martes, 19 de abril de 2011

La Gran Prueba

2 de octubre de 2010
por Ernie Knoll
www.formypeople.org

En mi sueño, estoy de pie frente al Heraldo, quien ha colocado sus manos sobre mis hombros. Me ha estado hablando y le oigo llamarme por mi nombre celestial. Me explica que en otro sueño, él había protegido mis ojos, impidiendo que yo viese todo. Sin embargo, se le había dicho que en esta oportunidad, yo debo ver y recordar todo lo que se me muestre. Me dice que aunque éste es un sueño y mucho es simbólico, todos deben comprender el extremo hasta dónde el gran engañador llegará con sus engaños. El Heraldo dice que debemos estar conscientes de esto y permanecer firmemente afianzados en lo que el Gran Autor ha escrito por medio de la Biblia y el Espíritu de Profecía a través de Elena de White. No debemos perder tiempo con autores de otra índole.1

Entonces se me lleva a una casa donde no hay nadie en ese momento. Al caminar, el Heraldo dice, “Cada uno debe esforzarse por obtener discernimiento de lo que miran y escuchan.” Primeramente, noto una Biblia en la mesa de la sala y comprendo que se la usa para el culto familiar. De la Biblia asciende algo que parece un humo blanco, muy espeso. El área alrededor del “humo” se ilumina.2 Dice el Heraldo, “Nadie debe pensar que lo que estás viendo endosa la Nueva Era y su acto de quemar incienso. Se comprenderá más claramente cuando veamos más.” Hacia la derecha hay un librero que tiene muchos libros. Los títulos incluyen, El Conflicto de los siglos, El Deseado de todas las gentes, Primeros escritos, El Hogar cristiano, La Conducción del niño, Mensajes para los jóvenes, Los Eventos de los últimos días, y varios tomos de los Testimonios para la iglesia. Veo muchos otros libros escritos por Elena de White. De esos libros asciende el mismo “humo” blanco, y eso hace que el área alrededor del librero ilumine la oscuridad de la casa. Al ver tantos de esos libros escritos por la misma autora, me pregunto por qué alguien desearía leer tantos libros escritos por otros autores.

Al seguir caminando a través de la casa, hay otros libros que emiten un “humo” negro y espeso. Parece que lo negro absorbe cualquier luz que esté cerca, y eso torna esa área muy oscura. Esos libros fueron escritos por muchos autores distintos.3 Entonces noto otros objetos que emiten el “humo” negro. Algunos son sencillamente objetos para mirar. Uno es una estatua de un dragón; otro es una bola que parece ser de cristal que está cerca de una ventana y refleja la luz del sol. Veo carteles, cuadros y otros objetos colgados de las paredes, como imágenes de cantantes populares, individuos famosos o figuras políticas. Cada uno de ellos aparta la mente de Dios y emite un “humo” negro. Tanto los objetos grandes como los pequeños emiten el “humo” negro que desluce los libros buenos en el librero.

Entonces se me muestran individuos caminando por la casa. El Heraldo me dice que yo estoy allí como un observador, y que nadie nos ve ni nos oye. Entonces veo que alguien toma la Biblia familiar en sus manos. Esa persona está inhalando el “humo” blanco. Otros se acercan y seleccionan uno de los libros buenos del librero. Al hacerlo, cada uno de ellos comienza a respirar el “humo” blanco. Cuando otros toman libros escritos por un autor dudoso o fijan la mirada en ciertos cuadros o carteles, inhalan el “humo” negro. Otros lo inhalan de objetos pequeños, sin darse cuenta de que les perjudica. Cuando exhalan, el “humo” no sale de sus cuerpos. Bien sea negro o blanco, permanece en el cuerpo.

Antes de leer un libro, el lector debe preguntar cuáles son los antecedentes, propósito e ideas del autor. ¿A quién sirve ese individuo? El Heraldo explica que hay muchos autores que han escrito mucho, pero el verdadero autor es Satanás. Él ha utilizado palabras bien escogidas para presentar grandes verdades, pero es muy engañoso con sus palabras. Sus libros emiten un “humo” negro, que es su espíritu maligno. Muchos de esos libros aparentan tener toda la verdad, sin embargo, contienen errores. Es cosa triste que aun cristianos sinceros son engañados por esos libros, a pesar de que la plena verdad está al alcance, si ellos la buscan. La verdad aparece como un faro encendido que todos pueden ver. Muchos que leen y vuelven a leer libros dañinos no dedican tiempo a la lectura de lo que el Autor Más Grande ya ha preparado. Sólo leen una vez de su Palabra, dada tan libremente, y entonces la vuelven a colocar en el estante donde recoge polvo. Sin embargo, los que leen las palabras de Dios repetidas veces, reciben una gran bendición. Benditos son los que buscan los mensajes del trono del Padre y disfrutan de esas palabras vez tras vez. Lo único que hay que hacer es pedir la dirección del Consolador, quien el Salvador dijo que enviaría. Sin embargo, tantos quieren leer otras cosas aparte de lo que el Padre Celestial ha provisto tan amablemente.

Entonces el Heraldo me explica, “Este es el momento de comparar línea tras línea. El estudio de lo que está escrito en la Palabra de Dios preparará y protegerá a cada uno contra los planes del gran engañador. Aquéllos que no serán engañados seguirán las enseñanzas del Único que conoce el futuro. Nadie debe ser engañado. El Gran Segador viene para reclamar su cosecha premiada—aquéllos que están listos, como plantas perfectas, para ser cosechados durante el silencio de la noche. Deben conocer la voz y la mano de Aquél que sostiene la gran hoz segadora.”

Entonces el Heraldo me lleva a un lugar donde estoy mirando hacia el oriente. Me dice, “Ahora es el momento de mostrarte algo que no se te permitió ver anteriormente. Documenta todo lo que veas y permanece firme, sabiendo que esto es un sueño para preparar a los que están escuchando la voz del Espíritu Santo. Nadie debe ser engañado por lo que se te mostrará ahora.”

Al mirar hacia el oriente, veo a muchos de pie mirando con anticipación hacia el cielo azul, claro y sin nubes. Parece que ellos ya saben del evento que ocurrirá. Al mirar al cielo distante, veo algo que parece un hueco negro, redondo que se abre más y más, parecido a la forma de una trompeta. Muchos ángeles distintos, de distintos tamaños y apariencias, salen volando del medio del hueco negro, y llenan el área que se asemeja al extremo de una trompeta. Se han juntado, como para dar la bienvenida a alguien muy importante. Entonces veo que el centro de esa gran compañía de ángeles se llena de un gran fulgor. Mientras muchos ángeles tocan trompetas y muchos otros cantan, los que están en la tierra miran fijamente al evento más grande que jamás hayan visto.

Entonces veo un ser de estatura grande y noble sentado sobre un trono que se mueve como un fluido dorado, y cargado por ángeles, cada uno de los cuales tiene seis alas vivientes y doradas. Cantan de su santidad y grandeza y de sus creaciones maravillosas por todas partes del universo. Esos ángeles cantan al unísono y repiten muchas veces las palabras “Santísimo, santísimo, santísimo”. Muchos alrededor del mundo y de muchas religiones distintas comienzan a darse cuenta o se enteran de este gran evento. Aunque muchos observan la escena mientras ocurre, otros alrededor del mundo lo ven en noticieros televisivos.

