecado y rescatarnos de esta tierra.

Entonces el Heraldo explica que es triste que algunos que lean este sueño van a pensar que deben comenzar los cultos a las 8:00 a.m. Este mensaje no se trata de la hora cuando debe comenzar el culto, sino de vivir cada momento como si fuese el momento cuando nuestro Gran Maestro caminará con cada uno de nosotros. Me dice el Heraldo que a todos se nos ha dicho que debemos arrepentirnos y prepararnos. Pronto se verá que muchos descansarán en los brazos de su Maestro. Para algunos, el momento que se les ha dado puede ser su último, hasta que sean llamados de su sueño en la tumba. Para ellos, sólo será un breve pensar y verán a Jesús venir en las nubes. Él llamará a los que escucharon y se prepararon. Los demás serán llamados más tarde, para recibir su juicio. Para muchos, pronto Él llamará al ángel marcador para que marque el sitio donde descansarán un tiempo breve. Aquéllos que permanezcan vivos y vean descansar en la tumba a ancianos, jóvenes, padres, hijos o hijas, no deben sentir remordimiento, sino regocijo; porque el Rey de Reyes ha tenido compasión de ellos y les ha permitido descansar mientras ocurren los eventos que están por cumplirse.

Me dice el Heraldo que él ha sido enviado para compartir ciertas cosas conmigo, y me pide que camine con él. Le extiendo mi mano derecha y al instante nos encontramos en un aula de clases. Me siento en la única silla, y el Heraldo se para al frente. Me dice que se le dijo que a mí me preocupaba algo. Le digo que muchos saben que yo pequé, pero también pedí perdón. Muchos han declarado que yo dije que los sueños colocados en mi sito web no eran de Dios. El Heraldo me asegura que todos los ángeles; aquéllos que caminan por las calles de oro; Jesús, quien tiene en su mano el incensario y sirve a favor nuestro; y el Padre sentado en su trono—todos saben que yo nunca dije que los sueños colocados en mi sitio web eran de Satanás. Me explica el Heraldo que los que propagaron esos informes falsos son guiados por Satanás. Los individuos que no se tomaron la molestia de confirmar la veracidad de esos datos, recibirán su juicio de Dios.

El Heraldo me instruye en cuanto a lo siguiente: Siempre habrá quienes se presten para publicar los pecados de otros. Nótese cuán rápidamente corrió la palabra en cuanto a los pecados de individuos como Samuel Koranteng-Pipim y Jim Hohnberger. Nadie está exento de los engaños de Lucifer. Él atacará a todos, pero en forma especial a los que están haciendo la obra del Padre. Cuando uno de ellos cae en pecado, la gente rápidamente esparce el chisme y los datos. No se toman la molestia de compartir las grandes verdades que ellos han enseñado, ni el gran número de individuos que han llevado a Dios como resultado de su labor. Si ellos desean propagar nuevas, deben decir lo siguiente: El Padre escuchó cuando esos individuos pidieron perdón. Ellos no le hablaron con sus labios, sino de corazón. El Padre escuchó sus plegarias de arrepentimiento, y los ha perdonado. El Padre ha dicho que ya no sabe nada de sus pecados. Sepan que desde la profundidad del hoyo, Él los levantará para que le sirvan como predicadores que harán lo que Él les pida. El Heraldo revela que me mostrará más en cuanto a esto más tarde. Dice que muchos han señalado mi pecado, pero se han olvidado de tantos otros que también pecaron, pero se arrepintieron y fueron usados de nuevo por Dios, de la misma manera como yo fui perdonado y nuevamente me está usando Dios.5

Lo siguiente servirá para recordar a los que se han olvidado que, durante la historia de este mundo, hubo quienes anduvieron en forma especial con el Padre, pero cometieron grandes pecados. Dice el Heraldo que se le ha dicho que debe colocarme en otro sueño.

Me encuentro en una sala de justicia. Estoy al frente y a la derecha del tribunal del juez, quien está a mis espaldas. Frente a mí y a mi derecha, hay una baranda de madera. Al otro lado de la baranda hay un sitio donde otro individuo se podría colocar, también de espaldas al juez. Miro hacia atrás, para ver si veo al juez, pero me doy cuenta de que él está ubicado tan alto, que no lo puedo ver. Los que están frente a mí tampoco lo pueden ver. Lo único que vemos es una luz muy brillante.

Frente a mí y a mi izquierda, está el fiscal, vestido de un manto largo y negro. Alrededor de su cuello, lleva una banda negra de satén, y debajo del manto, una camisa negra con vuelos. También lleva una peluca. La mirada de sus ojos es la de alguien ansioso de acusar a otros de sus pecados.6

Frente a mí y a mi derecha está el defensor. Él lleva la misma indumentaria que viste el fiscal, pero toda blanca. El defensor tiene un aspecto de tranquilidad y paciencia.

Ahora se ha reunido un gran número de espectadores, y el fiscal se acerca y se para frente a mí. Dice que va a mostrar por qué no se me permitirá continuar con mi ministerio. Dice que tiene pruebas de que he pecado y he transgredido todos los mandamientos; porque cuando se quebranta uno, se han quebrantado todos. Él explica que yo mentí, y que muchos creyeron esa mentira. De manera que ahora no puede confiarse en mí. Sigue acusándome de ser falso, un fraude y, claro está, de no ser un profeta verdadero. Entonces, regresa a su asiento y se sienta en el mismo borde, como si estuviese ansioso de dar un salto para acusar a la siguiente persona.

A continuación, el defensor se acerca y se para frente a mí. Con su voz suave dice, “Sí, Ernie ha hecho lo que usted dijo. Es cierto que lo hizo, y mucho más que usted no mencionó. Es verdad que Ernie pecó; pero cuando se lo enfrentó con sus pecados, se arrepintió”. El defensor regresa a su mesa y dice, “Para complacer a los de esta sala que estén listos para emitir un fallo, llamo a David, hijo de Isaí, para que todos lo vean y escuchen”. Sale un hombre y se pone de pie a mi derecha, al otro lado de la baranda. El fiscal se levanta y presenta a David como el gran rey David que poseía tanto poder, pero pecó en gran manera. Miró a Betsabé y cometió lujuria en su corazón. Entonces cometió adulterio con ella. Como ella quedó encinta, David mandó a llamar a su esposo para que viniera del campo de batalla para acostarse con ella. Cuando él rehusó, fracasó el plan de David de que Betsabé pudiese decir que su esposo era el padre. De manera que David dio órdenes para que su esposo volviera al frente de batalla, donde fue muerto. David no confesó sus pecados hasta después de que Natán lo confrontó. A David se lo halló culpable de lujuria, mentira, adulterio y asesinato. El fiscal regresa a su asiento.

El defensor viene hacia el frente y con voz suave dice que, efectivamente, David hizo todo lo que él dijo, y más. Pero, después de ser enfrentado, confesó y se arrepintió. Se acercaron dos guardias y se pararon a cada lado de David. Entonces, la voz de un moderador dice que David halló gracia a los ojos del Padre celestial, quien aceptó su confesión y lo perdonó. Ahora, él está sin culpa; el Padre no recuerda sus pecados. Cuando lo despiden, los guardias lo escoltan a la libertad.

Los guardias traen a otro hombre, quien se para a mi derecha. El fiscal se levanta y anuncia que ése es Noé, el gran hombre que construyó un arca para salvar la raza humana y el reino animal. Sin embargo, se lo acusa de haber pecado. Después del diluvio, sembró uvas, de las cuales hizo vino. Después de beber el vino y emborracharse, su hijo, Cam, vio su desnudez. Entonces, Noé proclamó una maldición contra el hijo de Cam. El fiscal regresa a su asiento y se pone de pie el defensor. Nuevamente dice con su voz suave que sí, efectivamente Noé hizo todo lo que se dijo, y más, pero Noé se arrepintió y Dios lo perdonó. Entran los guardias y se colocan a cada lado de Noé. El moderador anuncia que Noé halló gracia a los ojos de Dios. Fue perdonado y se le reveló que tres grandes razas saldrían de sus hijos. Los guardias lo escoltan a la libertad.7

Ahora veo que los guardias traen a Elías, el profeta que fue trasladado. Viene el fiscal y explica que ahí tienen a un gran hombre. Él oró que no lloviese por tres años y medio, y así fue. En el Monte Carmelo, él mostró el poder que el Padre le dio. Sin embargo, pecó cuando temió a Jezabel y huyó por su vida. No mostró fe. Antes de que el defensor pueda decir nada, los guardias van hacia Elías. Entonces, el moderador explica que Elías confesó y halló gracia con el Padre. Fue llevado al cielo, donde ahora camina con el Padre.

Los guardias traen a otro hombre, y el fiscal se enfrenta con él. Lo presenta como el gran Moisés, quien libró a los israelitas. Entonces dice que él pecó grandemente. Aunque lo cuidaron como príncipe, mató a un egipcio y huyó por su vida. Cuando regresó para guiar a su pueblo de la esclavitud egipcia, hizo caer plagas sobre los egipcios, las cuales causaron destrucción y muerte. Cerca del final de su labor, cuando el pueblo se quejaba porque no había agua, se enojó y golpeó la piedra en vez de hablarle, como Dios le había mandado. Tomó la gloria para sí mismo. Poco después, Moisés murió.

Entonces, el defensor va hacia Moisés y coloca su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Moisés. Con voz tierna explica que lo que dijo el fiscal es verdad. Moisés hizo lo que él dijo, y más. Cuando los guardias se acercan a Moisés, vuelvo a escuchar al fiscal decir que Moisés fue un asesino, que tenía problemas con la paciencia, no cumplía con las instrucciones, le faltaba fe y ni siquiera hablaba claramente. El defensor explica que Moisés fue levantado de la tierra y nuevamente se le sopló aire a los pulmones. Entonces, fue llevado al cielo, donde ahora él camina por las calles de oro. Veo que escoltan a Moisés hasta salir de la sala.

Ahora traen a muchos otros para ser juzgados, tales como Pedro (negó a Cristo), Salomón (lujuria, vanidad), Jonás (huyó de Dios), Sansón (reveló el secreto de Dios, lujuria), Jacob (mintió), Aarón (ayudó a fabricar el becerro de oro), Abraham (mintió), Sara (no confió en Dios, celos, dureza), Eva (dudó la palabra de Dios), María (orgullo, crítica, prejuicio, celos), Rebeca (engaño), María Magdalena (poseída de demonios, fornicación), etc. Cada uno pasa adelante, y el fiscal los acusa a todos de los pecados cometidos. En cada oportunidad, el defensor acuerda con lo que se ha dicho, pero muestra que cada uno confesó y fue perdonado. En cada oportunidad, volvieron a hallar gracia con Dios.

Entonces, el moderador menciona que a mí se me ha hallado culpable de mentir, porque mostré falta de fe que Dios protegería mi ministerio, tal como protegió a Elías. Yo no confesé hasta que fui confrontado, de la misma manera como David no confesó hasta que Natán se encaró con él. Pregunta el moderador, ¿“Cuál es el fallo? ¿Es culpable, tal como dice el fiscal”? El público queda en silencio, meditando de todos los demás quienes, a lo largo de la historia de este mundo, han pecado. Algunos pecaron grandemente, pero se arrepintieron y fueron perdonados. Volvieron a hallar el favor de Dios.

