1 Reyes 2
1 Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo:
2 Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.
3 Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;
4 para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
5 Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies.
6 Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz.
7 Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano.
8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada.
9 Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al Seol.
Muerte de David
(1 Cr. 29. 26-30) 10 Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad.
11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.
12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
Salomón afirma su reino 13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz.
14 En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
15 El dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo.
16 Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla.
17 El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer.
18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra.
20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
21 Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.
22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras.
24 Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.
25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.
26 Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre.
27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
28 Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.
29 Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él.
30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió.
31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
32 Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá.
33 La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová.
34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto.
35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
36 Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra;
37 porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
38 Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.
39 Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
40 Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat.
41 Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto.
42 Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
44 Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza.
45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová.
46 Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió.
Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.
Bendiciones
sábado, 31 de octubre de 2009
viernes, 30 de octubre de 2009
Abisag sirve a David
1 Reyes 1
1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba.
2 Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey.
3 Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
Adonías usurpa el trono
5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
6 Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón.
7 Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.
9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;
10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.
11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón,diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón.
13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?
14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.
18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes.
19 Ha matado bueyes, y animales gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado.
20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
21 De otra manera sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta Natán.
23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra.
24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: !!Viva el rey Adonías!
26 Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado.
27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
David proclama rey a Salomón
28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey.
29 Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón;
34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: !!Viva el rey Salomón!
35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: !!Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino,
47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.
50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar.
51 Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.
52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá.
53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
Bendiciones!
1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba.
2 Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey.
3 Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
Adonías usurpa el trono
5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
6 Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón.
7 Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.
9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;
10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.
11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón,diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón.
13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?
14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.
18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes.
19 Ha matado bueyes, y animales gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado.
20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
21 De otra manera sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta Natán.
23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra.
24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: !!Viva el rey Adonías!
26 Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado.
27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
David proclama rey a Salomón
28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey.
29 Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón;
34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: !!Viva el rey Salomón!
35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: !!Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino,
47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.
50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar.
51 Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.
52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá.
53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
Bendiciones!
jueves, 29 de octubre de 2009
EL ESPÍRITU: UN TESTIGO
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
(Romanos 8: 16).
Si el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios,
¿cuáles serán los resultados? El creyente someterá todo su ser a la voluntad divina.
Entonces, en su maravillosa condescendencia, la Majestad de los cielos establece una
santa relación familiar con los que lo buscan de todo corazón. Como consecuencia,
mediante una abundante manifestación de la gracia de Dios, el hijo del Altísimo -el
creyente-, es llevado a mantener con su Padre una dependencia semejante a la de los
niños con los suyos. Consagre a Dios todo su ser cuerpo y espíritu con entera
confianza en su poder y en su voluntad de bendecirlo, no importa cuán desvalido e
indigno sea usted. "Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12).
No caiga en la actividad impaciente, sino sea celoso en la fe, con un sólo propósito
definido: atraer creyentes a Cristo, el Redentor crucificado. Esta obra no se realiza
como resultado de un sermón lógico que logra convencer al intelecto. El corazón
necesita ser persuadido y ablandado por la ternura. La voluntad tiene que ser sometida
al arbitrio de Dios, y todas las aspiraciones deben tener una orientación celestial.
Aliméntese de la Palabra del Dios viviente. El efecto debe verse en la vida práctica. Ella
debe apoderarse de los comandos de todo el ser. . .
Cuando confiemos plenamente en Cristo, nos daremos a nosotros mismos en ofrenda
a Dios. Nuestra dependencia estará centrada en la virtud y en la intercesión de Cristo
como nuestra única esperanza. No hay confusión, ni sospecha, puesto que por la fe
vemos a Jesús, el enviado de Dios, cuya misión es lograr la reconciliación con los
pecadores. Si deseamos creer solamente en Cristo, él está comprometido con un pacto
solemne de mediar en favor de los que, por su intermedio, se acercan al Padre, con el
propósito de garantizar su salvación. Este privilegio está garantizado si nos acercamos
confiadamente el trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro.- Manuscript Releases, t. 14, pp. 276, 277. 15
RECIBIREIS PODER
PRESONA, PRESENCIA Y OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
ELENA G. DE WHITE
Bendiciones!