Entonces, muchos ángeles forman un coro que comienza a cantar y a dirigirse hacia la tierra. Los cantos son santos y reverentes, no como la música impía e irreverente que se presenta en las iglesias de hoy. Mientras descienden los ángeles y el que está sentado en el trono, muchos en la tierra caen de rodillas y comienzan a llorar y orar. Muchos observan esa procesión que desciende como si llegase su libertador personal. Mientras sigue la procesión, miro atentamente al que está sentado sobre el trono. En sus ojos veo amor y compasión, pero no el amor del amor de los amores. No veo a mi Salvador. Anhelo ver los ojos de mi Jesús, quien mira a cada uno con ese gran amor. Le digo al Heraldo que estoy viendo la venida falsa, y que ya he visto suficiente. Me contesta que todavía hay mucho que debo ver, y me pide que siga informando fielmente lo que observo. Mientras sigo mirando, las voces del coro angelical se alzan en un crescendo musical, el cual llena a muchos de emoción.

Al pasar el tiempo, veo que se le da mucha atención al gran momento cuando el que está sentado sobre el trono pueda bajar del trono. Pareciera que cada ojo observa cuando su pie toca el suelo. Cada estación televisiva tiene una cámara fija en ese momento cuando sale y coloca su pie sobre la tierra. Con un planeamiento bien coordinado, el coro celeste presenta un interludio musical que culmina en un crescendo perfecto cuando él está por colocar su pie sobre la tierra. En el cielo por encima de él, ángeles con seis alas revolotean. Al llegar ese momento, se suspende toda la música y los cantos; todo queda en silencio. Cuando su pie queda visible, todos notan una cicatriz en la parte superior. Al tocar la tierra con su pie, se oyen un grito unido de saludo de todos los que están en pie en la tierra, un crescendo musical resonante de los que están en el aire, y la tierra se llena de una armonía musical perfectamente planeada. Todos los que la escuchan se llenan de emoción.

Ese ser noble, quien se denomina a sí mismo “el Cristo,” es tan alto que se lo puede ver con facilidad. Su rostro bien bronceado es largo, pero también ancho. Su cabello es blanco y está peinado hacia atrás. Su cuerpo tiene buenas proporciones y lleva puesto un manto largo color púrpura que casi toca el suelo. En la cintura lleva un cinto dorado amarrado con un nudo perfecto cuyas borlas caen sueltas sobre su cadera derecha. Encima de su pecho tiene algo que parece una plancha moldeada semejante a un pecho y vientre, llenos de músculos perfectos. Me pregunto si será en realidad su piel, porque se mueve libremente, como si fuera una parte de sí mismo y no algo que lleva puesto. Parece un metal vivo, fluido, casi como si despidiera calor o energía. Lleva una corona perfectamente asentada sobre su cabeza, la cual tiene otras coronas dentro de coronas. En su mano izquierda lleva un cetro. Encima del cetro hay algo que parece un cristal grande que emite una llama dorada o un calor inagotable. También parece ser hecho de un metal transparente, rojo carmesí, con movimiento fluido continuo. En el centro, por donde se lo agarra, hay hilos de plata finamente enrollados.

Entonces me doy cuenta del sitio donde la gran visitación ha decidido hacer su primer contacto —la gran plaza del Vaticano. Veo acercarse el papa con su séquito, y le ayudan a arrodillarse a los pies del Cristo falso, el cual es Satanás. Se arrodilla y besa ambos pies de este impostor. Entonces, Satanás se inclina, toma la mano izquierda del papa, y le ayuda a ponerse de pie. Entonces, toma el cetro que tiene en su mano izquierda, y lo hunde en el suelo. Al levantar ambas manos al aire, en cada palma se divisan cicatrices largas. Entonces proclama, “Soy yo, el Cristo. Tal como dije, he regresado.” Cuando habla, individuos que hablan distintos idiomas lo entienden perfectamente. Sigue diciendo, “Bienaventurados los que habéis aguardado hasta este día. Yo haré nuevas todas las cosas. Visitaré y sanaré a los enfermos. Aderezaré una mesa delante de vosotros, para que todos podáis comer sin restricciones. Habrá paz en todo el mundo. Yo os he amado, y vosotros debéis amaros los unos a los otros como yo os amo. Todas las religiones se unirán, y los que se han descarriado ahora se unirán. El musulmán reconocerá que yo soy el Cristo; ellos me reconocerán como su dios y salvador. Cuando me fui anteriormente, os di un nuevo mandamiento. Os dije que debíais amaros los unos a los otros, tal como yo os he amado. Ahora que he regresado y éste será el sitio de mi hogar por todo el universo, os daré nuevos mandamientos.”

Veo que él llama a varios ángeles, quienes sacan del lado izquierdo de su trono un cartel grande que todo el que lo lee instantáneamente entiende. Ahora Satanás declara que él ha cambiado el cuarto mandamiento para conmemorar este día especial. Cuando miro al nuevo cuarto mandamiento, leo que él ha llamado a todos a juntarse y adorar en el primer día de la semana, para buscar su nombre y recibir una bendición en ese nuevo día muy especial de su retorno. Con su mano izquierda, saca el cetro del suelo. Muchos observan mientras sus pies se alzan de la tierra. Con voz clara y sonora declara que tiene una gran obra que hacer, y que todos deben ser benditos en ese día especial. Comienza a moverse por el aire, al principio lentamente y entonces desaparece rápidamente con su séquito de ángeles.

Ahora, Satanás llega a un país cercano y comienza a sanar a los enfermos. Se acerca a un edificio donde muchos están enfermos. Al levantar su vara en su mano izquierda, con su mano derecha manda a los que están enfermos a levantarse de sus camas, a adorar y seguirle. Sin embargo, los que les faltan extremidades o tienen partes artificiales del cuerpo, permanecen en sus camas sin ser sanados. Va a un área donde hay muchos hambrientos y manda que sus ángeles preparen muchas mesas con una gran variedad de frutas, vegetales, nueces, panes y carne. Satanás llama a todos a venir al festín y dice que se les dará más.

Entonces, Satanás va a unos campos grandes y áridos. Mete su vara en la tierra y, casi instantáneamente, veo crecer varias plantas. Se me hace saber que esas plantas ya estaban ahí antes de que el gran mago y engañador hiciera lo que hace con tanta pericia—engañar. Lo veo alzarse del suelo y viajar a otro país. Mientras hace milagro tras milagro, muchos caen de rodillas y lo adoran. Muchos se maravillan cómo es que él puede estar en un país en cierto momento y entonces, en un pestañear de ojos, otros lo ven y se reporta que está en otro continente, en otra parte del mundo. Tantos en el mundo se regocijan y cantan con tanta paz. Parece que casi todos en el mundo se han dejado arrastrar por este gran engaño.

Después de un tiempo, veo lo que sé son desastres y plagas terribles en distintas partes del mundo. El agua se contamina con tanta rapidez, que es imposible corregir la situación. Las condiciones climáticas están fuera de control. Ciertos individuos quedan afligidos con distintas dolencias. Ahora, el Cristo falso es incapaz de arreglar estas cosas. Muchos quedan perplejos sin comprender por qué él no puede.4

El Heraldo, el cual ha estado parado a mi lado derecho todo este tiempo, me dice que la mayoría será engañada. Sin embargo, todos podrían evitarlo, si ahora dedicasen tiempo a la preparación para saber cómo el gran engañador obra para engañar. Muchos harán caso omiso de lo que Dios ha enviado para prepararlos para lo que está por acontecer. El Heraldo revela que muchos han hecho caso omiso del gran dón en el Espíritu de Profecía. Declara que se le hace caso omiso y se descarta como erróneo o anticuado, lo que a la profetiza de Dios, Elena de White, se le instruyó que escribiera para estos últimos días. Queda claro que aun la directiva de su iglesia para el fin del tiempo ha puesto a un lado las enseñanzas que Él ha provisto. Sus maestros ya no preparan a su pueblo para lo que Él ha mostrado que va a acontecer. Ya no enseñan con la Biblia en una mano y el Espíritu de Profecía en la otra. Ya no preparan a sus corderos para su venida. Ya no dedican tiempo a lo que Él ha escrito. Ahora dedican tiempo a honrar al hombre y no a Dios. Se dedican a la música al estilo de Satanás, en vez de a honrar a Dios con su música de Él. Se dedican al entretenimiento, no a la enseñanza y la preparación para la gran prueba.