Ahora, todos los presentes oyen la voz del juez que habla desde muy alto, detrás de las luces brillantes. Esa voz no había dicho nada hasta ese momento. Tiene el sonido de una catarata poderosa, un arroyo y un chorrito de agua—todo a la vez. Cuando esa Gran Voz habla, todos los presentes inmediatamente caen de rodillas. La Voz dice que escuchó la plegaria de mis labios pidiendo perdón. Sin embargo, la plegaria de mi corazón fue la que le hizo saber mi sinceridad. Fue su propia decisión borrar el registro de mis pecados, y ya Él no los recuerda. Le pregunta a los que están ansiosos de acusarme si ellos están sin pecado. Dice la Gran Voz que nadie ha podido probar, ni con la Biblia ni con el Espíritu de Profecía, que haya algún error en los sueños que aparecen en mi sitio web. La Voz manda a pasar adelante a cualquiera que nunca haya pecado, para que dicte un fallo en contra de uno a quien Él ha perdonado.8

La Gran Voz llama mi nombre y manda que sólo yo me ponga de pie frente a los que me acusan. Me levanto de mis rodillas y miro al público. Todos están de rodillas, con la cabeza inclinada. Manda la Voz, “Los que han pecado y pedido perdón en el nombre de mi Hijo, Cristo Jesús, pónganse de pie y salgan de este lugar”. Veo que todos los que han venido para verme acusado y declarado culpable, se ponen de pie. Con la cabeza inclinada, salen en silencio de la sala del tribunal. El último en salir es el fiscal. El defensor me sonríe, asciende y se para junto al Gran Juez.9

Ahora me encuentro caminando por una pradera grande. Es primavera. Hay una gran variedad de flores que atraen las abejas y las mariposas, y cantan muchos pajaritos. Miro hacia mi derecha y veo que alguien está sentado en la yerba. Camino hacia él y al acercarme me doy cuenta de quién es. Cuando comienzo a correr hacia Jesús, Él se pone de pie y viene hacia mí. Lo abrazo y le digo cuánto me alegro que Él esté allí. Él me dice que desea estar conmigo durante este día sábado y que va a mostrarme algo. Me explica que lo que me va a mostrar es semejante a lo que le mostró a su profetisa Elena de White. El mensaje sigue siendo el mismo, pero me lo mostrará para estos tiempos, de manera que sea comprendido más claramente.

Estoy de pie con Jesús en calidad de observador. Veo individuos que comienzan a escalar una montaña muy alta. Cada uno lleva sobre sus espaldas una bolsa de lona muy grande y llena. Me pregunto cómo pueden sostener o estabilizar el gran peso que cargan. Cuando esas personas comienzan a caminar por la yerba donde comienza la cuesta, todos cantan el himno, “Al andar con Jesús”. Cuando llegan al coro, todos cantan con voz fuerte, “Obedezco por fe”.

Al andar con Jesús en su fúlgida luz,
En mi senda su gloria veré;
Y su voz he de oír, pues promete vivir
Con aquél que obedece por fe.

Coro
Su santa Ley obedezco por fe,
Y feliz para siempre con Jesús estaré.
Si trabajo y penar tengo aquí que cargar,
Fortaleza en Jesús obtendré;
Pues alivia su amor mi afán, mi dolor,
Cuando ve que obedezco por fe

Coro

Nunca pude saber de su amor el placer
Hasta que todo a Cristo entregué.
Su bondad, su favor, su poder redentor
Goza aquél que obedece por fe.

Coro

Fiel Amigo Él es; sentareme a sus pies,

Y a su lado el camino andaré.

Lo que Él diga, haré; donde Él quiera, iré;

Sin temor obedezco por fe.

Coro

Los observo escalar. Después de un rato, algunos se quitan los zapatos y caminan descalzos para poder manejar su carga más fácilmente. Más adelante, algunos se dan por vencidos y regresan, montaña abajo. Para ellos fue demasiado difícil y se rindieron. El grupo se disminuye y veo que ya todos andan descalzos. Muchos se han quitado casi toda la ropa que llevaban puesta. Siguen cantando el mismo himno. Unidos en mente y espíritu, saben que deben confiar y obedecer. Después de un buen rato, dejan atrás la yerba y durante un buen rato siguen un sendero de gravilla que asciende montaña arriba. Al acercarse a la cima, el sendero se torna muy estrecho. En algunas partes apenas es suficientemente ancho para colocar el pie izquierdo junto al derecho. Al subir la cuesta, ahora muy escarpada, cada uno decide con mucho cuidado adónde va a colocar sus pies, ya ensangrentados y en carne viva, debido a las piedras agudas del sendero. Comienzan a darse cuenta de que no les será posible alcanzar la cima de la montaña por sus propias fuerzas, porque el sendero es muy estrecho y escarpado y llevan un peso muy grande en sus espaldas. Siguen adelante, cantando el mismo himno y esforzándose por confiar y obedecer.

De repente, ven una cuerda blanca, muy grande, con muchos nudos. Comienzan a usar la cuerda, confiando que les ayudará durante el resto del camino. Las piernas de muchos tienen cortadas, por haber tropezado y caído. Las manos y brazos tienen cortaduras, y sangran debido a sus esfuerzos por estabilizarse. Usan la cuerda para subir la última parte escarpada de la montaña.

Uno por uno llegan a la cima, una meseta grande cubierta de yerba verde y hermosa que sigue hasta el horizonte. Cuando comienzan a caminar, ven por delante un espacio llano, cubierto de mármol, que forma la base para muchos escalones de mármol que ascienden hasta el cielo. En la cima hay un trono glorioso, de oro puro. Ahora, cada uno suelta el fardo que ha estado cargando, y lo deja sobre la base de mármol, frente al primer escalón. Al caer, las bolsas se abren y se desparraman muchos tesoros. Veo copas de oro con joyas, ristras de gemas preciosas, grandes montones de monedas de oro y plata, y fajos de dinero. Los que lucharon y soportaron hasta alcanzar la cima de esa gran montaña ahora echan sus tesoros al pie del trono.10 Dejan ahí sus tesoros y siguen adelante; esas cosas ya no les llaman la atención. Al caminar por la yerba, sanan sus manos, piernas y pies y cambia su apariencia. Ahora, una luz brillante los rodea.

Ahora, Jesús me recuerda que en el sueño anterior Él reveló que iba a dar sueños a muchos para que dieran todo lo que poseían, y que ahora es el momento de invertir para su jubilación en el cielo. Algunos a quienes Jesús dijo que dieran todo, han descartado el mensaje. Otros, han decidido compartir sólo una pequeña parte de sus fondos. Eso muestra poca o ninguna fe. Algunos han decidido obtener un lugar seguro en esta tierra para su jubilación. Algunos han decidido que desean obtener una casa en el campo y sembrar una hortaliza, porque están cumpliendo con el consejo del Espíritu de Profecía. Sin embargo, Dos está llamando a los que estén dispuestos a abandonar todo, algunos para hacer donaciones de sus fondos, y otros para viajar de sitio en sitio para dar el último mensaje del evangelio.

Está por llevarse a cabo la última obra, y todavía hay algunos que no están listos. Va a venir Jesús, y le dirán que vino demasiado pronto. ¿Hallará fe hoy, o sólo un pueblo que aplaude, baila o vive cómodamente, bien sea en una ciudad o en el campo? ¿Hallará Jesús un pueblo listo para rendirle todo, sabiendo que Él suplirá lo que necesiten? Él pide que su pueblo le rinda todo. Él dio todo eternamente por su pueblo. Él no les dijo a sus perseguidores que sólo le diesen latigazos a la espalda. Él no les dijo que sólo le clavaran un brazo a la cruz. Él no les dijo que lo clavasen a la cruz sólo hasta que se sintiese débil y hambriento. Ahora, Él se ofrece como vuestro hermano, si deseáis aceptarlo. ¿Le daréis la bienvenida con brazos abiertos, o tendrá que alejarse de vosotros? ¿Lo saludaréis cuando regrese, o le diréis que vino demasiado pronto?

Jesús está pidiendo que su pueblo supla, por fe, lo que hace falta para terminar la última gran obra. Él me recuerda que Él ha prometido enviar a pastores para hacer su obra. Él enviará a los que han caído y conocen personalmente la importancia del arrepentimiento. Uno no puede hablar ni enseñar esas cosas sin conocerlas. Él me recuerda que el Heraldo me mostró a Pipim y Hohnberger y a otros como ellos. Éstos son maestros que enseñan conforme a las instrucciones de Dios. Se me mostró que ellos y otros han sido perdonados y están listos para hacer una gran obra.

Jesús les pidió a los que tienen medios económicos que coloquen su tesoro en el cielo, no en esta tierra.11 Se me mostró que muchos irán al descanso, y la voz de Jesús los llamará de la tumba. Jesús pide que todos obedezcan sus instrucciones. Ahora es el momento de hacer su obra. Ahora es el momento de colocar vuestros tesoros al pie del trono. Ahora es el momento cuando Jesús llama a sus predicadores a la batalla.

Anteriormente, Jesús mandó que su pueblo se prepare. La preparación también incluye considerar cada día como si fuese el último que se os dé. Cada día nuevo que os despertéis es un regalo, y puede ser el último, hasta que Jesús os llame de la tumba, bien sea para vida eterna o para pérdida eterna. Muchos creen que porque aman a Dios y andan de cerca con Él, no les pasará nada. Él ha dicho que cada uno que desee obedecer sus mensajes, debe prepararse. A la mensajera de Dios, Elena de White, Dios le instruyó a dar este mensaje:

¡Cuántas veces los que están en peligro de ser destruidos por terribles brotes de vientos y agua, han sido protegidos misericordiosamente del mal! ¿Nos damos cuenta de que hemos sido protegidos de la destrucción sólo a causa del cuidado protector de agencias invisibles? Aunque se han hundido muchos barcos, y han perecido muchos hombres y mujeres que iban a bordo, Dios en su misericordia ha protegido a su pueblo. Pero no debemos sorprendernos si algunos que aman y temen a Dios son sobrecogidos por las aguas tempestuosas del mar. Ellos dormirán hasta que el Dador de la vida regrese para darles vida. No debemos pronunciar ni una palabra en contra de Dios ni de la manera cómo El obra. Manuscript Releases (Manuscritos) tomo 19, p. 281.

Cuando Dios le pidió a su profetisa que registrase esas palabras, no existían ciertos medios de viaje que hay ahora. Dios ha protegido a muchos por sólo uno. En otros casos, Dios ha permitido que muchos fieles descansen junto con muchos que no eran fieles. Se están cumpliendo los últimos eventos de esta tierra. Éstas son las señales de las cuales debéis estar pendientes, las que mencionaron los profetas de Dios. Algunos de su pueblo permanecerán hasta que vean a Jesús venir en las nubes. Muchos otros descansarán hasta el día cuando Él los llame de la tumba. Fueron dadas las lo instrucciones de prepararse, porque ya muchos están yendo al descanso, o irán pronto. Dios pregunta a dónde estáis colocando vuestro tesoro. ¿Será al pie del trono celestial, para sostener a los obreros a quienes Dios ha elegido? ¿O será en un banco, en una casa hipotecada, en terrenos o vehículos? Cada uno deberá rendir cuentas a Dios si su tesoro no fue usado para esparcir su Palabra por medio de los pastores y maestros que Él está seleccionando.

Me dice Jesús que los que oyen su voz y gozan de la presencia del Espíritu Santo, darán todo lo que tienen a su ministerio, para que Becky y yo podamos comenzar de nuevo a viajar para compartir los mensajes de Dios. Nosotros debemos pedir que los que tengan interés en servir al ministerio Para Mi Pueblo, nos lo hagan saber. Entonces, el Señor nos guiará a aquéllos que deben unirse a nuestro ministerio. Por medio de las dádivas generosas de otros, se sostendrán y sustentarán los que sirvan en este ministerio. Jesús me revela que Él tiene muchos tenientes ansiosos de servir, listos y esperando. Algunos harán donativos a este ministerio para proveer un sistema de apoyo financiero. Otros lo verán y se unirán para dar medios económicos. Jesús me recuerda que Él seguirá dando mensajes y sueños a su pueblo. Los mensajes también incluirán un pedido de colocar todo lo que poseen a los pies del trono de Dios para sostener el Ministerio Para Mi Pueblo.

Jesús también me dice que Él tiene a muchos que han servido, pero fueron despedidos a causa de las palabras rectas que compartieron. Él tiene otros que han pecado, pero se arrepintieron y fueron perdonados. Él tiene tenientes listos y a la espera que hablan distintos idiomas. Me recuerda que he recibido instrucciones en cuanto a lo que debo hacer y cómo los llamados deben alcanzar a su pueblo. Jesús enfatiza que su pueblo es su iglesia, sus Adventistas del Séptimo Día. Él está esperando que su pueblo acepte la invitación del Espíritu Santo en cuanto al sitio para colocar sus tesoros. Por medio de todo lo que se dé, los tenientes del Padre celestial podrán ofrecerse para dar sus palabras. Muchos han pedido formar parte de la obra de Dios, pero ¿quiénes están dispuestos a colocar todo lo que poseen a los pies de su trono?