(Romanos 8: 16).
Si el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios,
¿cuáles serán los resultados? El creyente someterá todo su ser a la voluntad divina.
Entonces, en su maravillosa condescendencia, la Majestad de los cielos establece una
santa relación familiar con los que lo buscan de todo corazón. Como consecuencia,
mediante una abundante manifestación de la gracia de Dios, el hijo del Altísimo -el
creyente-, es llevado a mantener con su Padre una dependencia semejante a la de los
niños con los suyos. Consagre a Dios todo su ser cuerpo y espíritu con entera
confianza en su poder y en su voluntad de bendecirlo, no importa cuán desvalido e
indigno sea usted. "Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12).
No caiga en la actividad impaciente, sino sea celoso en la fe, con un sólo propósito
definido: atraer creyentes a Cristo, el Redentor crucificado. Esta obra no se realiza
como resultado de un sermón lógico que logra convencer al intelecto. El corazón
necesita ser persuadido y ablandado por la ternura. La voluntad tiene que ser sometida
al arbitrio de Dios, y todas las aspiraciones deben tener una orientación celestial.
Aliméntese de la Palabra del Dios viviente. El efecto debe verse en la vida práctica. Ella
debe apoderarse de los comandos de todo el ser. . .
Cuando confiemos plenamente en Cristo, nos daremos a nosotros mismos en ofrenda
a Dios. Nuestra dependencia estará centrada en la virtud y en la intercesión de Cristo
como nuestra única esperanza. No hay confusión, ni sospecha, puesto que por la fe
vemos a Jesús, el enviado de Dios, cuya misión es lograr la reconciliación con los
pecadores. Si deseamos creer solamente en Cristo, él está comprometido con un pacto
solemne de mediar en favor de los que, por su intermedio, se acercan al Padre, con el
propósito de garantizar su salvación. Este privilegio está garantizado si nos acercamos
confiadamente el trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro.- Manuscript Releases, t. 14, pp. 276, 277. 15
RECIBIREIS PODER
PRESONA, PRESENCIA Y OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
ELENA G. DE WHITE
Bendiciones!
miércoles, 28 de octubre de 2009
LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU: UN MISTERIO
El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce;
pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Juan 14:
17).
No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu
Santo. Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, "el Espíritu de verdad el cual
procede del Padre". Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra
de guiar a los hombres a toda verdad "no hablará por su propia cuenta" (Juan 15: 26;
16: 13).
La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla,
porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres que albergan opiniones fantásticas
pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la
aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios,
demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.
Se especifica claramente el oficio del Espíritu Santo en las palabras de Cristo: "Cuando
él venga, convencerá de pecado, y de justicia, y de juicio" (Juan 16: 8). Es el Espíritu
Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora
del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer
los requerimientos divinos.
Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. " Tomará de lo mío, y os lo hará
saber", dijo Cristo. "Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he
dicho" (Juan 16: 14; 14: 26).
El Espíritu Santo se otorga como agente regenerador para proporcionarle eficacia a la
salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo constantemente
está tratando de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz
del calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y de abrir al alma arrepentida las
cosas preciosas de las Escrituras.- Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43. 14
RECIBIREIS PODER
PRESONA, PRESENCIA Y OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
ELENA G. DE WHITE
Bendiciones!
pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Juan 14:
17).
No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu
Santo. Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, "el Espíritu de verdad el cual
procede del Padre". Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra
de guiar a los hombres a toda verdad "no hablará por su propia cuenta" (Juan 15: 26;
16: 13).
La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla,
porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres que albergan opiniones fantásticas
pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la
aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios,
demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.
Se especifica claramente el oficio del Espíritu Santo en las palabras de Cristo: "Cuando
él venga, convencerá de pecado, y de justicia, y de juicio" (Juan 16: 8). Es el Espíritu
Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora
del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer
los requerimientos divinos.
Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. " Tomará de lo mío, y os lo hará
saber", dijo Cristo. "Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he
dicho" (Juan 16: 14; 14: 26).
El Espíritu Santo se otorga como agente regenerador para proporcionarle eficacia a la
salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo constantemente
está tratando de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz
del calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y de abrir al alma arrepentida las
cosas preciosas de las Escrituras.- Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43. 14
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martes, 27 de octubre de 2009
EL CONSOLADOR
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no
hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las
cosas que habrán de venir. (Juan 16: 13).
¿Cómo podremos permanecer fieles si en el día de la prueba no entendemos las
palabras de Cristo? Él dijo: "Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará
todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14: 25, 26). Es el
Espíritu Santo quien nos recuerda las palabras de Cristo. En su último discurso, el tema
que escogió para presentar ante sus discípulos fue el ministerio del Espíritu Santo.
Abrió frente a ellos una gama muy amplia de verdades. Debían recibir sus palabras por
fe, y el Consolador les haría recordar todas las cosas.
El consuelo que Cristo les impartió mediante esta promesa tiene su fundamento en que
la divina influencia estaría con sus seguidores hasta el fin. Pero su ofrecimiento no es
aceptado ni creído por la gente en nuestros días, y la iglesia tampoco lo aprecia ni
espera su cumplimiento. La promesa del don del Espíritu de Dios se considera como un
asunto de poca importancia para ella. No ha dejado sus huellas en los feligreses y, en
consecuencia, los resultados no pueden ser diferentes: sequía espiritual, oscuridad
espiritual, decadencia y, por ende, muerte espiritual. Asuntos triviales ocupan la mente
de los creyentes. Sin embargo, la posesión de este poder divino -necesario para el
crecimiento y la prosperidad de la iglesia-, traería todas las otras bendiciones de las
cuales carece, y que se nos promete en su infinita plenitud. Mientras la iglesia se
conforme con asuntos de poca importancia, continuará descalificándose para recibir los
dones mayores que Dios ofrece. ¿Por qué será que no tenemos hambre y sed de
recibir este regalo del Espíritu Santo, siendo éste una virtud que puede mantener puro
el corazón? En los designios del Señor, el poder divino debe cooperar con el esfuerzo
humano.
Es fundamental que el creyente comprenda el significado de la promesa del Espíritu
Santo antes que Jesús venga por segunda vez. Hablen acerca de esto, oren por él,
prediquen acerca de él; porque el Señor está más deseoso de conceder el Espíritu
Santo que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. "Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16).- Review and Herald, 15 de noviembre
de 1892. 13
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ELENA G. DE WHITE.
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hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las
cosas que habrán de venir. (Juan 16: 13).
¿Cómo podremos permanecer fieles si en el día de la prueba no entendemos las
palabras de Cristo? Él dijo: "Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará
todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14: 25, 26). Es el
Espíritu Santo quien nos recuerda las palabras de Cristo. En su último discurso, el tema
que escogió para presentar ante sus discípulos fue el ministerio del Espíritu Santo.
Abrió frente a ellos una gama muy amplia de verdades. Debían recibir sus palabras por
fe, y el Consolador les haría recordar todas las cosas.
El consuelo que Cristo les impartió mediante esta promesa tiene su fundamento en que
la divina influencia estaría con sus seguidores hasta el fin. Pero su ofrecimiento no es
aceptado ni creído por la gente en nuestros días, y la iglesia tampoco lo aprecia ni
espera su cumplimiento. La promesa del don del Espíritu de Dios se considera como un
asunto de poca importancia para ella. No ha dejado sus huellas en los feligreses y, en
consecuencia, los resultados no pueden ser diferentes: sequía espiritual, oscuridad
espiritual, decadencia y, por ende, muerte espiritual. Asuntos triviales ocupan la mente
de los creyentes. Sin embargo, la posesión de este poder divino -necesario para el
crecimiento y la prosperidad de la iglesia-, traería todas las otras bendiciones de las
cuales carece, y que se nos promete en su infinita plenitud. Mientras la iglesia se
conforme con asuntos de poca importancia, continuará descalificándose para recibir los
dones mayores que Dios ofrece. ¿Por qué será que no tenemos hambre y sed de
recibir este regalo del Espíritu Santo, siendo éste una virtud que puede mantener puro
el corazón? En los designios del Señor, el poder divino debe cooperar con el esfuerzo
humano.