El Heraldo coloca su mano derecha sobre mi hombro izquierdo y me dice que prepare lo que se me ha mostrado, pero que comprenda que ésta es una de las muchas maneras como el gran ilusionista engañará a los que no tienen un buen fundamento. Muchos quedan satisfechos con lo que dice el hombre, en vez de lo que Dios ha dicho. El Heraldo me dice que es muy triste que muchos serán engañados porque no escuchan ni oyen la voz suave del Gran Consolador que los llama. En ninguna de estas cosas han vigilado ni seguido las enseñanzas del Cristo verdadero.

Preparaos, porque pronto se desplegará el engaño de todos los engaños, y aun los seguidores más consagrados de Cristo podrán ser engañados con facilidad. Preparaos ahora, porque la hora de vuestra mayor prueba está encima.

1. Mensajes selectos, tomo 1, p. 238

El enemigo de las almas ha procurado introducir la suposición de que había de realizarse una gran reforma entre los adventistas del séptimo día, y que esa reforma consistiría en renunciar a las doctrinas que están en pie como las columnas de nuestra fe y que había de comenzar un proceso de reorganización. Si se efectuara esta reforma, ¿qué resultaría? Los principios de verdad que Dios en su sabiduría ha dado a la iglesia remanente serían descartados. Sería cambiada nuestra religión. Los principios fundamentales que han sostenido la obra durante los últimos cincuenta años serían considerados como error. Se establecería una nueva organización. Se escribirían libros de una nueva orientación.
2. Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 303
La Palabra de Dios debería ser estudiada cabalmente. Toda otra lectura es inferior a ésta. Un estudio cuidadoso de la Biblia no debería excluir toda otra lectura de naturaleza religiosa; pero si la Palabra de Dios se estudia con oración, toda lectura que tienda a apartar la mente de ella será excluida. Si estudiamos la Palabra de Dios con interés, y oramos para comprenderla, descubriremos nuevas bellezas en cada línea. Dios revelará preciosas verdades con tanta claridad, que la mente obtendrá de ella verdadero placer, y gozará de una fiesta permanente a medida que se van desarrollando sus sublimes verdades.
3. Palabras de vida del Gran Maestro, p. 79
Muchos enseñan que la sabiduría del hombre es superior a la sabiduría del divino Maestro, y se considera al libro de texto de Dios como anticuado, pasado de moda y carente de interés. Pero no lo consideran así aquellos que han sido vivificados por el Espíritu Santo. Ellos ven el inapreciable tesoro, y lo venderían todo para comprar el campo que lo contiene. En vez de los libros que contienen las 80suposiciones de los autores reputados como grandes, eligen la Palabra de Aquél que es el mayor autor y el mayor maestro que el mundo jamás haya conocido; que dio su vida por nosotros, a fin de que por su medio tuviésemos vida eterna.

Hechos 19:19-20
Muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y se robustecía poderosamente la palabra del Señor.
4.
2 Corintios 11:14-15
El mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que, no es mucho el que también sus ministros se disfracen como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.

1 Tesalonicenses 4:16-17
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo’ y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivamos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

El Conflicto de los Siglos, p. 609
Las enseñanzas del falso Cristo no están de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Su bendición va dirigida a los que adoran la bestia y su imagen, precisamente aquellos sobre quienes dice la Biblia que la ira de Dios será derramada sin mezcla.

Además, no se le permitirá a Satanás contrahacer la manera en que vendrá Jesús. El Salvador previno a su pueblo contra este engaño y predijo claramente cómo será su segundo advenimiento. “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos [...]. Así que, si os dijeren: He aquí en el desierto está; no salgáis: He aquí en las cámaras; no creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre” S. Mateo 24:24-27, 31; 25:31; Apocalipsis 1:7; 1 Tesalonicenses 4:16, 17. No se puede remedar semejante aparición. Todos la conocerán y el mundo entero la presenciará.

lunes, 3 de enero de 2011

Penas por actos de inmoralidad

Levítico 20

1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:
2 Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará.
3 Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre.
4 Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus hijos a Moloc, para no matarle,
5 entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc.
6 Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo.
7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.
8 Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico.
9 Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.
10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.
11 Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos.
12 Si alguno durmiere con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversión; su sangre será sobre ellos.
13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.
14 El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros.
15 Cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto, y mataréis a la bestia.
16 Y si una mujer se llegare a algún animal para ayuntarse con él, a la mujer y al animal matarás; morirán indefectiblemente; su sangre será sobre ellos.
17 Si alguno tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, es cosa execrable; por tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo; descubrió la desnudez de su hermana; su pecado llevará.
18 Cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo.
19 La desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no descubrirás; porque al descubrir la desnudez de su parienta, su iniquidad llevarán.
20 Cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos.
21 Y el que tomare la mujer de su hermano, comete inmundicia; la desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán.
22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella.
23 Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.
24 Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.
25 Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia; y no contaminéis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra, los cuales os he apartado por inmundos.
26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.
27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.

Bendiciones!

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Navidad

El Hogar Adventista o El Hogar Cristiano 434-439

77. La Navidad

La fiesta de la Navidad.-


"Ya llega la Navidad," es la nota que resuena por el mundo, del este al oeste y del norte al sur. Para los jóvenes, para los de edad madura y aun para los ancianos, es una ocasión de regocijo general. Pero, ¿qué es la Navidad para que requiera tanta atención?. . .

Se dice que el 25 de diciembre es el día en que nació Jesucristo, y la observancia de ese día se ha hecho costumbre popular. Sin embargo, no hay seguridad de que estemos guardando el día preciso en que nació nuestro Salvador. La historia no nos da pruebas ciertas de ello. La Biblia no señala la fecha exacta. Si el Señor hubiese considerado tal conocimiento como esencial para nuestra salvación, habría hablado de ello por sus profetas y apóstoles, a fin de dejarnos enterados de todo el asunto. Por lo tanto, el silencio de las Escrituras al respecto nos parece evidencia de que nos fue ocultado con el más sabio de los propósitos.

En su sabiduría, el Señor no reveló el lugar donde había sepultado a Moisés. Le enterró, luego le resucitó y lo llevó al cielo. Obró así en secreto para evitar la idolatría. Aquel contra quien se habían rebelado [los israelitas] mientras estaba en servicio activo, aquel a quien provocaron casi más allá de lo que podía soportar un ser humano, fue casi adorado como Dios después que la muerte lo separó de ellos. Por el mismo motivo Dios ocultó el día preciso en que nació Cristo, a fin de que ese día no recibiese el honor que debía darse a Cristo como Redentor del mundo y el único que debía ser recibido 435 y en quien se debía confiar por ser el único capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que se allegan a él. La adoración del alma debe tributarse a Jesús como Hijo del Dios infinito.*
Es difícil pasarla por alto.-

En vista de que el 25 de diciembre se observa para conmemorar el nacimiento de Cristo, y en vista de que por el precepto y por el ejemplo se ha enseñado a los niños que es en verdad un día de alegría y regocijo, os resultará difícil pasar por alto esa fecha sin dedicarle cierta atención. Es posible valerse de ella con un buen propósito.