Jesús ya ha mostrado que los fondos de muchos les serán quitados. Entonces no podrán pagar sus hipotecas. Perderán sus fondos y sus hogares. Ahora tienen la oportunidad de dar todo y permitir que el Padre celestial los mantenga, o de orar más tarde, pidiendo perdón por no dar todo y haberlo perdido todo. Jesús me recuerda el Salmo 50:10, donde dice: “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados”. Me dice que haga saber que hasta el suelo sobre el cual crece el bosque, y el terreno sobre el cual caminan los animales, le pertenecen. Él es el Dueño de todo esto, por la vida que Él dio y la sangre que Él vertió. A cada individuo se le da una oportunidad de dar todo por fe, sabiendo que Dios lo mantendrá y protegerá.

Me dice Jesús que muchos han pedido una señal. Muchos han pedido respuestas a sus oraciones privadas y no privadas. Han pedido un mensaje. Han pedido dirección y ser guiados por la senda recta. A los que todavía están pidiendo, orando, buscando, ayunando y meditando, Jesús les pide que abran sus ojos, destapen sus oídos y alcen sus rostros para ver delante de sí mismos cada aspecto del clima intenso que se está permitiendo. En la Palabra de Dios se registra que habrá terremotos en varios lugares. Estamos viendo el comienzo del desatamiento de los cuatro vientos. Jesús ha dicho que permitirá que muchos vayan al descanso, algunos con la señal de Dios, y otros con la marca de Satanás. Dios ha dado muchas señales, pero muchos siguen pidiendo una señal. Dice Jesús que habrá que abreviar el tiempo, porque el espíritu de Satanás se está fortaleciendo en los que andan por el mundo. Se puede ver el espíritu de Satanás en las interacciones de los que fueron creados a la imagen de Dios, y en la falta de arrepentimiento de los que diariamente caminan bajo la sombra de Satanás. Jesús dice que Dios ha enviado un mensaje en cuanto al amor del amor de los amores en los ojos de Jesús. Muchos han dicho Amén a ese mensaje. Sin embargo, cuando Dios muestra las pautas por medio de sus mensajeros, esos mismos individuos oran pidiendo ser guiados. Pregunta Jesús, ¿“Hallaré fe, o hallaré a muchos como Tomás que tenía la necesidad de colocar su mano en la herida en mi costado? ¿Hallaré fe, o hallaré a muchos todavía pidiendo una señal cuando vaya en las nubes para llevar a mi pueblo al hogar”?

Me dice Jesús que Él les dijo a los que andan en su luz, a los que actúan y sirven por fe, a los que han sido derrotados por el control del pecado, a los que Él ha extendido la mano, limpiado el fango del pecado y levantado, que Él tiene una labor para ellos. Dice que no deben temer cada nuevo día, sino que deben permitir que Él los guíe por cada paso del camino.

Jesús me mira, me llama por mi nombre celestial, y dice que me está usando para dar instrucciones en cuanto a lo que debe hacerse ahora. En vista de las señales en el mundo que ya se han cumplido, dice a los que son como Tomás y sienten la necesidad de tocar la herida: “Sepan que las señales que habéis pedido están frente a vuestros ojos. Algunos están esperando que caigan las bolas de fuego, o que desaparezcan ciudades enteras de la faz de la tierra. A ellos pregunta Jesús: ¿Deseáis estar de pie viendo acercarse la bola de fuego que caerá sobre vosotros? ¿Será ésa vuestra señal, ver eso con vuestros ojos, clavados e incapaces de huir? Es por el amor que os tengo que envío instrucciones en cuanto a lo que debe hacerse ahora. Los que esperen, recibirán una maldición de remordimiento. Nuevamente envío un mansaje. Cada uno debe prestar atención a esta advertencia. A los que he pedido que den todo, yo di instrucciones a mi profetisa, Elena de White”. Jesús se da vuelta, señala hacia el cielo y me muestra estas palabras:

Cada uno deberá soportar la prueba por sí mismo. La fe de los miembros de la iglesia será probada en forma individual, como si no hubiera otra persona en el mundo. En el tiempo de angustia, de nada les valdrán a los santos las casas ni las tierras, porque entonces tendrán que huir delante de turbas enfurecidas, y en aquel entonces no podrán deshacerse de sus bienes para hacer progresar la causa de la verdad presente. Vi que si algunos se aferraban a sus propiedades y no preguntaban al Señor en qué consistía su deber, él no se lo hará conocer y les permitirá conservar sus propiedades, pero en el tiempo de angustia éstas se levantarán delante de ellos como una montaña para aplastarlos, y ellos tratarán de deshacerse de ellas, pero no podrán [...]. Pero si ellos desean que se les enseñe, él les hará saber, en tiempo de necesidad, cuándo y cuánto deben vender. Ahora es demasiado tarde para aferrarse a los tesoros mundanales. Casas y tierras innecesarias pronto no serán de beneficio para nadie, porque la maldición de Dios descansará más y más pesadamente sobre la tierra. Llega la invitación: “Vended lo que poseéis, y dad limosna”. Lucas 12:33. Este mensaje debiera hacerse llegar fielmente a los corazones de la gente, para que la propiedad de Dios le pueda ser devuelta en ofrendas que promuevan su obra en el mundo. Eventos de los Últimos Días, p. 221.

Jesús me dice que todos los que ahora den con fe todo cuanto puedan, para permitir que aquéllos a quienes Él llama enseñen y sirvan, serán cuidados. Se les proporcionará todo lo necesario para su vida diaria. Ahora es el momento de dar, antes del tiempo de angustia, cuando será difícil o imposible dar. Ahora es el momento de dar, para comenzar la última obra, grande e importante. Jesús les pide que lean y crean las siguientes palabras que Él le pidió a Elena de White que registrara para esta generación:

El Señor me ha mostrado repetidas veces que sería contrario a la Biblia el hacer cualquier provisión para nuestras necesidades temporales durante el tiempo de angustia. Vi que si los santos guardaran alimentos almacenados o en el campo en el tiempo de angustia, cuando hubiese en la tierra guerra, hambre y pestilencia, manos violentas se los arrebatarían y extraños segarían sus campos. Será entonces tiempo en que habremos de confiar por completo en Dios, y él nos sostendrá. Vi que nuestro pan y nuestras aguas nos estarán asegurados en aquel tiempo, y no sufriremos escasez ni hambre; porque Dios puede preparar mesa para nosotros en el desierto. Si fuese necesario, mandaría cuervos para que nos alimentasen, como alimentó a Elías, o haría bajar maná del cielo, como lo hizo en favor de los israelitas. Vi que nos espera un tiempo de angustia, cuando una severa necesidad obligará al pueblo de Dios a vivir de pan y agua [...]. En el tiempo de angustia nadie trabajará con sus manos. Sus sufrimientos serán mentales, y Dios les proveerá de alimento. El tiempo de angustia está ante nosotros, y entonces una severa necesidad requerirá que el pueblo de Dios se niegue a sí mismo y coma meramente lo suficiente para sostener la vida, pero Dios nos preparará para ese tiempo. En esa hora terrible nuestra necesidad será la oportunidad de Dios para impartir su poder fortificante y sostener a su pueblo. Pan y agua es todo lo que se promete al remanente en el tiempo de angustia. En el tiempo de angustia que vendrá inmediatamente antes de la venida de Cristo, los justos serán resguardados por el ministerio de los santos ángeles. Eventos de los Últimos Días, pp. 223-224

Jesús se pone de pie frente a mí y coloca sus manos sobre mis hombros. Me dice que las acusaciones que fueron hechas en contra mía eran solamente eso—sólo acusaciones. En forma literal, todos los acusadores se han ido. Jesús me vuelve a decir que mientras Becky y yo viajemos, debemos pedir que los que Dios mande, se unan a esta gran obra. Los que acepten obrarán milagros que no se han visto desde los tiempos de los discípulos. Los que acepten, irán adelante y enseñarán conforme a las palabras de Dios. Muchos aprenderán. Jesús dice que les enviará su Espíritu. Debemos saber que ahora es el momento de entregar todo al pie del trono. Ahora es el momento de comenzar. Ahora es el momento de decidir donde cada uno desea vivir. ¿Desea vivir en una casa cómoda, o en una casa alquilada, listos para ir adonde sean enviados? Cada uno debe decidir si va a almacenar tesoros en esta tierra, o invertirlos en almas para el cielo. Jesús revela que sus tenientes predicadores se han preparado para ir a la batalla que está justo delante de nosotros. Los medios económicos para todo esto serán provistos. Jesús pide que los que puedan dar, den todo ahora. Él dice, “Es cierto que nuestro Padre es el Dueño de todos animales de los collados. ¿Hallaré fe”?

Para resumir, Jesús enseña que los que creen los mensajes y desean escucharnos a Becky a mí compartirlos para ser fortalecidos, deben enviarnos una invitación para ir. Los que deseen ayudar con la obra final deben presentarse a nosotros como candidatos dispuestos para servir en nuestro ministerio. Dios nos enseñará quiénes deben servir. Aquéllos a quienes Él ha ordenado y puesto en su servicio, pero que han caído y se han arrepentido, como Pipim y Hohnberger, si están dispuestos, deben levantarse para servir en el Ministerio Para Mi Pueblo. Éstos deben responder al llamado de ir adelante y hacer la obra, sabiendo que se les proporcionará todo para sus necesidades. Ellos deben salir a manifestar el poder del Espíritu Santo, junto con los que Yo he ungido, como Hugo Gambetta, y que han sido descartados debido a la verdad que creen y enseñan.12 Jesús los llama a ir adelante en su nombre con los mensajes del cuarto ángel que Él ha enviado para ser proclamados por su pueblo. Deben salir con dos megáfonos, uno en cada mano. Deben ponerse en alto, donde todos los puedan ver. Aquéllos que los han acusado verán y oirán a quiénes Dios ha llamado para dar sus mensajes. Salgan como salieron los discípulos con el poder y fuerza que les dará el Espíritu Santo. Levántense a enseñar, predicar, servir y ponerse en pie, unidos como el verdadero pueblo de Dios, su verdadera Iglesia Adventista del Séptimo Día—los que estén unidos en la adoración y en las enseñanzas de la Biblia y el Espíritu de Profecía por medio de Elena de White, unidos en los mensajes que Dios ha enviado en estos tiempos finales por sus profetas—levántense juntos, unidos como un solo hombre, como su pueblo y su iglesia, unidos en sus mensajes.

Jesús me pregunta qué hora es por mi reloj. Miro hacia abajo, me quito el reloj de la muñeca y lo pongo en mi bolsillo. Le digo que mi tiempo es suyo, y que no me guío por mi reloj, sino que todo se cumplirá conforme al tiempo suyo y por su reloj.

Jesús me abraza y me dice que está ansioso de poder estar conmigo otra vez. Dice, “Dile a mi pueblo que estoy ansioso de que llegue el día cuando pueda abrazar y caminar con cada uno de mi pueblo. No expresen remordimiento a causa de mis palabras, sino regocijo, ¡porque voy presto”!


    1. Juan 2:13-16
      Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
    2. Manuscript Releases (Manuscritos), tomo 19, p. 242
      De los que guardan los mandamientos de Dios, de los que no viven sólo de pan, sino por cada palabra que sale de la boca de Dios, de ellos está compuesta la iglesia del Dios viviente. [Trad.]

      Los Hechos de los Apóstoles, p. 10
      Desde el principio, las almas fieles han constituido la iglesia en la tierra.

      Ibíd., p. 44
      Hasta el fin del tiempo, la presencia del Espíritu ha de morar con la iglesia fiel.
    3. El Deseado de Todas las Gentes, p. 454
      El Testigo verdadero dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo.” Apocalipsis 3:20. Toda amonestación, reprensión y súplica de la Palabra de Dios o de sus mensajeros es un llamamiento a la puerta del corazón. Es la voz de Jesús que procura entrada. Con cada llamamiento desoído se debilita la inclinación a abrir. Si hoy son despreciadas las impresiones del Espíritu Santo, mañana no serán tan fuertes. El corazón se vuelve menos sensible y cae en una peligrosa inconsciencia en cuanto a lo breve de la vida frente a la gran eternidad venidera. Nuestra condenación en el juicio no se deberá al hecho de que hayamos estado en el error, sino al hecho de haber descuidado las oportunidades enviadas por el cielo para que aprendiésemos lo que es la verdad.
    4. Marcos 13:33-37
      Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

      Jeremías 8:19-20
      ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas? Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.