Es fundamental que el creyente comprenda el significado de la promesa del Espíritu
Santo antes que Jesús venga por segunda vez. Hablen acerca de esto, oren por él,
prediquen acerca de él; porque el Señor está más deseoso de conceder el Espíritu
Santo que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos. "Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16).- Review and Herald, 15 de noviembre
de 1892. 13
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lunes, 26 de octubre de 2009
LA PROMESA DEL ESPÍRITU
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para
siempre. (Juan 14: 16.)
Cuando Cristo dio a sus discípulos la promesa del Espíritu, se estaba acercando al fin
de su ministerio terrenal. A la sombra de la cruz estaba con una comprensión plena de
la carga de culpa que estaba por recaer sobre él como portador del pecado. Antes de
ofrecerse a sí mismo como víctima destinada al sacrificio, instruyó a sus discípulos en
cuanto a la dádiva más esencial y completa que iba a conceder a sus seguidores; el
don de los recursos inagotables de su gracia.
"Y yo rogaré al Padre" -dijo él-, "y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros
para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir porque no le ve,
ni le conoce, pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en
vosotros" (Juan 14: 16, 17). El Salvador estaba señalando de antemano el tiempo
cuando el Espíritu Santo, como su representante, vendría para realizar una obra
poderosa. El mal que se había estado acumulando durante siglos, habría de ser
resistido por el divino poder del Espíritu Santo...
La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la
influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de
Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han
entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo
como su Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador,
guía y testigo. Cuanto más cerca de Dios han andado los creyentes, más clara y
poderosamente han testificado del amor de su Redentor y de su gracia salvadora. Los
hombres y mujeres que a través de largos siglos de persecución y prueba gozaron en
sus vidas de una medida de la presencia del Espíritu, se destacaron como señales y
prodigios en el mundo. Revelaron ante los ángeles y los hombres el poder
transformador del amor redentor.- Los hechos de los apóstoles, pp. 39, 40. 12
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ELENA G. DE WHITE
Bendiciones.
siempre. (Juan 14: 16.)
Cuando Cristo dio a sus discípulos la promesa del Espíritu, se estaba acercando al fin
de su ministerio terrenal. A la sombra de la cruz estaba con una comprensión plena de
la carga de culpa que estaba por recaer sobre él como portador del pecado. Antes de
ofrecerse a sí mismo como víctima destinada al sacrificio, instruyó a sus discípulos en
cuanto a la dádiva más esencial y completa que iba a conceder a sus seguidores; el
don de los recursos inagotables de su gracia.
"Y yo rogaré al Padre" -dijo él-, "y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros
para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir porque no le ve,
ni le conoce, pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en
vosotros" (Juan 14: 16, 17). El Salvador estaba señalando de antemano el tiempo
cuando el Espíritu Santo, como su representante, vendría para realizar una obra
poderosa. El mal que se había estado acumulando durante siglos, habría de ser
resistido por el divino poder del Espíritu Santo...
La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la
influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de
Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han
entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo
como su Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador,
guía y testigo. Cuanto más cerca de Dios han andado los creyentes, más clara y
poderosamente han testificado del amor de su Redentor y de su gracia salvadora. Los
hombres y mujeres que a través de largos siglos de persecución y prueba gozaron en
sus vidas de una medida de la presencia del Espíritu, se destacaron como señales y
prodigios en el mundo. Revelaron ante los ángeles y los hombres el poder
transformador del amor redentor.- Los hechos de los apóstoles, pp. 39, 40. 12
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PRESONA, PRESENCIA Y OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
ELENA G. DE WHITE
Bendiciones.
Nacimiento de Jesucristo
Mateo 1
18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, m que traducido es: Dios con nosotros.
24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
Bendiciones!
18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, m que traducido es: Dios con nosotros.
24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
Bendiciones!
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