Es necesario tratar a los jóvenes con mucho cuidado. No se les debe dejar que en ocasión de Navidad busquen diversión en la vanidad y la búsqueda de placeres, o en pasatiempos que pudieran perjudicar su espiritualidad. Los padres pueden controlar esto dirigiendo la atención y las ofrendas de sus hijos hacia Dios y su causa, y hacia la salvación de las almas.

En vez de ser ahogado y prohibido arbitrariamente, el deseo de divertirse debe ser controlado y dirigido por esfuerzos esmerados de parte de los padres. Su deseo de hacer regalos puede ser desviado por cauces puros y santos a fin de que beneficie a nuestros semejantes al suplir la tesorería con recursos para la grandiosa obra que Cristo vino a hacer en este mundo. La abnegación y el sacrificio propio caracterizaron su conducta, y deben caracterizar también la de los que profesamos amar a Jesús porque en él se concentra nuestra esperanza de vida eterna.*
El intercambio de regalos.-

Se acerca la época de las fiestas con su intercambio de regalos, y tanto los jóvenes como los adultos consideran atentamente que pueden dar a sus amigos en señal de afectuoso recuerdo. Por insignificantes que sean los regalos, es agradable recibirlos de aquellos a quienes amamos. Constituyen una demostración de que no nos han olvidado, y parecen estrechar un poco más los lazos que nos unen con ellos. . . . Está bien que nos otorguemos unos a otros pruebas de cariño y aprecio con tal que no olvidemos a Dios, 436 nuestro mejor Amigo. Debemos hacer regalos que sean de verdadero beneficio para quienes los reciban. Yo recomendaría libros que ayuden a comprender la Palabra de Dios o que acrecienten nuestro amor por sus preceptos. Proveamos algo que leer para las largas veladas del invierno.*

Libros recomendados para los niños.-

Son muchos los que no tienen libros ni publicaciones relativas a la verdad presente. Representan, sin embargo, un importante renglón en el cual se puede invertir dinero. Son muchos los pequeñuelos a quienes se debieran proveer buenas lecturas. Las series de lecturas y Poesías para el Sábado* son libros preciosos que pueden introducirse en todo hogar. Las muchas sumas pequeñas que suelen gastarse en caramelos y juguetes inútiles pueden guardarse para tener con que comprar tales libros. . . .

Los que quieran ofrecer regalos valiosos a sus hijos, nietos o sobrinos, pueden proporcionarles los libros mencionados arriba, que se destinan a los niños. Para los jóvenes, la Vida de José Bates es un tesoro; también lo son los tres tomos de El Espíritu de Profecía.* Estos tomos debieran estar en cada hogar del país. Dios está dando luz del cielo, y ni una sola familia debiera quedar privada de ella. Sean los regalos que ofrezcáis de tal índole que derramen rayos de luz sobre la senda que conduce al cielo.*

No debe olvidarse a Jesús.-


Hermanos y hermanas, mientras estáis pensando en los regalos que queréis ofreceros unos a otros, quisiera haceros acordar de nuestro Amigo celestial, no sea que olvidéis lo que él nos pide. ¿No le agradará nuestra demostración de que no le hemos olvidado? Jesús, el Príncipe de vida, lo dio todo para poner la salvación a nuestro alcance. 437

. . .Hasta sufrió la muerte, para poder darnos la vida eterna.

Mediante Cristo es como recibimos toda bendición. . . . ¿No compartirá nuestro Benefactor celestial las pruebas de nuestra gratitud y amor? Venid, hermanos y hermanas, con vuestros hijos, aun con los niños de brazos, y traed vuestras ofrendas a Dios de acuerdo con lo que podáis dar. Hónrenle vuestros corazones con melodías y alabadle con vuestros labios.*

Es tiempo para honrar a Dios.-

El mundo dedica las fiestas a la frivolidad, el despilfarro, la glotonería y la ostentación. . . . En ocasión de las próximas fiestas de Navidad y Año Nuevo se desperdiciarán miles de dólares en placeres inútiles; pero es privilegio nuestro apartarnos de las costumbres y prácticas de esta época de degeneración; y en vez de gastar recursos simplemente para satisfacer el apetito y comprar inútiles adornos o prendas de vestir, podemos hacer de las próximas fiestas una ocasión de honrar y glorificar a Dios.*

Cristo debe ser el objeto supremo; pero en la forma en que se ha estado observando la Navidad, la gloria se desvía de él hacia el hombre mortal, cuyo carácter pecaminoso y defectuoso hizo necesario que el Salvador viniese a nuestro mundo. Jesús, la Majestad del cielo, el Rey del cielo, depuso su realeza, dejó su Trono de gloria, su alta investidura, y vino a nuestro mundo para traer auxilio divino al hombre caído, debilitado en su fuerza moral y corrompido por el pecado. . . .

Los padres debieran recordar estas cosas a sus hijos e instruirlos, renglón tras renglón, precepto tras precepto, en su obligación para con Dios, no en la que creen tener uno hacia otro, de honrarse y glorificarse mutuamente con regalos.*
Encaucemos sus pensamientos.-

Son muchas las cosas que pueden idearse con buen gusto y a un costo mucho menor que el de los regalos innecesarios que con tanta frecuencia se ofrecen a los niños y a los parientes. Así se manifestará cortesía en el hogar y habrá felicidad en él. 438

Podéis enseñar una lección a vuestros hijos al explicarles vuestros motivos por hacer cambios con respecto al valor de sus regalos y decirles que os convencisteis de que solíais considerar su placer antes que la gloria de Dios. Decidles que pensabais más en vuestro propio placer y en la satisfacción de ellos que en el progreso de la causa de Dios, a la cual descuidabais para manteneros en armonía con las costumbres y las tradiciones del mundo, haciendo regalos a quienes no los necesitaban. Como los antiguos magos, podéis ofrecer a Dios vuestros mejores regalos y demostrarle por vuestras ofrendas que apreciáis el don que hizo a un mundo pecaminoso. Encauzad los pensamientos de vuestros hijos en una nueva dirección, que los haga altruistas al incitarlos a presentar ofrendas a Dios por el don de su Hijo unigénito.*

"¿Tendremos árbol de Navidad?"-

Agradaría mucho a Dios que cada iglesia tuviese un árbol de Navidad del cual colgasen ofrendas, grandes y pequeñas, para esas casas de culto.* Nos han llegado cartas en las cuales se preguntaba: ¿Tendremos un árbol de Navidad? ¿No seremos en tal caso como el mundo? Contestamos: Podéis obrar como lo hace el mundo, si estáis dispuestos a ello, o actuar en forma tan diferente como sea posible de la seguida por el mundo. El elegir un árbol fragante y colocarlo en nuestras iglesias no entraña pecado, sino que éste estriba en el motivo que hace obrar y en el uso que se dé a los regalos puestos en el árbol.