      The Signs of the Times (Las Señales de los Tiempos), 13 de agosto de 1894
      El destino solemne de las cinco vírgenes fatuas, presentado en la parábola de las diez vírgenes, se registra como advertencia para aquéllos que, aunque profesan la fe de Cristo, se han enfriado y alejado.

      Las cinco vírgenes fatuas representan a los cristianos mundanos, descuidados, indolentes y satisfechos consigo mismos. Poseen una expectativa tranquila de algún día ir al cielo, pero no han purificado sus almas con la obediencia de la verdad.

      Las cinco vírgenes fatuas poseían un verdadero interés en el evangelio. Conocían la norma perfecta de la justicia; pero el amor propio paralizó sus energías; porque vivían para complacer y glorificarse a sí mismas, y no tenían el aceite de la gracia en sus vasijas para reabastecer sus lámparas. Con frecuencia las afligía el enemigo, quien conocía sus flaquezas y ponía delante de ellas una apariencia de luz. La verdad, la verdad preciosa, vivificante, representada por el aceite, les parecía sin importancia, y Satanás se aprovechó de su ceguera, ignorancia y fe débil. Ellas poseían una experiencia fluctuante, basada en principios inestables. [Trad.]

      El Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 5, p. 1075
      Todos los que esperan al Esposo celestial están representados en la parábola como dormidos, porque su Señor demoraba su venida; pero los prudentes se despertaron ante el mensaje de su aproximación, respondieron al mensaje, no perdieron todo su discernimiento espiritual, y se pusieron en acción. Su experiencia religiosa se robusteció e incrementó al aferrarse de la gracia de Cristo, y pusieron su afecto en las cosas de lo alto. Comprendieron dónde estaba la fuente de sus recursos y apreciaron el amor que Dios les prodigaba. Abrieron su corazón para recibir el Espíritu Santo, por el cual el amor de Dios fue derramado en su corazón. Arreglaron y encendieron sus lámparas, las cuales proyectaban constantes rayos de luz a las tinieblas morales del mundo. Glorificaron a Dios porque tenían el aceite de la gracia en su corazón e hicieron la misma obra que su Maestro había hecho antes que ellos: fueron a buscar y salvar a los que estaban perdidos.

      The Review and Herald (La Revista Adventista), 27 de marzo de 1894
      Las cinco vírgenes fatuas tenían lámparas (esto significa un conocimiento de la verdad de las Escrituras), pero no poseían la gracia de Cristo. Día tras día cumplían con una serie de ceremonias y tareas externas, pero su servicio era inánime, carente de la justicia de Cristo. [Trad.]
    5. Testimonios para los Ministros, p. 106
      El Señor a menudo obra donde nosotros menos lo esperamos; nos sorprende al revelar su poder mediante instrumentos de su propia elección, mientras pasa por alto a los hombres por cuyo intermedio esperábamos que vendría la luz. Dios quiere que recibamos la verdad por sus propios méritos, porque es la verdad.

      Ibid., p. 107
      Nadie debe pretender que tiene toda la luz que existe para el pueblo de Dios. El Señor no tolerará esta condición. El ha dicho: “He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Aun cuando todos nuestros hombres prominentes rechacen la luz y la verdad, esa puerta permanecerá aún abierta. El Señor suscitará a hombres que den a nuestro pueblo el mensaje para este tiempo.
    6. Apocalipsis 12:10
      Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
    7. Historia de los Patriarcas y Profetas, p. 97
      Hablando por inspiración divina, Noé predijo la historia de las tres grandes razas que habrían de proceder de estos padres de la humanidad. Al hablar de los descendientes de Cam, refiriéndose al hijo más que al padre, manifestó Noé: “Maldito sea Canaán, siervo de siervos será a sus hermanos”. Génesis 9:25. El crimen antinatural de Cam demostró que hacía mucho que la reverencia filial había desaparecido de su alma, y reveló la impiedad y la vileza de su carácter. Estas perversas características se perpetuaron en Canaán y su descendencia, cuya continua culpabilidad atrajo sobre ellos el juicio de Dios.
    8. Romanos 3:23
      Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
    9. Juan 8:7-11
      Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
    10. The Review and Herald (La Revista Adventista), 16 de agosto de 1898
      Los seguidores de Cristo deben predicarlo por precepto y por ejemplo. Deben suplicar a sus semejantes que no se abastezcan de sólo una porción terrenal, privándose así de la felicidad eterna. "No os hagáis tesoros en la tierra”, dice Cristo, “donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. El que guarda su tesoro junto al trono eterno, se hace partícipe de los atributos celestiales. Aprecia y disfruta de los atributos divinos y las bendiciones temporales de una manera que el mundano no es capaz de comprender. [Trad.]

      Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 308
      Dios desea que escojamos lo celestial en vez de lo terrenal. Nos presenta las posibilidades de una inversión celestial. Quisiera estimular nuestros más elevados blancos, asegurar nuestro más selecto tesoro. … Cuando hayan sido arrasadas las riquezas que la polilla devora y el orín corrompe, los seguidores de Cristo podrán regocijarse en su tesoro celestial, las riquezas imperecederas.

      Mejor que toda la amistad del mundo es la amistad de los redimidos de Cristo. Mejor que un título de propiedad para el palacio más noble de la tierra es un título a las mansiones que nuestro Señor ha ido a preparar. Y mejores que todas las palabras de alabanza terrenal, serán las palabras del Salvador a sus siervos fieles: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34.

      A aquéllos que hayan despilfarrado sus bienes, Cristo todavía da oportunidad de obtener riquezas duraderas. El dice: “Dad, y se os dará”. “Haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe”. Lucas 6:38; 12:33.

      “A los ricos de este siglo manda... que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano a la vida eterna”. 1 Timoteo 6:17-19.

      Permitid, pues, que vuestra propiedad vaya antes que vosotros al cielo. Haceos tesoros junto al trono de Dios.
    11. Manuscript Releases (Manuscritos), tomo 8, p. 305
      Cuando gastamos el dinero sin necesidad y no lo colocamos a su disposición, robamos la tesorería del Señor. Dios no ha designado que miles de libras [esterlinas] sean encerradas en bancos o en inversiones, sino que se usen sabiamente. Oh, ¡cuánto anhelo ver que su obra avance con la rapidez que debiera! Si tan solo permitiéramos que circulasen algunos de los medios económicos que yacen inútiles en bancos e invertidos en casas y terrenos innecesarios, ¡cuán grande sería la bendición a la causa! ¡Con cuánta velocidad se esparciría a todo el mundo la luz de la verdad presente!

      Ha avanzado demasiado la historia de este mundo para darse el gusto de vivir holgados y ociosos. Ninguno debiera pensar acaparar sus medios económicos para los años futuros, sino que deben invertir sus medios para fomentar nuevos intereses en lugares donde hay necesidad de la verdad. Si todos los profesos seguidores de Cristo hubiesen hecho esto, se hubiesen obrado grandes cambios en nuestras ciudades. [Trad.]

      The General Conference Bulletin (Boletín de la Asociación General), 1o de octubre de 1896.
      Si en realidad viene el Señor, es hora de vender lo que poseéis y dar limosna. Es hora de llevar vuestro dinero a los banqueros, hora de colocar cada dólar que podáis en la tesorería del Señor, para que se puedan erigir instituciones para educar obreros, quienes serán educados como se educaban los que asistían a las escuelas de los profetas. Si viene el Señor y os halla haciendo esta clase de obra, Él dirá, "Bien hecho, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor”.

      El Señor ha confiado sus bienes y la inversión de su capital a sus siervos, y Él espera que ellos sean diligentes y activos, atentos a los intereses de su reino. Todos deben ser obreros, pero la carga de responsabilidad más pesada descansa sobre los que tienen los mayores talentos, los mayores medios económicos, las oportunidades más abundantes. Seremos justificados por la fe, y juzgados por nuestras obras. [Trad.]
    12. Testimonios para los Ministros, p. 409
      Muchos ocuparán nuestros púlpitos sosteniendo en las manos la antorcha de la falsa profecía encendida por la infernal tea satánica. Si se albergan dudas e incredulidad, los ministros fieles serán retirados de entre aquéllos que creen saber tanto. “¡Oh, si también tú conocieses—dijo Cristo—a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos”.


martes, 16 de agosto de 2011

El entretenimiento Vs. La verdad


16 de julio de 2011

por Ernie Knoll

www.formypeople.org



En mi sueño, estoy caminando por un sendero. En ambos lados, varios árboles, arbustos y flores exhalan un aroma encantador. Los árboles están llenos de aves que cantan la gloria de su Creador. Escucho el crujir de las hojas debajo de mis pies. Ya han comenzado a caer y yacen esparcidas por el sendero, suavizando mis pisadas. Aunque estoy plenamente consciente de lo que me rodea, mi mente está conversando continuamente con mi Padre celestial. Me preocupa el hecho de que el remanente será tan pequeño. Un mensaje de preparación fue dado—confesad y pedid perdón de vuestros pecados. Sin embargo, tantos han hecho caso omiso de los mensajes que se me ha dicho que debo compartir. Esos individuos, en vez de arrepentirse mientras hay tiempo, dicen que yo soy un profeta falso, y rehúsan recibir los mensajes de Dios. Algunos dicen que aun los profetas falsos dan mensajes de arrepentimiento. Algunos son tan convincentes, que hacen que otros crean sus dudas y críticas. Los que escuchan a esos individuos no se molestan por confirmar por sí mismos si lo que se les ha dicho es verdad.

Mientras sigo caminando, le digo a mi Padre celestial que todavía me siento muy solo en mi camino. Le digo que he comunicado sus mensajes. Sin embargo, me preocupan esos individuos que recibieron la reprensión pero no se han arrepentido humildemente. Le digo que me acusan de ser un fraude, de no haber compartido nada nuevo. Le digo al Padre que hace dos inviernos Él me dijo de los cambios en el clima que iban a acontecer, y han llegado. Pienso del frío, la nieve y el hielo que vimos el invierno pasado. Recuerdo que se me mandó a decir en cuanto a los tornados, la muerte y la destrucción que vendrían en la primavera. Se me dijo de la lluvia, y de la nieve y el hielo que se derretirían, nuevamente trayendo muerte y destrucción. Se me advirtió de los incendios y del calor sin precedentes que este verano traería, y que causaría más muertes. Pienso que todo esto ha acontecido.

Entonces me paro y miro detrás de mí al sendero por donde he caminado. Recuerdo los errores que he cometido y sé que Dios me ha perdonado. Sin embargo, todavía me siento solo. En una oración sincera a mi Padre, le pido que pase mi responsabilidad de mensajero a otra persona. Le digo que debido a los errores que cometí, he causado dudas en los que antes habían creído. Ahora ellos, unidos a una voz, dicen que no se me debe escuchar. Le pregunto de qué valen los mensajes que estoy preparando si se me considera un fraude. Miro hacia el suelo, me arrodillo en la alfombra de hojas y cierro los ojos. Nuevamente, le pido a mi Padre celestial que busque a otra persona que le sirva como su último mensajero para despertar a los laodicenses dormidos, porque he embarrado con lodo el manto que Él me dio. Le digo que le he causado gran perjuicio y le ruego que le entregue el manto a alguien que lo merezca más que yo.