El árbol puede ser tan alto y sus ramas tan extensas como convenga a la ocasión, con tal que sus ramas estén cargadas con los frutos de oro y plata de vuestra beneficencia y los ofrezcáis a Dios como regalo de Navidad. Sean vuestros donativos santificados por la oración.*
Las fiestas de Navidad y Año Nuevo pueden y deben celebrarse 439 en favor de los desamparados. Dios es glorificado cuando damos para ayudar a los que han de sustentar familias numerosas.*

No es un pecado-

No adopten los padres la conclusión de que un árbol de Navidad puesto en la iglesia para distraer a los alumnos de la escuela sabática es un pecado, porque es posible hacer de él una gran bendición. Dirigid la atención de esos alumnos hacia fines benévolos. En ningún caso debe ser la simple distracción el objeto de esas reuniones. Aunque algunos truequen estas ocasiones en momentos de negligente liviandad y no reciban la impresión divina, para otras mentes y caracteres dichas ocasiones resultan altamente benéficas. Estoy bien convencida de que pueden idearse substitutos inocentes para muchas reuniones desmoralizadoras.*

Diversiones inocentes.-

¿No os levantaréis, mis hermanas y hermanos cristianos, y no habréis de ceñiros para cumplir vuestro deber en el temor de Dios, y no ordenaréis este asunto de modo que, en vez de carecer de interés, rebose de placer inocente y lleve la señal del cielo? Sé que la clase más pobre responderá a esta sugestión. Los más ricos también debieran manifestar interés y dar regalos y ofrendas proporcionales a los recursos que Dios les confió. ¡Ojalá que en los libros del cielo se hagan acerca de la Navidad anotaciones cual nunca se las vio, por causa de los donativos que se ofrezcan para sostener la obra de Dios y el fortalecimiento de su reino!.* 440

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Hay que tener mucho cuidado por tomar parte en interpretaciones contemporáneas sobre la Navidad, a Elena G. de White nunca se le reveló al respecto de tachar la Navidad a la manera que lo hace Gambetta. Elena G. de White si es profeta, no así Gambetta.


Dios les bendiga

jueves, 2 de diciembre de 2010

El Templo de Dios

EL PASAJE bíblico que más que ninguno había sido el fundamento y el pilar central de la fe adventista era
la declaración: "Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario."
(Daniel 8: 14, V.M.) Estas palabras habían sido familiares para todos los que creían en la próxima venida
del Señor. La profecía que encerraban era repetida como santo y seña de su fe por miles de bocas. Todos
sentían que sus esperanzas más gloriosas y más queridas dependían de los acontecimientos en ella
predichos. Había quedado demostrado que aquellos días proféticos terminaban en el otoño del año 1844.
En común con el resto del mundo cristiano, los adventistas creían entonces que la tierra, o alguna parte de
ella, era el santuario. Entendían que la purificación del santuario era la purificación de la tierra por medio
del fuego del último y supremo día, y que ello se verificaría en el segundo advenimiento. De ahí que
concluyeran que Cristo volvería a la tierra en 1844.
Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra
de Dios no podía fallar; su interpretación de la profecía debía estar pues errada; ¿pero dónde estaba el
error? Muchos cortaron sin más ni más el nudo de la dificultad negando que los 2.300 días terminasen en
1844. Este aserto no podía apoyarse con prueba alguna, a no ser con la de que Cristo no había venido en el
momento en que se le esperaba. Alegábase que si los días proféticos hubiesen terminado en 1844, Cristo
habría vuelto entonces para limpiar el santuario mediante la purificación de la tierra por fuego, y que como
no había venido, los días no podían haber terminado. 462
Aceptar estas conclusiones equivalía a renunciar a los cómputos anteriores de los períodos proféticos. Se
había comprobado que los 2.300 días principiaron cuando entró en vigor el decreto de Artajerjes
ordenando la restauración y edificación de Jerusalén, en el otoño del año 457 ant. de C. Tomando esto
como punto de partida, había perfecta armonía en la aplicación de todos los acontecimientos predichos en
la explicación de ese período hallada en Daniel 9:25 - 27. Sesenta y nueve semanas, o los 483 primeros
años de los 2.300 años debían alcanzar hasta el Mesías, el Ungido; y el bautismo de Cristo y su unción por
el Espíritu Santo, en el año 27 de nuestra era, cumplían exactamente la predicción. En medio de la
septuagésima semana, el Mesías había de ser muerto. Tres años y medio después de su bautismo, Cristo fue
crucificado, en la primavera del año 31. Las setenta semanas, o 490 años, les tocaban especialmente a los
judíos. Al fin del período, la nación selló su rechazamiento de Cristo con la persecución de sus discípulos,
y los apóstoles se volvieron hacia los gentiles en el año 34 de nuestra era. Habiendo terminado entonces los
490 primeros años de los 2.300, quedaban aún 1.810 años. Contando desde el año 34, 1.810 años llegan a
1844. "Entonces -había dicho el ángel- será purificado el Santuario." Era indudable que todas las anteriores
predicciones de la profecía se habían cumplido en el tiempo señalado.
En ese cálculo, todo era claro y armonioso, menos la circunstancia de que en 1844 no se veía
acontecimiento alguno que correspondiese a la purificación del santuario. Negar que los días terminaban en
esa fecha equivalía a confundir todo el asunto y a abandonar creencias fundadas en el cumplimiento
indudable de las profecías.
Pero Dios había dirigido a su pueblo en el gran movimiento adventista; su poder y su gloria habían
acompañado la obra, y él no permitiría que ésta terminase en la obscuridad y en un chasco, para que se la
cubriese de oprobio como si fuese una mera excitación mórbida y producto del fanatismo. No iba a dejar
463 su Palabra envuelta en dudas e incertidumbres. Aunque muchos abandonaron sus primeros cálculos de
los períodos proféticos, y negaron la exactitud del movimiento basado en ellos, otros no estaban dispuestos
a negar puntos de fe y de experiencia que estaban sostenidos por las Sagradas Escrituras y por el testimonio
del Espíritu de Dios. Creían haber adoptado en sus estudios de las profecías sanos principios de
interpretación, y que era su deber atenerse firmemente a las verdades ya adquiridas, y seguir en el mismo
camino de la investigación bíblica. Orando con fervor, volvieron a considerar su situación, y estudiaron las
Santas Escrituras para descubrir su error. Como no encontraran ninguno en sus cálculos de los períodos
proféticos, fueron inducidos a examinar más de cerca la cuestión del santuario.
En sus investigaciones vieron que en las Santas Escrituras no hay prueba alguna en apoyo de la creencia
general de que la tierra es el santuario; pero encontraron en la Biblia una explicación completa de la
cuestión del santuario, su naturaleza, su situación y sus servicios; pues el testimonio de los escritores
sagrados era tan claro y tan amplio que despejaba este asunto de toda duda. El apóstol Pablo dice en su
Epístola a los Hebreos: "En verdad el primer pacto también tenía reglamentos del culto, y su santuario que
lo era de este mundo. Porque un tabernáculo fue preparado, el primero, en que estaban el candelabro y la
mesa y los panes de la proposición; el cual se llama el Lugar Santo. Y después del segundo velo, el
tabernáculo que se llama el Lugar Santísimo: que contenía el incensario de oro y el arca del pacto, cubierta
toda en derredor de oro, en la cual estaba el vaso de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que
floreció, y las tablas del pacto; y sobre ella, los querubines de gloria, que hacían sombra al propiciatorio."
(Hebreos 9: 1-5, V.M.)
El santuario al cual se refiere aquí San Pablo era el tabernáculo construido por Moisés a la orden de Dios
como morada terrenal del Altísimo. "Me harán un santuario, para que yo 464 habite en medio de ellos"
(Éxodo 25: 8, V.M.), había sido la orden dada a Moisés mientras estaba en el monte con Dios. Los
israelitas estaban peregrinando por el desierto, y el tabernáculo se preparó de modo que pudiese ser llevado
de un lugar a otro; no obstante era una construcción de gran magnificencia. Sus paredes consistían en
tablones ricamente revestidos de oro y asegurados en basas de plata, mientras que el techo se componía de
una serie de cortinas o cubiertas, las de fuera de pieles, y las interiores de lino fino magníficamente
recamado con figuras de querubines. A más del atrio exterior, donde se encontraba el altar del holocausto,
el tabernáculo propiamente dicho consistía en dos departamentos llamados el lugar santo y el lugar
santísimo, separados por rica y magnífica cortina, o velo; otro velo semejante cerraba la entrada que
conducía al primer departamento.
En el lugar santo se encontraba hacia el sur el candelabro, con sus siete lámparas que alumbraban el
santuario día y noche; hacia el norte estaba la mesa de los panes de la proposición; y ante el velo que
separaba el lugar santo del santísimo estaba el altar de oro para el incienso, del cual ascendía diariamente a
Dios una nube de sahumerio junto con las oraciones de Israel.
En el lugar santísimo se encontraba el arca, cofre de madera preciosa cubierta de oro, depósito de las dos
tablas de piedra sobre las cuales Dios había grabado la ley de los diez mandamientos. Sobre el arca, a guisa
de cubierta del sagrado cofre, estaba el propiciatorio, verdadera maravilla artística, coronada por dos
querubines, uno en cada extremo y todo de oro macizo. En este departamento era donde se manifestaba la
presencia divina en la nube de gloria entre los querubines.
Después que los israelitas se hubieron establecido en Canaán el tabernáculo fue reemplazado por el templo
de Salomón, el cual, aunque edificio permanente y de mayores dimensiones, conservaba las mismas
proporciones y el mismo amueblado. El santuario subsistió así -menos durante el plazo 465 en que
permaneció en ruinas en tiempo de Daniel- hasta su destrucción por los romanos, en el año 70 de nuestra
era.
Tal fue el único santuario que haya existido en la tierra y del cual la Biblia nos dé alguna información. San
Pablo dijo de él que era el santuario del primer pacto. Pero ¿no tiene el nuevo pacto también el suyo?
Volviendo al libro de los Hebreos, los que buscaban la verdad encontraron que existía un segundo
santuario, o sea el del nuevo pacto, al cual se alude en las palabras ya citadas del apóstol Pablo: "En verdad
el primer pacto también tenía reglamentos del culto, y su santuario que lo era de este mundo." El uso de la
palabra "también" implica que San Pablo ha hecho antes mención de este santuario. Volviendo al principio
del capítulo anterior, se lee: "Lo principal, pues, entre las cosas que decimos es esto: Tenemos un tal sumo
sacerdote que se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos; ministro del santuario, y del
verdadero tabernáculo, que plantó el Señor, y no el hombre." (Hebreos 8: 1, 2, V.M.)
Aquí tenemos revelado el santuario del nuevo pacto. El santuario del primer pacto fue asentado por el
hombre, construido por Moisés; éste segundo es asentado por el Señor, no por el hombre. En aquel
santuario los sacerdotes terrenales desempeñaban el servicio; en éste es Cristo, nuestro gran Sumo
Sacerdote, quien ministra a la diestra de Dios. Uno de los santuarios estaba en la tierra, el otro está en el
cielo.
Además, el tabernáculo construido por Moisés fue hecho según un modelo. El Señor le ordenó: "Conforme
a todo lo que yo te mostrare, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus vasos, así lo haréis." Y le
mandó además: "Mira, y hazlos conforme a su modelo, que te ha sido mostrado en el monte." (Éxodo 25:
9, 40.) Y San Pablo dice que el primer tabernáculo "era una parábola para aquel tiempo entonces presente;
conforme a la cual se ofrecían dones y sacrificios;" que sus santos lugares eran "representaciones de las
cosas celestiales;" que los sacerdotes que presentaban las ofrendas 466 según la ley, ministraban lo que era
"la mera representación y sombra de las cosas celestiales," y que "no entró Cristo en un lugar santo hecho
de mano, que es una mera representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora
delante de Dios por nosotros." (Hebreos 9: 9, 23; 8: 5; 9: 24, V.M.)
El santuario celestial, en el cual Jesús ministra, es el gran modelo, del cual el santuario edificado por
Moisés no era más que trasunto. Dios puso su Espíritu sobre los que construyeron el santuario terrenal. La
pericia artística desplegada en su construcción fue una manifestación de la sabiduría divina. Las paredes
tenían aspecto de oro macizo, y reflejaban en todas direcciones la luz de las siete lámparas del candelero de
oro. La mesa de los panes de la proposición y el altar del incienso relucían como oro bruñido. La magnífica
cubierta que formaba el techo, recamada con figuras de ángeles, en azul, púrpura y escarlata, realzaba la
belleza de la escena. Y más allá del segundo velo estaba la santa shekina, la manifestación visible de la
gloria de Dios, ante la cual sólo el sumo sacerdote podía entrar y sobrevivir.
El esplendor incomparable del tabernáculo terrenal reflejaba a la vista humana la gloria de aquel templo
celestial donde Cristo nuestro precursor ministra por nosotros ante el trono de Dios. La morada del Rey de
reyes, donde miles y miles ministran delante de él, y millones de millones están en su presencia (Daniel
7:10); ese templo, lleno de la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus flamantes guardianes, cubren
sus rostros en adoración, no podía encontrar en la más grandiosa construcción que jamás edificaran manos
humanas, más que un pálido reflejo de su inmensidad y de su gloria. Con todo, el santuario terrenal y sus
servicios revelaban importantes verdades relativas al santuario celestial y a la gran obra que se llevaba allí
a cabo para la redención del hombre.
Los lugares santos del santuario celestial están representados por los dos departamentos del santuario
terrenal. Cuando 467 en una visión le fue dado al apóstol Juan que viese el templo de Dios en el cielo,
contempló allí "siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono." (Apocalipsis 4: 5, V.M.) Vio un ángel
que tenía "en su mano un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso, para que lo añadiese a las
oraciones de todos los santos, encima del altar de oro que estaba delante del trono." (Apocalipsis 8: 3,
V.M.) Se le permitió al profeta contemplar el primer departamento del santuario en el cielo; y vio allí las
"siete lámparas de fuego" y el "altar de oro" representados por el candelabro de oro y el altar de incienso en
el santuario terrenal. De nuevo, "fue abierto el templo de Dios" (Apocalipsis 11: 19, V.M.), y miró hacia
adentro del velo interior, el lugar santísimo. Allí vio "el arca de su pacto," representada por el cofre sagrado
construido por Moisés para guardar la ley de Dios.
Así fue como los que estaban estudiando ese asunto encontraron pruebas irrefutables de la existencia de un
santuario en el cielo. Moisés hizo el santuario terrenal según un modelo que le fue enseñado. San Pablo
declara que ese modelo era el verdadero santuario que está en el cielo. Y San Juan afirma que lo vio en el
cielo.
En el templo celestial, la morada de Dios, su trono está asentado en juicio y en justicia. En el lugar
santísimo está su ley, la gran regla de justicia por la cual es probada toda la humanidad. El arca, que
contiene las tablas de la ley, está cubierta con el propiciatorio, ante el cual Cristo ofrece su sangre a favor
del pecador. Así se representa la unión de la justicia y de la misericordia en el plan de la redención
humana. Sólo la sabiduría infinita podía idear semejante unión, y sólo el poder infinito podía realizarla; es
una unión que llena todo el cielo de admiración y adoración. Los querubines del santuario terrenal que
miraban reverentemente hacia el propiciatorio, representaban el interés con el cual las huestes celestiales