Entonces, siento una mano cálida sobre mi hombro derecho. Abro los ojos y veo que esa mano me ayuda a ponerme en pie. A través de mis lágrimas, miro a los ojos hermosos que sólo se pueden describir como el amor del amor de los amores. Es Jesús, mi Hermano y Salvador. Le digo que necesito hablar con Él acerca de tantas cosas, y que he compartido los mensajes que Él me pidió que compartiese. Le explico que no deseo estar aquí en la tierra, que no quiero estar aquí más tiempo. Le digo que yo sé que Él se llevó a Enoc y a Elías al cielo, y que Moisés descansó, pero fue resucitado y ahora camina por el cielo. Lloro y le ruego que me lleve al cielo ahora. Recuerdo las cosas que he visto allá y los otros planetas y las cosas a lo largo del universo. Pero, yo todavía camino por este mundo oscuro, enfermo y lleno de pecado. Le digo a Jesús que no puedo seguir caminando por esta tierra. Él extiende la mano y enjuga las lágrimas de mi rostro. Cuando Él comienza a hablar, escucho una calma en su voz que tranquiliza mi alma. Y entonces me doy cuenta de que muchos ángeles han venido para acompañar a Jesús. El Heraldo está de pie a su derecha. Veo a muchos ángeles distintos, en ambas direcciones, a lo largo del sendero. Las aves dejan de cantar y todo queda en silencio. Jesús mira hacia el Heraldo y sonríe. El Heraldo comienza a cantar suavemente, y todos los ángeles se unen a él. Jesús se vuelve hacia mí y dice, “Caminemos juntos hasta ese día cuando, si sigues siendo fiel, caminaremos juntos siempre”. Mientras seguimos caminando por el sendero, me doy cuenta de que las hojas que se estaban pudriendo, vuelven a vivir y nuevamente lucen un verde vivo. Las hojas que habían terminado de cumplir con su propósito, ya no sufrían de la maldición del pecado. Jesús tiene las llaves de la muerte y de la vida. Inmediatamente, recuerdo Juan 11:25, donde Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Yo comprendo y recuerdo que, aunque este texto se refiere a los seres humanos, Jesús es vida para toda su creación, aun con el simple toque de su pie. Yo sé que esas hojas sólo han sido restauradas durante los momentos que caminemos, pero todos los que acudan a Jesús tendrán la vida eterna con Él. Comienzo a preguntarme a mí mismo, si el motivo por el cual Jesús no va a tocar la tierra cuando regrese, es porque su poder es tan grande que el simple toque de su pie restauraría todo a la vida.

Ahora miro al rosto sereno de Jesús y le digo que tengo varias preguntas y mucho que decirle. Me mira con una sonrisa y dice: ¡“Qué bueno que este sendero es largo”! Me río y al caminar juntos, Él coloca su brazo izquierdo alrededor de mi hombro y me abraza. A lo lejos, los ángeles siguen cantando suavemente.

Jesús me explica que Él ha escuchado mis plegarias al Padre, y que yo fui seleccionado para servir como un mensajero antes de nacer. El sendero que caminé anteriormente fue permitido para que yo llegase a este punto de comprensión. Nuevamente, abraza mi hombro, me llama por mi nombre celestial y me dice que hay algo que yo debo saber. Me explica lo siguiente. El nombre que me dieron mis padres fue determinado de antemano por Dios, porque Él sabía que yo iba a ser llamado para servir. Aunque yo uso el nombre “Ernie”, ése no fue el nombre que me dieron mis padres. El nombre que aparece en mis documentos legales es el nombre verdadero que mis padres me dieron. El nombre que me llaman en mis sueños es el nombre por el cual me llamarán en el cielo, si sigo siendo fiel. Eso no quiere decir que yo he sido predestinado para ser salvo, porque la predestinación no es de Dios. Para poder recibir mi nombre celestial, yo tengo que tomar la decisión de seguir a Dios y permanecer fiel. Ése es un nombre que no recuerdo una vez concluido el sueño. En el cielo, cada uno de los salvados recibirá un nombre nuevo. Ese nombre será la descripción del carácter de ese individuo.

Mi verdadero nombre completo, el que recibí al nacer y documentaron mis padres, es Earnest Ray Knoll. Jesús también me explicó que, tal como mi nombre celestial tiene un significado especial, el nombre que mis padres me dieron también tiene un significado especial. Mi nombre de pila “Earnest” significa “verdad”. (Se puede buscar en www.name-meanings.com) Yo también he deletreado mi nombre “Ernest”, sin la letra “a”. Ese nombre también significa “verdad”. Mi apodo, “Ernie”, también significa “verdad”. De manera que, las tres variaciones de mi nombre de pila significan “verdad”, “verdad” y “verdad”.1 Esto se puede ver en el título del libro en mi sitio web, el cual se me instruyó en el sueño “La Sala de Juntas” que debía ser la VERDAD, toda la VERDAD y solamente la VERDAD. (El libro la VERDAD incluye el sueño, “La Sala de Juntas”.) Le digo a Jesús que algunos me han denunciado, diciendo que el libro la VERDAD fue escrito solamente para defenderme a mí mismo. Tal como fue mencionado en el sueño anterior, se me indicó que yo no debía participar en la escritura del libro. También me fueron indicados cuáles temas el libro debía incluir. Se me permitió escribir la dedicatoria del libro, pero otros individuos accedieron a ayudar a escribirlo, por medio de la dirección del Espíritu Santo. Ahora Jesús señala hacia la derecha, y veo aparecer las siguientes palabras:

En ciertas ocasiones puede ser necesario que el siervo de Dios vindique su propio carácter y defienda su proceder, para que el nombre del Señor sea glorificado y no caiga reproche sobre la verdad. Todos los que son desatendidos o tratados injustamente deben seguir el ejemplo de Samuel, ocupándose de no hacer resaltar al yo, sino de mantener el honor de Dios. En vez de dilatarse en los agravios que ha sufrido, muestre el ofendido cómo ellos han herido a Cristo en la persona de su siervo. De esa manera, muchos corazones serán llevados a la humillación y al arrepentimiento; de otra manera, si se despiertan los sentimientos personales, los corazones quedarán tan duros como la piedra. Signs of the Times (Señales de los Tiempos), 27 de julio de 1882 [Trad.]

Jesús me dice que, a veces. es importante que los que sirven a Dios se defiendan para glorificarle a Él.

Jesús sigue diciéndome que, aunque he fracasado muchas veces con el paso de los años, los ángeles celestiales me han protegido. Nos detenemos y nuevamente todo queda en silencio. Jesús se detiene delante de mí, y coloca las manos sobre mis hombros. Me explica que mi nombre, que significa “verdad”, no fue el único nombre que recibí. Él dijo que mucho antes de que yo fuera concebido, se me llamó Earnest Ray Knoll. El nombre Ray significa un protector sabio, o un faro de luz brillante y protectora. Mi apellido Knoll, significa un morador en la cima o cerca de la cima de un monte. Jesús dice que mi nombre fue seleccionado mucho antes de que yo existiera para servir como un protector sabio de una luz brillante sobre un monte, para hacer brillar la verdad—para servir de mensajero de la verdad, toda la verdad y solamente la verdad. Para contestar las preguntas que otros han hecho: Cuando se dijo en el sueño anterior que yo sirvo como el último mensajero de la iglesia de Dios, no fui yo quien lo dijo, sino el Heraldo, quien trajo un mensaje del trono de Dios. Otros también recibirán sueños.

Jesús y yo comenzamos a caminar de nuevo, y los ángeles comienzan a cantar suavemente. Al ver las hojas que vuelven a vivir mientras Jesús y yo caminamos, le pregunto si Él resucitará las mascotas para que podamos disfrutar de ellas en la Tierra Nueva, tal como las disfrutamos en esta tierra. Jesús explica que se han escrito libros sobre ese tema, en los cuales se presentan ideas sin fundamento en las verdades bíblicas. Él dice que debemos comprender que Él vino para salvar a los que fueron creados a su imagen—a sus hermanos y hermanas.2 Los animales no fueron creados a la imagen de Dios. Jesús no vino para salvar a los animales, sino que los creó para darnos placer. Jesús también explica que Él hará nuevas todas las cosas.3 Él no va a resucitar a los animales; por lo tanto, ni en el cielo ni en la Tierra Nueva habrá mascotas de la tierra. De manera que la respuesta a mi pregunta no es un “quizá” ni un “veremos”, sino un “no”. Aquéllos que creen que no serían felices en el cielo sin su mascota de la tierra, no estarán en el cielo.

Entonces, Jesús me recuerda que en el último sueño Él extendió invitaciones específicas a ciertos individuos que fueron nombrados. Él ha esperado que ellos se humillen y se arrepientan. Él me dio a conocer que Satanás les ha inducido a llamarme un mensajero falso, aunque yo fui creado para ser el mensajero de la verdad.

Jesús me relata que en el último sueño me fue dicho en cuanto a la ira de Dios, y que será derramada sobre la superficie de la tierra como un líquido espeso. Me revela que la última oportunidad de arrepentimiento para los individuos nombrados, se cerrará cuando eso se cumpla. Si rehúsan hacerlo, para ellos se cerrará la puerta de la gracia, y ellos resucitarán en la segunda resurrección para recibir su juicio final. Los que se arrepientan humildemente recibirán la misericordia de Dios.

Nos detenemos y Jesús señala hacia la derecha. Veo una representación de algo que sé ocurrirá en el futuro. Veo que un ángel alto toma en sus manos algo que parece una vasija grande de barro que tiene asas grandes en ambos lados. Él comienza a verter un líquido muy espeso, que cae sobre la faz de la tierra en cantidades iguales por todo el mundo.4 Cuando el ángel terminó de verter la última gota, regresó al Padre celestial para dar el informe de que había terminado su tarea. Cuando vuelvo a mirar hacia la superficie de la tierra, veo desolación por todas partes. No ocurre todo al mismo tiempo, sino sucesivamente. Los incendios consumen mucho de lo que hay en su alrededor. Habrá más huracanes y tornados; habrá sequías en ciertas partes e inundaciones en otras. Veo más calor y frío intensos. Muere mucha gente; muchos se desesperan de la vida, porque no es posible obtener las cosas que necesitan, y ya no le piden a Dios que se las proporcione. De repente, termina toda la escena. Jesús me recuerda que anteriormente se me había mostrado lo que acabo de ver, y que yo presenté fielmente los mensajes de advertencia para que su pueblo pudiese preparar sus corazones. Aquéllos que presten atención cuidadosa a las advertencias, harán los preparativos.

Entonces veo desenvolverse delante de mí una escena espantosa. Le pregunto a Jesús cuándo eso ocurrirá. Él me contesta que ése es el motivo por el cual he sido llamado para servir como el mensajero final. Éstos son los últimos momentos cortos de la historia de esta tierra. Es por esto que repetidas veces se me ha dicho que presente un mensaje de arrepentimiento. El evento que se me mostró se conocerá y se verá tan claramente como el evento que se iba a notar claramente cuando a Martha se le dio una oportunidad para arrepentirse (del sueño “Justicia y Misericordia”). Este evento venidero lo notarán los que pueden ver, oír y sentirlo. ¡La pérdida será grande!

Cuando Jesús y yo comenzamos de nuevo a caminar, me explica lo siguiente: A los detractores principales del Ministerio Para Mi Pueblo, los que tienen mucha influencia, y a los individuos nombrados que no se han arrepentido públicamente, se les dará plazo hasta ese evento para arrepentirse. Ésta es su última oportunidad. ¿Permitirán que su orgullo preceda su perdición? Jesús extendió sus brazos y piernas para ser crucificado. Lo único que se les pide a estos individuos es que admitan sus debilidades y sus mentiras. Es preferible que cada una de esas personas se humille ahora, y no que deseen arrepentirse cuanto Jesús mande el fuego purificador sobre ellos. Se han presentado pruebas de que las declaraciones que ellos han hecho no concuerdan con la Biblia y el Espíritu de Profecía. Si no se arrepienten para cuando ocurra el evento, habrán agraviado al Espíritu Santo y quedarán sellados fuera del “arca”. Ellos tendrán sus propios “siete días” para preguntarse si han estado equivocados y necesitan arrepentirse. Si de ellos no proviene ningún arrepentimiento, no volverán a ser mencionados en mis sueños, y volverán a la vida en la última resurrección, para recibir el juicio de muerte eterna. Ellos comprenderán que, tal como murieron defendiendo sus creencias de origen satánico y llevaron a otros a creer sus ideas, todos juntos estarán en pie para reconocer las mentiras de su maestro, Satanás. Clamarán a Jesús, pero Él no los conocerá.

Esa escena se cierra y Jesús me dice que no debo dar los detalles de lo que he visto. Le digo que muchos dirán que yo debiera presentar los detalles como una advertencia. Sin embargo, Jesús desea que su pueblo se concentre en el arrepentimiento y no en los acontecimientos.

Ahora, Jesús comparte mensajes importantes del sueño, “La Iglesia Adventista”. Vi los cultos de adoración erróneos, donde los miembros piden la presencia del Espíritu Santo, pero otro espíritu está presente. Se me mostró la forma correcta de adorar. Si no hay iglesias donde esté presente el Espíritu Santo, es preferible adorar en casa, aunque sea sólo una persona. El Espíritu Santo y un coro de ángeles se harán presentes.

Jesús y yo nos detenemos y Él me explica que con el paso del tiempo, los cultos de adoración en las Iglesias Adventistas del Séptimo Día han deteriorado. Me manda a compartir las siguientes escenas que observo. Veo cultos de adoración que parecen más entretenimiento que culto. Los oradores relatan muchas historias a la congregación, la cual se asemeja más una concurrencia. Algunas historias provocan risa de los miembros. Algunos miembros aplauden para mostrar su aprobación. Los oradores no hablan del Padre celestial, de Jesús ni del Espíritu Santo.

En otra escena, el culto se centra en cantar muchos cantos modernos de alabanza. El orador relata una historia para que “se sientan bien”, sin nada de la Biblia ni del Espíritu de Profecía.5 Los miembros aplauden y mueven las manos en el aire. Algunos corren por los pasillos diciendo que “han recibido el espíritu”. Me asombra que los dirigentes no estén haciendo algo para que las iglesias no sigan cayendo más profundamente en la apostasía y en el espiritismo.

La escena cambia y ahora estoy observando un culto carismático en una iglesia de la raza negra. Dice Jesús que ellos lo justifican debido a sus antecedentes culturales.6 Observo a un hombre vestido de una toga negra que predica con voz muy fuerte y salta por la plataforma. Escucho a muchos de los miembros gritar con irreverencia: “Amén”, “Diga la verdad”, “Dígala con claridad”, “Háblenos cabalmente”, o “Señor, ten misericordia”. Escucho muchos de estos comentarios sacrílegos. Jesús me pregunta cómo es posible que ellos piensen que ese tipo de culto honra y glorifica a un Dios santo y justo, cuando aun los ángeles cubren sus rostros cuando están en la presencia del Padre. Cuando estos miembros se reúnen para adorar, el Espíritu Santo no está presente.

De nuevo cambia la escena y veo un culto donde los miembros cantan cantos de alabanza mientras alzan las manos y se menean al compás de la música. El orador los invita a pasar adelante para danzar con alabanza, tal como danzó David en la Biblia.7 Veo pasar adelante a muchos de varias edades; van hacia el sitio preparado para las danzas. La música de la banda en vivo produce un culto que no es ni santo ni reverente. Recuerdo el sueño, “Reverenciad mi Santuario” que explicó cómo los ángeles reverencian el trono de Dios.

Jesús me explica que todo el día sábado debe ser un período de reverencia, cuando Dios camina con cada uno de sus hijos. Sin embargo, Él no camina con los que participan en los cultos de entretenimiento. Jesús sigue explicándome que justo antes de que cierre la gracia, éstas son las cosas que se verán, y que están aconteciendo ya. Por eso, ahora es el momento para arrepentirse. El período de gracia para la iglesia de Dios está por terminar. Esa puerta se está cerrando y los que no estén preparados, caerán. Sin embargo, la verdadera iglesia de Dios no caerá. Jesús me dice que las escenas que acabo de presenciar no forman parte de la verdadera iglesia de Dios.

Entonces, Jesús me muestra muchas escenas de individuos solos el sábado por la mañana, leyendo en sus casas porque no hallan una buena iglesia a la cual asistir. Ángeles los rodean. Otras escenas muestran a grupitos pequeños que se han unido para adorar en distintos hogares. Otra escena muestra un grupo reunido debajo de un árbol en la ladera de una montaña. Entonces, veo algunos edificios con un letrero al frente que dice, “Iglesia Adventista del Séptimo Día”. Existen iglesias fieles que no ceden a la presión de la directiva de la asociación. Jesús me explica que los individuos que acabo de ver, y otros como ellos, componen su pueblo y su iglesia. Esa iglesia no caerá. Las iglesias grandes, hechas de granito, con sus elegantes candeleros y entretenimiento, caerán; pero su iglesia no caerá. Los fieles van a Dios pidiendo que Él los guíe; y cuando vean las señales y maravillas, tendrán discernimiento.8

Entonces Jesús me muestra una escena de individuos cuyos nombres no serán mencionados. Ellos ocupan puestos como dirigentes o ministros. Antes de aparecer ante la gente, los veo ponerse una máscara blanca, para aparentar ser buenos y esconder su verdadera identidad. Sonríen y dicen cosas suaves y pulidas. Hay otros individuos que sirven en sus propios ministerios y no forman parte de una asociación establecida. Sin embargo, ellos son controlados por los mismos dirigentes que llevan las máscaras. La mano de Satanás ha colocado a todos esos individuos enmascarados, para así controlar y dirigir las iglesias infieles. Ellos pretender servir, pero lo que hacen es delegar y dar órdenes, y la gente los sigue como ovejas yendo al matadero. En la resurrección final, esas ovejas estarán en pie junto con sus dirigentes. A ellas se les ha dicho que deben examinarlo todo.

Recuerdo el sueño “Dos Autos”, donde los que entraron al restaurante recibieron un plato de guisado con carne y una barra de pan. Recuerdo que el pan representa a Jesús, nuestro sacrificio, y la carne es su Palabra. El caldo representa al Espíritu Santo. Los miembros de las iglesias donde hay entretenimiento, no reciben comida que los alimente para crecer. No reciben alimento espiritual, porque se los entretiene, mientras que se menosprecian la Biblia y el Espíritu de Profecía. Son ovejas muertas de hambre espiritualmente. Recuerdo que Jesús se refirió a Jeremías 3:15. “Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y con inteligencia”.

Entonces, Jesús me muestra cómo los miembros de iglesia pasan el sábado por la tarde. En una escena, me muestra que para muchos es cosa común ir a un restaurante. Usan la excusa de que sería un pecado cocinar el sábado. En vez de preparar el viernes el alimento para el sábado, pecan al pagar por la comida el sábado y al hacer que otro peque al cocinar para ellos. Hay otros que creen que es bueno “hacer el bien el día sábado”, y participan en proyectos en la comunidad que requieren mucho trabajo, tal como pintar la casa de una persona necesitada o cosechar los productos de una hortaliza. Esos individuos están quebrantando el cuarto mandamiento de Dios. El sábado fue creado para que el hombre descansara. Éstas son actividades de la “iglesia emergente”. (Para ver otros ejemplos del movimiento de la iglesia emergente, lea el libro la VERDAD.)

Se cierra esa escena y Jesús me dice que va a darme otro mensaje de consejo y reprensión. No es para todos, sino para los que desean seguir a Jesús. Una vez más habla sobre el diezmo. El diezmo es una oportunidad para devolver a Dios una ofrenda de gratitud con fe. Debe colocarse de inmediato en el alfolí de Dios; nunca se debe almacenar. La obra del Padre debe ser continua, no sólo cuando los individuos decidan devolver el diezmo. Los que no devuelven el diezmo, sino que pagan sus cuentas o hacen provisión para sí mismos, muestran una falta de fe. Nuestro Padre no bendecirá a los que no muestren fe o muestren poca fe. Aquéllos que continuamente devuelven el diezmo recibirán bendiciones. Los que devuelven un segundo diezmo o más, recibirán ricas bendiciones. Nuestro Padre no necesita nuestro diezmo. Él ya es el Dueño de todo. Con la misma facilidad con la que Dios crea la lluvia que cae, Él podría crear dinero para los que lo necesitan. Él es el Dueño y Creador de todo. Él permite que cada uno juegue un pequeño papel. Pero, tristemente, muchos desperdician esta oportunidad. Hace falta mucha oración para pedir orientación en cuanto a dónde colocar el diezmo. Muchos diezmos se desperdician. Muchos oran para que se termine la predicación del evangelio, pero no desean participar en la terminación de la obra.

Se me muestra que esta tierra ha llegado al final de su sendero. Entonces, ¿por qué tantos están almacenando fondos para seguir viviendo en esta tierra? Algunos botan el dinero; porque lo invierten, lo gastan en el salón del juego, o compran billetes de la lotería con la esperanza de obtener ganancias. Otros piden dinero prestado, porque chanchulleros les dicen que van a recibir una gran herencia si envían ciertos fondos antes de recibirla.9 Mucho mejor sería hacer un préstamo para apoyar la obra de Dios. Sin embargo, hay que recordar que siempre es bueno evitar las deudas.10 Otros chanchulleros dicen que el individuo ha ganado una lotería, o que un familiar ha muerto y les ha dejado dinero. Tal como dice Mateo 10:16, debemos ser “prudentes como las serpientes”.

Otra vez, Jesús y yo comenzamos a caminar. Él me informa que pronto Becky y yo volveremos a viajar para compartir sus mensajes. Él proveerá los fondos necesarios, y me recuerda el sueño titulado, “El Buen Chofer”, en el cual un tobogán largo se extiende desde una ventana en el cielo hasta la tierra. La ventana se abre lentamente hacia arriba y de la abertura cae algo que parece monedas de oro, las cuales se amontonan en el suelo. Ellas siguen cayendo, y el montículo sigue creciendo. Jesús me dice que, pronto aquéllos que tienen muchos recursos para proveer para esta obra, harán donativos y los mensajes alcanzarán a los que desean escucharlos. Los que oigan la voz del Espíritu Santo darán todo para difundir estos mensajes. A los individuos que den todo con fe, se les devolverá todo, multiplicado muchas veces. Job perdió todo, pero se le devolvió todo con creces. En sueños y visiones, Dios también enviará instrucciones a individuos para que ellos donen, de manera que sus mensajes puedan llevarse a su pueblo. Hay muchos más que están listos para sostener la difusión de los mensajes. Al cumplirse los últimos momentos, ellos darán todo.

Jesús revela que ahora es el momento de apoyar la difusión de los mensajes. En un esfuerzo de parte de los gobiernos mundiales por corregir los problemas financieros, el dinero que muchos tienen ahora les será quitado.11 Ahora es el momento de colocar los fondos disponibles en la obra de Padre.12 Como resultado de leyes nuevas, pronto será difícil hacerlo. Está por promulgarse una nueva ley que cambiará las vidas de muchos. La fe de muchos será sacudida; sin embargo, la verdadera iglesia de Dios seguirá adelante. Se estremecerá fuertemente, pero permanecerá en pie. Jesús enfatiza que su iglesia y su pueblo serán pocos. En la misericordia de Dios, muchos irán al descanso y no tendrán que pasar por los tiempos horribles que acontecerán al final del sendero de esta tierra. En comparación con ese tiempo, la vida ahora es fácil. Jesús señala al ángel que está listo para derramar el líquido espeso. Ahora es el momento para arrepentirse y para que cada uno haga su parte financiera.

Después de que Jesús y yo caminamos en silencio algunos momentos, lo miro y le digo que aunque sirvo como su mensajero, no creo que sea un buen orador público. Él me mira y contesta que yo soy el audaz, y que fui creado así, y que mientras comparta los mensajes, diré la verdad y lo que sea necesario decir. Sin embargo, no estaré solo. Jesús enviará a individuos que enseñarán conforme a lo que Él les ha enseñado. Ellos harán lo que Él les pida, y la iglesia verdadera seguirá adelante. No caerá, sino que crecerá cuando el pueblo de Dios escuche la verdad.

Le digo a Jesús que hay otro tema que quiero tratar con Él. Le menciono el sueño, “El Sendero de Gravilla” que me fue mostrado el 20 de octubre de 2010. Pronto hará un año desde que recibí ese mensaje. Le digo que en ese entonces no se me dijo que publicara ese sueño. Sin embargo, yo sé que Él sabe que, para animar a una pareja, yo compartí ese sueño, y varios otros, con ellos. Jesús contesta que en un momento débil, la pareja compartió esos sueños con John Scotram. Jesús me explica que Él sabe que esa pareja no forma parte de mi ministerio, aunque John ha dicho lo contrario, sino que ellos eran miembros de la iglesia donde yo tenía mi membrecía.