contemplan la obra de redención. Es el misterio de misericordia que los ángeles desean contemplar, a
saber: que Dios puede 468 ser justo al mismo tiempo que justifica al pecador arrepentido y reanuda sus
relaciones con la raza caída; que Cristo pudo humillarse para sacar a innumerables multitudes del abismo
de la perdición y revestirlas con las vestiduras inmaculadas de su propia justicia, a fin de unirlas con
ángeles que no cayeron jamás y permitirles vivir para siempre en la presencia de Dios.
La obra mediadora de Cristo en favor del hombre se presenta en esta hermosa profecía de Zacarías relativa
a Aquel "cuyo nombre es El Vástago." El profeta dice: "Sí, edificará el Templo de Jehová, y llevará sobre
sí la gloria; y se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono; y el consejo de la paz
estará entre los dos." (Zacarías 6: 12, 13, V.M.)
"Sí, edificará el Templo de Jehová." Por su sacrificio y su mediación, Cristo es el fundamento y el
edificador de la iglesia de Dios. El apóstol Pablo le señala como "la piedra principal del ángulo: en la cual
todo el edificio, bien trabado consigo mismo, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien -
dice- vosotros también sois edificados juntamente, para ser morada de Dios, en virtud del Espíritu."
(Efesios 2: 20-22, V.M.)
"Y llevará sobre sí la gloria." Es a Cristo a quien pertenece la gloria de la redención de la raza caída. Por
toda la eternidad, el canto de los redimidos será: "A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros
pecados en su misma sangre, . . . a él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos." (Apocalipsis 1:
5, 6, V.M.)
"Y se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono." No todavía "sobre el trono de su
gloria;" el reino de gloria no le ha sido dado aún. Solo cuando su obra mediadora haya terminado, "le dará
el Señor Dios el trono de David su padre," un reino del que "no habrá fin." (S. Lucas 1: 32, 33.) Como
sacerdote, Cristo está sentado ahora con el Padre en su trono. (Apocalipsis 3: 21.) En el trono, en compañía
469 del Dios eterno que existe por sí mismo, está Aquel que "ha llevado nuestros padecimientos, y con
nuestros dolores . . . se cargó," quien fue "tentado en todo punto, así como nosotros, mas sin pecado," para
que pudiese "también socorrer a los que son tentados." "Si alguno pecare, abogado tenemos para con el
Padre, a saber, a Jesucristo el justo. " (Isaías 53: 4; Hebreos 4: 15; 2: 18; 1 Juan 2: 1, V.M.) Su intercesión
es la de un cuerpo traspasado y quebrantado y de una vida inmaculada. Las manos heridas, el costado
abierto, los pies desgarrados, abogan en favor del hombre caído, cuya redención fue comprada a tan
infinito precio.
"Y el consejo de la paz estará entre los dos." El amor del Padre, no menos que el del Hijo, es la fuente de
salvación para la raza perdida. Jesús había dicho a sus discípulos antes de irse: "No os digo, que yo rogaré
al Padre por vosotros; pues el mismo Padre os ama." (S. Juan 16: 26, 27.) "Dios estaba en Cristo,
reconciliando consigo mismo al mundo." (2 Corintios 5: 19, V.M.) Y en el ministerio del santuario
celestial, "el consejo de la paz estará entre los dos." "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna." (S. Juan 3: 16, V.M.)
Las Escrituras contestan con claridad a la pregunta: ¿Qué es el santuario? La palabra "santuario," tal cual la
usa la Biblia, se refiere, en primer lugar, al tabernáculo que construyó Moisés, como figura o imagen de las
cosas celestiales; y, en segundo lugar, al "verdadero tabernáculo" en el cielo, hacia el cual señalaba el
santuario terrenal. Muerto Cristo, terminó el ritual típico. El "verdadero tabernáculo" en el cielo es el
santuario del nuevo pacto. Y como la profecía de Daniel 8:14 se cumple en esta dispensación, el santuario
al cual se refiere debe ser el santuario del nuevo pacto. Cuando terminaron los 2.300 días, en 1844, hacía
muchos siglos que no había santuario en la tierra. De manera que la profecía: "Hasta dos mil y trescientas
tardes y mañanas; entonces será purificado el 470 Santuario," se refiere indudablemente al santuario que
está en el cielo.
Pero queda aún la pregunta más importante por contestar: ¿Qué es la purificación del santuario? En el
Antiguo Testamento se hace mención de un servicio tal con referencia al santuario terrenal. ¿Pero puede
haber algo que purificar en el cielo? En el noveno capítulo de la Epístola a los Hebreos, se menciona
claramente la purificación de ambos santuarios, el terrenal y el celestial. "Según la ley, casi todas las cosas
son purificadas con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión. Fue pues necesario que las
representaciones de las cosas celestiales fuesen purificadas con estos sacrificios, pero las mismas cosas
celestiales, con mejores sacrificios que éstos" (Hebreos 9: 22, 23, V.M.), a saber, la preciosa sangre de
Cristo.
En ambos servicios, el típico y el real, la purificación debe efectuarse con sangre; en aquél con sangre de
animales; en éste, con la sangre de Cristo. San Pablo dice que la razón por la cual esta purificación debe
hacerse con sangre, es porque sin derramamiento de sangre no hay remisión. La remisión, o sea el acto de
quitar los pecados, es la obra que debe realizarse. ¿Pero como podía relacionarse el pecado con el santuario
del cielo o con el de la tierra? Puede saberse esto estudiando el servicio simbólico, pues los sacerdotes que
oficiaban en la tierra, ministraban "lo que es la mera representación y sombra de las cosas celestiales."
(Hebreos 8: 5, V.M.)
El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar
santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el
lugar santísimo, para purificar el santuario. Día tras día el pecador arrepentido llevaba su ofrenda a la
puerta del tabernáculo, y poniendo la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados,
transfiriéndolos así figurativamente de sí mismo a la víctima inocente. Luego se mataba el animal. "Sin
derramamiento de sangre," dice el apóstol, no hay remisión de pecados. "La vida de la carne en 471 la
sangre está." (Levítico 17: 11.) La ley de Dios quebrantada exigía la vida del transgresor. La sangre, que
representaba la vida comprometida del pecador, cuya culpa cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al
lugar santo y la salpicaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador
había transgredido. Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido figurativamente, por intermedio de
la sangre, al santuario. En ciertos casos, la sangre no era llevada al lugar santo; pero el sacerdote debía
entonces comer la carne, como Moisés lo había mandado a los hijos de Aarón, diciendo: "Dióla él a
vosotros para llevar la iniquidad de la congregación." (Levítico 10: 17.) Ambas ceremonias simbolizaban
por igual la transferencia del pecado del penitente al santuario.
Tal era la obra que se llevaba a cabo día tras día durante todo el año. Los pecados de Israel eran
transferidos así al santuario, y se hacía necesario un servicio especial para eliminarlos. Dios mandó que se
hiciera una expiación por cada uno de los departamentos sagrados. "Así hará expiación por el Santuario, a
causa de las inmundicias de los hijos de Israel y de sus transgresiones, con motivo de todos sus pecados. Y
del mismo modo hará con el Tabernáculo de Reunión, que reside con ellos, en medio de sus inmundicias."
Debía hacerse también una expiación por el altar: "Lo purificará y lo santificará, a causa de las inmundicias
de los hijos de Israel." (Levítico 16: 16, 19, V.M.)
Una vez al año, en el gran día de las expiaciones, el sacerdote entraba en el lugar santísimo para purificar el
santuario. El servicio que se realizaba allí completaba la serie anual de los servicios. En el día de las
expiaciones se llevaban dos machos cabríos a la entrada del tabernáculo y se echaban suertes sobre ellos,
"la una suerte para Jehová y la otra para Azazel." (Vers. 8.) El macho cabrío sobre el cual caía la suerte
para Jehová debía ser inmolado como ofrenda por el pecado del pueblo. Y el sacerdote debía llevar velo
adentro la sangre de aquél y rociarla sobre el propiciatorio y delante de él. También había 472 que rociar
con ella el altar del incienso, que se encontraba delante del velo.
"Y pondrá Aarón entrambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las
iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus transgresiones, a causa de todos sus pecados, cargándolos así
sobre la cabeza del macho cabrío, y le enviará al desierto por mano de un hombre idóneo. Y el macho
cabrío llevará sobre sí las iniquidades de ellos a tierra inhabitada." (Levítico 16: 21, 22, V.M.) El macho
cabrío emisario no volvía al real de Israel, y el hombre que lo había llevado afuera debía lavarse y lavar sus
vestidos con agua antes de volver al campamento.
Toda la ceremonia estaba destinada a inculcar a los israelitas una idea de la santidad de Dios y de su odio al
pecado; y además hacerles ver que no podían ponerse en contacto con el pecado sin contaminarse. Se
requería de todos que afligiesen sus almas mientras se celebraba el servicio de expiación. Toda ocupación
debía dejarse a un lado, y toda la congregación de Israel debía pasar el día en solemne humillación ante
Dios, con oración, ayuno y examen profundo del corazón.
El servicio típico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un substituto en lugar
del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Sólo proveía un medio para transferirlo al
santuario. Con la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y
expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor por venir; pero no estaba aún
enteramente libre de la condenación de la ley. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber
tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y
rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en
calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos
sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos 473 así
figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si
estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo.
Tal era el servicio que se efectuaba como "mera representación y sombra de las cosas celestiales." Y lo que
se hacía típicamente en el santuario terrenal, se hace en realidad en el santuario celestial. Después de su
ascensión, nuestro Salvador empezó a actuar como nuestro Sumo Sacerdote. San Pablo dice: "No entró
Cristo en un lugar santo hecho de mano, que es una mera representación del verdadero, sino en el cielo
mismo, para presentarse ahora delante de Dios por nosotros." (Hebreos 9: 24, V.M.)
El servicio del sacerdote durante el año en el primer departamento del santuario, "adentro del velo" que
formaba la entrada y separaba el lugar santo del atrio exterior, representa la obra y el servicio a que dio
principio Cristo al ascender al cielo. La obra del sacerdote en el servicio diario consistía en presentar ante
Dios la sangre del holocausto, como también el incienso que subía con las oraciones de Israel. Así es como
Cristo ofrece su sangre ante el Padre en beneficio de los pecadores, y así es como presenta ante él, además,
junto con el precioso perfume de su propia justicia, las oraciones de los creyentes arrepentidos. Tal era la
obra desempeñada en el primer departamento del santuario en el cielo.
Hasta allí siguieron los discípulos a Cristo por la fe cuando se elevó de la presencia de ellos. Allí se
concentraba su esperanza, "la cual -dice San Pablo- tenemos como ancla del alma, segura y firme, y que
penetra hasta a lo que está dentro del velo; adonde, como precursor nuestro, Jesús ha entrado por nosotros,
constituido sumo sacerdote para siempre." "Ni tampoco por medio de la sangre de machos de cabrío y de
terneros, sino por la virtud de su propia sangre, entró una vez para siempre en el lugar santo, habiendo ya
hallado eterna redención." (Hebreos 6: 19, 20; 9: 12, V.M.)
Este ministerio siguió efectuándose durante dieciocho 474 siglos en el primer departamento del santuario.
La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación
cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el
servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la
redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del
santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había
anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última
parte de su solemne obra: la purificación del santuario.
Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la
sangre de ésta se transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los
pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario
celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales
había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando
los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros
para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a
los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto una obra
de investigación- una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su
pueblo, pues cuando venga, su galardón está con él, para que pueda otorgar la recompensa a cada uno
según haya sido su obra. (Apocalipsis 22:12.)
Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de
los 2.300 días, en 1844, Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario 475 celestial para cumplir
la obra final de la expiación preparatoria para su venida.
Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote
representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre
quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo
sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la
cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario
celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la
consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto,
para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la
presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores.

El Conflicto de los Siglos
Elena de white

lunes, 15 de noviembre de 2010

José interpreta el sueño de Faraón

Génesis 41

1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río;
2 y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, y pacían en el prado.
3 Y que tras ellas subían del río otras siete vacas de feo aspecto y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas hermosas a la orilla del río;
4 y que las vacas de feo aspecto y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó Faraón.
5 Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas crecían de una sola caña,
6 y que después de ellas salían otras siete espigas menudas y abatidas del viento solano;
7 y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era sueño.
8 Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y les contó Faraón sus sueños, mas no había quien los pudiese interpretar a Faraón.
9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas.
10 Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de los panaderos.
11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada sueño tenía su propio significado.
12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño.
13 Y aconteció que como él nos los interpretó, así fue: yo fui restablecido en mi puesto, y el otro fue colgado.
14 Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón.
15 Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos.
16 Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.
17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río;
18 y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado.
19 Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto.
20 Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas;
21 y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y yo desperté.
22 Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas.
23 Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después de ellas;
24 y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay quien me lo interprete.
25 Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.
26 Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo.
27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre.
28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.
29 He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.
30 Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.
31 Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima.
32 Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.
33 Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.
34 Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.
35 Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.
36 Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

Bendiciones

sábado, 13 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

LA CLARA HISTORIA

Guarda, ¿qué de la noche? El guarda respondió: La mañana viene, y después la
noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid. (Isa. 21: 11 úp. 12).
La comprensión de la esperanza en la segunda venida de Cristo es la clave que
abre toda la historia futura, y explica todas las lecciones del porvenir.
Ahora debe oírse a lo largo de toda la línea la voz del centinela: "La mañana viene,
y después la noche". La trompeta debe producir una nota certera porque estamos
en el gran día de la preparación del Señor.
Las verdades de la profecía están unidas, y al estudiarlas, forman un hermoso
conjunto de verdades prácticas. Todos los discursos que damos han de revelar
claramente que estamos esperando, trabajando y orando por la venida del Hijo de
Dios. Su venida es nuestra esperanza. Esta esperanza ha de estar vinculada con
todas nuestras palabras y obras, con todas nuestras asociaciones y relaciones. . .
La segunda venida del Hijo del hombre ha de ser el tema maravilloso que se
mantenga ante la gente. He aquí un tema que no debe descartarse de nuestros
discursos. Las realidades eternas deben mantenerse ante la mente, y las
atracciones del mundo aparecerán como son, completamente inútiles, como
vanidades. ¿Qué hemos de hacer con las vanidades del mundo, sus alabanzas,
sus riquezas, sus honores, o sus placeres?
Somos peregrinos y extranjeros que esperamos la bienaventurada esperanza, la
manifestación gloriosa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y oramos por ella.
Si creemos esto y lo manifestamos en nuestra vida práctica, ¡qué acción vigorosa
inspirarán esta fe y esta esperanza; qué ferviente amor mutuo; qué vida cuidadosa
y santa para la gloria de Dios; y en el respeto que manifestemos por la
remuneración, qué nítidas líneas de demarcación nos distinguirán con evidencia
del mundo!
La verdad de que Cristo viene debe ser mantenida ante toda mente.
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Feliz Sabado!