Jesús también dice que Él conoce las acusaciones de John, que yo cambié los sueños para distorsionar los datos presentados, y que Él sabe que John no ha sido veraz, ya que ha dado informes sin conocer todos los datos. Jesús explica que si yo registro algo incorrectamente antes de que los sueños se publiquen, recibiré otro sueño para corregirlo. Esto ha ocurrido unas pocas veces, porque es necesario que el mensaje se dé correctamente. Los sueños siempre han sido redactados, pero nunca distorsionados. Jesús me recuerda el siguiente ejemplo, donde dice que su profetisa, Elena de White, frecuentemente hacía cambios a los mensajes que ella había recibido. Él levanta su mano y aparece lo siguiente:

Puede preguntarse, entonces, ¿por qué fueron omitidos tres renglones de la visión en lo que se imprimió en 1851, en el primer libro de la Sra. White? En la introducción a la visión que aparece en el libro, ella presenta una razón muy general para explicar cualquier omisión—motivos de espacio y la repetición del tema. Esto se aplicaría más a los párrafos que describen la tierra nueva, que a los tres renglones en duda. En cuanto al contenido de ellos, la autora tenía el derecho, es más, la responsabilidad, de seleccionar el contenido y fraseo para su libro de manera que manifestase correctamente lo que le había sido revelado. Si había frases que pudiesen ser distorsionadas o interpretadas para darles un significado que ella no tenía la intención de enseñar, ella tenía el privilegio y también la responsabilidad de manejar el asunto, de manera que la narración impresa reflejara correctamente su intención.
Ellen G. White: The Early Years (Elena G. de White: Los Primeros Años), tomo 1, p. 270
Why Were the Lines Omitted in 1851? (¿Por qué fueron omitidos los renglones en 1851?)

Dijo Jesús que yo tengo la autoridad de editar los sueños tal como sea necesario.

Ahora me viene a la mente, ¿por qué le estoy relatando a Jesús los detalles en cuanto a John Scotram, si Jesús ya conoce la situación? Él me mira, sonríe y me contesta, “Porque me gusta caminar y conversar contigo. Anhelo el día cuando pueda caminar y conversar con todo mi pueblo por todo el universo. Extraño no poder estar con cada uno de ustedes”. Él dice que el Padre celestial sabía lo que ocurriría. Él lo permitió porque Él sabía que haría falta ahora; Él sabía lo que esa pareja iba a hacer; y porque Él conoce las enseñanzas falsas de John. Jesús dice que debo incluir el sueño, “El Sendero de Gravilla” en este sueño para que todos lo lean y comprendan.

[BORRADOR]
(ORIGINAL; NO HA SIDO EDITADO NI PUBLICADO ANTERIORMENTE)

EL SENDERO DE GRAVILLA
20 de octubre de 2010
por Ernie Knoll

En mi sueño, estoy caminando por un sendero de gravilla. Sé que he estado caminando poco tiempo. Parece que me fijo que el sendero por el cual ando ha sido hermoseado. El lugar por donde camino tiene gravilla, y se la mantiene en su sitio con pequeños trozos de madera. Al otro lado de la madera hay yerba, la cual se mantiene cortada y regada. Al otro lado de la yerba hay otro trozo de madera. Al otro lado de la madera hay arbustos muy pequeños, nítidamente podados. Sé que la madera se usa para mantener separados la gravilla, la yerba y los arbustos. Me doy cuenta que los arbustos parecen proveer una gran variedad de flores. Al caminar, noto que el dulce aroma de las flores, combinado con el olor de la yerba recién cortada, es muy agradable. Al caminar, escucho el crujido de mis zapatos al pisar la gravilla. Todo el sendero es plano; no sube ni baja. Al caminar, siempre veo un panorama muy hermoso.

Un poco más adelante, noto algo que parece un palo que yace atravesado por el sendero. Al acercarme, me doy cuenta que el palo es rojo. Entonces, veo que el palo tiene unos bultos rojos por los lados. Al acercarme más, me doy cuenta que es una culebra. La culebra se da vuelta y comienza a avanzar hacia mí. En ese momento, me caigo y me doy cuenta de que no puedo ponerme en pie. Veo que la culebra comienza a silbar y sé que va a atacarme. Comienzo a tirarle gravilla. La culebra observa la gravilla y la esquiva. Ahora, la culebra está muy cerca de mí y yo clamo en voz alta, “Jesús, Jesucristo, ¡ayúdame”! Al instante, veo lo que podría describir como trabajadores campesinos con azadones que comienzan a golpear y cortar la serpiente, la cual es bastante grande. Me doy cuenta de que todos los trabajadores campesinos del jardín llevan puesta la misma ropa. Visten sandalias, pantalones de trabajo de hilo y una camisa de trabajo de hilo. En la cabeza llevan algo que parece un sombrero. También noto que la ropa de todos los trabajadores es muy blanca. Entonces veo a un trabajador de tamaño más grande que lleva un aparato con un pico en la punta. Se prende y sé que es un soplete de jardín. Él tiene la tea en la mano, y veo que las llamas consumen lo que queda de la culebra. Uno de los trabajadores del jardín viene hacia mí y me extiende la mano para ayudar a ponerme en pie. No me dice nada, sólo me sonríe. Mientras me ayuda a pararme, el trabajador con la tea dice que el Gran Jardinero escuchó mi pedido de ayuda. Dice que Él siempre está escuchando.

Aquí terminó el sueño.

Nuevamente, Jesús y yo nos detenemos y Él señala hacia la derecha. Veo que la escena vuelve a aparecer frente a mí. Él me dice que ahora es el momento para que yo y otros comprendamos el significado del sueño, “El Sendero de Gravilla”.

Se me muestra a un caballero canoso y con barba que trabaja en su jardín. Habla del amor de Jesús y tararea un himno. Al instante, comienza a gritar y a maldecir con palabras muy sucias, a individuos quienes sé son empleados. Se me muestran muchas cosas deshonestas que hace como patrón, y también el maltrato constante de sus empleados. Habla como un hombre de Dios, pero cuando está enojado, habla como un hombre poseído de demonios.

Jesús se dirige hacia mí y me explica que éste es el hombre que, por medio de mis sueños, ha recibido dos mensajes anteriores de que debe abandonar sus estudios del Reloj del Orión. Se le ha mostrado en cuanto a las fechas que ha fijado y sus cálculos de eventos futuros. El mensaje del reloj destrozado era un mensaje claro que él debía suspenderlos. Él ha rehusado hacerlo. En el último sueño, “El Reloj de Arena”, se le dio un mensaje más específico a John Scotram, que debía suspender sus estudios del Orión, porque los datos son falsos y él está descarriando a la gente. Los estudios que ha colocado en su sitio web constituyen un testamento de todo su trabajo en cuanto a la fijación de fechas y cómo ha cambiado citas de la Biblia y del Espíritu de Profecía para acomodar su propia manera de pensar. Dos veces se le ha pedido que abandone ese trabajo. Ésta será la última vez. Aunque Dios tiene paciencia, Él no puede esperar eternamente. El último granito de arena del reloj de arena de esta tierra está por caer. Jesús explica que yo recibí el sueño, “El Sendero de Gravilla” con un motivo. No se me había dicho que lo publicase, porque nuestro Padre conoce el fin desde el principio. Todo es condicional, y una vez más se le está pidiendo a John que suspenda lo que está haciendo.

Ahora, Jesús me dice que va a mostrarme algo para que yo y otros comprendamos cabalmente el sueño, “El Sendero de Gravilla”. Nuevamente, señala hacia la derecha. Al volver a ver el sueño, me doy cuenta que la primera vez lo había visto a través de los ojos del individuo en el sueño. Ahora, lo estoy mirando como un espectador que mira al individuo caminando por el sendero de gravilla. Al contemplar el sueño, “El Sendero de Gravilla”, me doy cuenta de que en el sueño, no era yo quien caminaba por el sendero de gravilla, sino que era John Scotram. Veo a John caminando, disfrutando de la belleza que rodea el sendero. Al caminar, ve un palo rojo. Entonces veo que él se da cuenta de que en realidad es una culebra roja. Lo veo caer, y la culebra se le acerca. No puede levantarse, y la culebra comienza a silbarle. Él recoge gravilla y se la tira a la culebra. La culebra esquiva toda la gravilla. John se da cuenta de que nada de lo que ha hecho ha servido. Se da cuenta de que para poder ser salvo, sólo hay un nombre al cual puede clamar. Ahora veo que John clama, “Jesús, Jesucristo, ¡sálvame”! Al instante veo a los jardineros campesinos vestidos de pantalones y camisas de lino blanco. Son los mismos empleados a quienes John gritaba. Ellos se acercan y golpean la culebra con sus herramientas de trabajo. De repente, un jardinero que tiene un aspecto distinto de los demás, llega con un soplete de jardín, y quema los restos de la culebra. Le ayudan a John a ponerse de pie. Oigo que se le dice que Jesús siempre está escuchando y que el Gran Jardinero escuchó su pedido de ayuda.

Jesús se dirige hacia mí y dice que, aunque nuestro Padre siempre está escuchando, el último granito de arena está por caer, tal como fue dicho en el sueño, “El Reloj de Arena”. En la finca en Paraguay, donde vive John Scotram, él se ha caído. Dios está esperando que él clame el nombre de Jesús. A John se le pide esta última vez que deje a un lado sus enseñanzas falsas en todos los idiomas que él ha usado, y que abiertamente se arrepienta de las cosas que ha declarado en contra de mí.

Jesús señala hacia la derecha, y veo escrito: Hechos 1:6-7. Él me explica que Él estaba con sus discípulos cuando ellos le preguntaron cuándo Él restauraría su reino. Queda registrado como sigue:

Entonces los que se habían reunido le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros conocer los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad.

Para ayudar a los que han escuchado las ideas y fechas de John Scotram, Jesús comparte las siguientes palabras que Él pidió que registrara su profetisa, Elena de White:

Los discípulos tenían deseos de conocer el tiempo exacto de la revelación del reino de Dios; pero Jesús les dijo que no les era permitido conocer los tiempos y las sazones, pues el Padre no los había revelado. Entender cuándo debía ser restaurado el reino de Dios no era lo más importante que debían conocer. Debían ser hallados siguiendo al Maestro, orando, esperando, velando y trabajando. Debían ser los representantes del carácter de Cristo ante el mundo.

Lo que era esencial para una vida cristiana llena de éxito en los días de los discípulos, es también esencial en nuestros días. “Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”. ¿Y qué debían hacer después de que descendiera sobre ellos el Espíritu Santo? “Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Ésta es la obra en que nosotros también debemos ocuparnos. En vez de vivir a la expectativa de alguna sazón o tiempo especial de conmoción, debemos aprovechar sabiamente las oportunidades presentes, haciendo lo que debe ser hecho para que las almas puedan ser salvas. En lugar de consumir las facultades de nuestra mente en especulaciones acerca de los tiempos y las sazones que el Señor ha puesto en su sola potestad, y que no ha revelado a los hombres, debemos rendirnos ante el dominio del Espíritu Santo para cumplir con nuestros deberes actuales, para dar el pan de vida, no adulterado con las opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por falta de la verdad.

Satanás siempre está preparado para llenar la mente con teorías y cálculos que desvíen a los hombres de la verdad presente y los incapacite para dar al mundo el mensaje del tercer ángel. El Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 6, pp. 1051-1052

Se le pide a John Scotram que también suspenda sus estudios que tratan la numerología. Hay otros que se dedican a la numerología y calculan ejemplos que dan el número 2520. Ellos presentan razones erróneas de esto, cuando deberían estar estudiando lo que es importante para su salvación. Esos individuos debieran tomar en cuenta lo siguiente:

Satanás está siempre dispuesto a llenar la mente con teorías y cálculos que desvíen a los hombres de la verdad presente y los inhabiliten para dar el mensaje del tercer ángel al mundo. Siempre ha sido así, pues nuestro Salvador con frecuencia tenía que hablar reprochando a los que se entregaban a especulaciones y estaban siempre haciendo preguntas en cuanto a cosas que el Señor no había revelado. Jesús había venido a la tierra para impartir importantes verdades a los hombres y deseaba impresionar su mente con la necesidad de recibir y obedecer sus preceptos e instrucciones, y de efectuar sus deberes actuales, y sus pláticas eran de tal naturaleza que impartían conocimiento para su uso inmediato y diario. Mensajes Selectos, tomo 1, p. 218

Se le pide a John Scotram que trate a sus trabajadores como deben ser tratados. Jesús explica que lo único que debe hacer es pedir en su nombre, y se ordenará que los demonios que caminan con él se aparten, y los santos ángeles lo protegerían en su caminata. Tal como se mostró en el sueño, “El Sendero de Gravilla”, John se ha caído y Jesús espera que él llame su nombre. Entonces, Él le extenderá la mano y lo levantará. La puerta del arrepentimiento no quedará abierta para siempre. Ese privilegio pronto quedará completamente cerrado. Él puede acercarse ahora, o quedar en pie como un testigo falto con aquéllos que se oponen a la Palabra.

Otra vez comenzamos a caminar Jesús y yo. Miro al sendero por el cual hemos estado andando y sé que hemos caminado bastante juntos, y que el final del sendero está muy cerca. Nuevamente, Jesús me llama por mi nombre celestial y me dice que los mensajes que estoy dando están tocando más corazones de lo que yo me imagino. Hay muchos que buscan, y muchos que están hallando la verdad por primera vez. Los mensajes están llegando a muchos que están fuera de la iglesia de Dios, y también sirven de recordatorio a los que han estudiado, pero se han olvidado.

Jesús me asegura que no tengo que preocuparme por los que todavía hacen reclamos sin fundamento en contra de mí, porque hablan mentiras. Él dice que yo soy Earnest y que soy veraz. Yo fui llamado para servir como el último mensajero para su iglesia escogida. Él me dice que debo seguir siendo fiel para que Él pueda venir y sacarme de este mundo, tal como se lo he pedido—tal como Moisés fue llevado al cielo, y tal como Enoc y Elías fueron trasladados. Jesús revela que ellos, junto con los que fueron resucitados con Él, son un testimonio, y que ellos ahora andan por las calles de oro en el cielo. Si yo sigo siendo fiel, si cada uno sigue siendo fiel a los mensajes que han sido enviados, Él vendrá y los sacará de este mundo. Ellos lo verán venir en las nubes para llamar a sus redimidos desde las profundidades de la tierra. Él los resucitará a gloria inmortal, tal como yo vi que las hojas marchitas volvieron a vivir cuando Jesús y yo caminamos por el sendero hoy. Si cada uno se acerca al trono de la misericordia antes de que se cierre la puerta, antes de que pase el ángel marcador, Jesús lo llevará al hogar, donde caminarán juntos. Jesús me sonríe y dice que ha sido un buen sábado, que Él ha disfrutado de haber estado conmigo y que anhela el momento cuando podremos estar juntos siempre.

Jesús mira detrás de mí al Heraldo y a todos los ángeles que han estado cantando suavemente durante nuestra caminata. Entonces el Heraldo se para junto a nosotros y Jesús le dice que nos gustaría escuchar un canto. Me doy vuelta y veo que todos los ángeles se elevan un poco en el aire. Entonces, me doy cuenta de que todo el sendero por donde hemos caminado, hasta donde alcanzo a ver, se ha tornado un verde vivo, con miles de hermosas flores coloridas y árboles llenos de vida—todo eso sólo por las pisadas de Jesús. Ahora el Heraldo canta una nota, y todos los ángeles de unen, formando un coro hermosísimo.

Mientras ellos cantan, le pregunto a Becky si ella alguna vez ha escuchado música tan bella. En un instante me doy cuenta de que todavía estoy aquí, en esta tierra oscura y pecadora. Es temprano en la mañana, y eso fue un sueño. Acostado, pienso cómo Jesús y yo caminamos juntos por el sendero. Fue un sábado maravilloso, caminando, conversando y riéndome con Jesús. Medito en las veces que Él puso su brazo alrededor de mí mientras caminábamos, las muchas veces que nos detuvimos y miré esos ojos donde se manifiesta el amor del amor de los amores. Pienso en esa voz tierna y consoladora. Recuerdo cómo Él enjugó las lágrimas de mi rostro.

Respiro profundamente y pienso que todo se cumplirá cuando llegue el momento, y por su voluntad. Cuando digan cosas en contra de mí, usaré mi toalla blanca, siempre limpia—ahora más grande que antes. Le prometí a Jesús y a mi Padre celestial que, aunque tengo muchos deseos de que otra persona lleve la antorcha, seguiré sirviendo como el ser humano imperfecto que soy.

Dios conoce todo, desde el principio hasta el fin. Debido a que mi nombre es Earnest, seré veraz. Pero todavía me agrada que me llamen Ernie.


  1. Mateo 1:23
    He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
  2. Juan 3:16
    Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que cree en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna.

    Manuscript Releases (Manuscritos), tomo 19, p. 134
    De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito para salvar a la humanidad que perece. [Trad.]
  3. Apocalipsis 21:5
    Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
  4. El Conflicto de los Siglos, p. 600
    El mismo poder destructor ejercido por santos ángeles cuando Dios se lo ordena, lo ejercerán los ángeles malvados cuando él lo permita. Hay fuerzas actualmente listas que no esperan más que el permiso divino para sembrar la desolación por todas partes.
  5. 2 Timoteo 4:3-4
    Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, acumularán para sí maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
  6. The Southern Work (La Obra en el Sur), pp. 33-34
    Entre la mayoría de la gente de color, hallamos prácticas indecorosas en su culto a Dios. Ellos se entusiasman mucho, y hacen esfuerzos físicos que están fuera de lugar en el culto solemne de Dios. No se pueden disipar inmediatamente sus ideas supersticiosas y sus feas prácticas. No debemos combatir sus ideas y tratarlos con desprecio. Pero, el obrero debe darles un ejemplo de qué es lo que constituye un servicio religioso verdadero, del corazón. No se debe excluir a la gente de color de las asambleas religiosas de la gente blanca. Si se les impide asociarse con gente blanca inteligente que les dé un ejemplo de cómo ellos deberían ser y hacer, ellos no tendrán una oportunidad de cambiar sus actividades supersticiosas por un culto que sea más sagrado y noble. La gente blanca debe practicar la abnegación necesaria, y debe recordar que no debe considerar sin importancia lo que afecte la vida religiosa de un número tan grande de personas, como el que integra la raza de color. Ellos celebran sus cultos conforme a la instrucción que han recibido, y piensan que una religión que carece de excitación, de ruido y de ejercicios físicos, no merece el nombre de religión. Esos adoradores ignorantes necesitan instrucción y dirección. La bondad puede ganarlos, y pueden ser consagrados en hacer el bien. Tanto los ancianos como los jóvenes necesitan ser instruidos, tal como uno enseñaría a una familia de niños.

    Pero si se deja a la gente de color en su condición actual, y no se les presenta una norma más alta del cristianismo de la que ahora poseen, sus ideas se confundirán más y más, y sus cultos religiosos se desmoralizarán más y más. [Trad.]
  7. Patriarcas y Profetas, p. 697
    Nuevamente el largo séquito se puso en movimiento, y flotó hacia el cielo la música de arpas y cornetas, de trompetas y címbalos, fusionada con la melodía de una multitud de voces. En su regocijo, David “danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová”, al compás de la música.

    El hecho de que, en su alegría reverente, David danzó delante de Dios ha sido citado por los amantes de los placeres mundanos para justificar los bailes modernos; pero este argumento no tiene fundamento. En nuestros días, el baile va asociado con insensateces y festines de medianoche. La salud y la moral se sacrifican en aras del placer. Los que frecuentan los salones de baile no hacen de Dios el objeto de su contemplación y reverencia. La oración o los cantos de alabanza serían considerados intempestivos en esas asambleas y reuniones. Esta prueba debiera ser decisiva. Los cristianos verdaderos no han de procurar las diversiones que tienden a debilitar el amor a las cosas sagradas y a aminorar nuestro gozo en el servicio de Dios. La música y la danza de alegre alabanza a Dios mientras se transportaba el arca no se asemejaban para nada a la disipación de los bailes modernos. Las primeras tenían por objeto recordar a Dios y ensalzar su santo nombre. Los segundos son un medio que Satanás usa para hacer que los hombres se olviden de Dios y lo deshonren.

    Mensajes para los Jóvenes, p. 283
    La diversión del baile, como se practica actualmente, es una escuela de depravación, una terrible maldición para la sociedad.
  8. Mateo 24:24
    Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, hasta el punto de engañar, si fuera posible, aun a los escogidos.

    Hebreos 2:4
    Testificando Dios juntamente con ellos, tanto con señales como con prodigios y diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo. . .
  9. El Evangelismo, p. 50
    Los mismos medios que en forma tan cautelosa se invierten ahora en la causa de Dios y que son egoístamente retenidos, serán tirados dentro de poco con los ídolos a los topos y murciélagos. El valor del dinero pronto será subestimado cuando la realidad de las escenas eternas se abra al entendimiento del hombre.
  10. Consejos sobre Mayordomía Cristiana, p. 272
    Algunos no se han adelantado para unirse en el plan de la liberalidad sistemática, y en cambio se han excusado porque estaban endeudados. Alegan que primero deben cumplir con este mandato: “No debáis a nadie nada”. Romanos 13:8. Pero el hecho de que estén endeudados no los excusa. Vi que debían dar a César las cosas que son de César, y a Dios las cosas que son de Dios. Algunos consideran con mucho escrúpulo la orden de “no debáis a nadie nada” y piensan que Dios no requerirá nada de ellos hasta que hayan pagado sus deudas. Pero con esto se engañan a sí mismos. Fallan en dar a Dios las cosas que son suyas. Cada uno debe llevar al Señor una ofrenda aceptable.
  11. Testimonios para la Iglesia, tomo 9, p. 13
    Aquéllos que tienen en sus manos las riendas del poder son incapaces de resolver el problema de la corrupción moral, del pauperismo y el crimen, que aumentan constantemente. En vano se esfuerzan por dar a los asuntos comerciales una base más segura.
  12. Manuscript Releases (Manuscritos), tomo 13, p. 236
    No permitáis que el enemigo de Dios y del hombre controle vuestros pensamientos, vuestras palabras y vuestras acciones. El mensaje de los labios de Cristo es: “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote” [Lucas 12:33]. Habrá muchas quiebras en los bancos de la tierra y en las especulaciones, incluyendo la minería y los bienes raíces.

    ¡Cuán complacido estaría Satanás si, justo cuando los seres humanos deberían estar vendiendo sus posesiones para sostener la causa de Dios, él lograse engañarlos de tal manera que todos sus medios disponibles estuviesen invertidos en especulaciones en bienes raíces y en otras empresas mundanas, y de esa manera lograse restar a la causa de Dios los medios que deberían ir a la tesorería para adelantar su obra en la tierra!

    Cuando Jesús nos dice “vended”, no significa que nuestra preocupación principal debe ser comprar posesiones. Si Satanás puede lograr enredarnos en posesiones mundanas, de manera que no tengamos medios para colocar en la tesorería del Señor, entonces él está llevándonos a hacer precisamente lo que Jesús nos ha dicho que no hagamos. Muchos han prestado su dinero a nuestras instituciones concienzudamente, para que se use para hacer una buena obra para el Maestro. Pero, Satanás pone en marcha ardides que producirán en las mentes de nuestros hermanos un gran anhelo por probar su suerte, como en una lotería. Uno y otro se ilusiona con representaciones de ganancias financieras si tan solo invierten su dinero en tierras; y sacan su dinero de nuestras instituciones y lo esconden en la tierra, donde la causa del Señor no se beneficia. [Trad.]

    Maranata: El Señor Viene, p. 187
    Vi que si algunos se aferraban a sus propiedades y no preguntaban al Señor en qué consistía su deber, él no se lo haría conocer y les permitiría conservar sus propiedades, pero en el tiempo de angustia éstas se levantarían delante de ellos como una montaña para aplastarlos, y ellos tratarían de deshacerse de ellas, pero no podrían... Pero si ellos desean que se les enseñe, él les hará saber, en tiempo de necesidad, cuándo y cuánto deben vender.